Y ahora, ¿quién hace el relevo ?

En 1982, a raíz de la discusión en la Asamblea Legislativa de una reforma el artículo 132 de la Constitución Política, para restablecer la

En 1982, a raíz de la discusión en la Asamblea Legislativa de una reforma el artículo 132 de la Constitución Política, para restablecer la reelección presidencial, hice una exposición como diputado, que luego publiqué bajo el título  «La Hora del Relevo».  Decía, al final aquella  exposición que: «Es la conciencia de que el mundo se ha transformado, que ha cambiado; que una nueva generación que ha sido formada en la universidad, en la fábrica o en el campo, en el exterior y en la fragua de la lucha política en nuestros partidos, en uno o en otro, indistintamente y ya tiene ese denominador común hacia el futuro; se puede comparar el pensamiento político de esa nueva generación, que ya está expuesto, en muchos libros y escritos, y en donde hay seguimientos de todos los partidos: Liberación Nacional, Unidad, Pueblo Unido, e incluso de otros movimientos más pequeños.  Entonces, ¿por qué abrir nuevamente un capítulo histórico cuando éste se está cerrando, evidentemente, con la actual gestión del presidente Luis Alberto Monge?

Por todo lo que se ha expuesto, hemos llegado al convencimiento que, en este país, esta reforma no procede, porque indiscutiblemente ha llegado la hora el relevo.», terminaba diciendo en aquel momento.

En efecto, la vieja generación de los hombre de los 40, llegaba a su fin; una nueva camada de «jóvenes» cuarentones y treintañeros, pedía paso.  Pero Calderón, Figueres, Mora, Sanabria, Picado, Ulate, Trejos, Orlich, Echandi, Oduber, Carazo y Monge, para personificar a ese conglomerado nacional, nos dejaban, a través del Estado Benefactor que crearon con gran conciencia social, una Costa Rica diferente, con el desarrollo de una gran proyecto nacional.  Dentro de toda su gran creación institucional, destacaron algunos con especial importancia y proyección, a tal punto que se convirtieron en referentes importantes, símbolos de orgullo nacional, exponentes de lo mejor del costarricense: la Caja Costarricense del Seguro Social, el ICE, el Tribunal Supremo de Elecciones, la Contraloría General de la República, la Universidad de Costa Rica y la Iglesia Católica.

 

En los últimos dos años, todas estas instituciones han sido cuestionadas, lamentablemente, en forma válida; no tanto por las deficiencias o no de sus servicios y cumplimiento de su función; sino por los tremendos errores éticos y morales, de quienes las han conducido.

Jamás pensaron, quienes siempre dudaron y dudan todavía de la validez de estas instituciones, y del concepto del Estado que las creó, que encontrarían en los hijos y los parientes cercanos o lejanos, de sus creadores, a los mejores aliados para destruirlas.  Quienes entraron al relevo a partir de 1986, en estos veinte años, arropados de la peor ambición; cegados por el afán de riqueza, aunque fuera mal habida, entraron a saco en las arcas institucionales, o traicionaron los principios ideológicos, jurídicos, morales y hasta religiosos,  que juraron respetar, o que proclamaron creer.  Y para seguir en lo mismo, la Sala IV se sumó a la debacle nacional, se atribuyó poderes constituyentes, y reformó el artículo 132 para que, el ungido por los intereses económicos nacionales y extranjeros, llegue supuestamente al poder, para que siga protegiéndolos, después de haber destruido nuestro país.

Pero lo más grave es que, en esta nueva necesaria y urgente, hora de relevo… a quién le damos el testigo?, en quién o quienes podemos confiar? Será, qué por fin contra todas las estructuras podridas de la vieja democracia representativa, es el tiempo para la verdadera a la participación, y una nueva forma de organizarnos; que se podría iniciar, por qué no, dentro de dieciséis meses, aceptando que llegó la «hora de nuestra lucidez» al estilo de Saramago… yo me apunto!

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