Universidad confidencial

La Universidad de Costa Rica es como una lente opaca hacia fuera y hacia dentro también. Y si por ella fuera, desde dentro

La Universidad de Costa Rica es como una lente opaca hacia fuera y hacia dentro también. Y si por ella fuera, desde dentro creemos ver a la sociedad costarricense como si efectivamente tuviésemos unas preciosas lentejuelas que alumbran los más inexplicables escondrijos de la sociedad. Y tal vez por ello, creemos también que hay una distancia abismal entre la universidad y el resto de las instituciones, pero hay que temer que no sea así. Y desde fuera, unos ven una inmaculada institución dedicada a la docencia, la acción social y la investigación, otros un sitio con privilegios y unos más un lugar de crítica política o revuelta comunista. Y probablemente todos vemos parcialmente la universidad.

Pero, ¿por qué es opaca la universidad? Nos percatamos que es opaca por la existencia de todas estas creencias confusas y contradictorias y porque no proporciona la información suficiente para permitir formar un juicio fundado. El índice de transparencia de la universidad para el 2016 fue de tan solo 63.34%. Aún estamos fuera de los márgenes de lo aceptable. La transparencia –no sólo en la función pública- es un factor que acrecienta la confianza, y por supuesto, se trabaja mejor si existe mayor confianza. Así pues, la transparencia es un factor de eficacia, y busca favorecer el diálogo y desentrañar con la información las intenciones políticas de las partes. Por el contrario, cuando la transparencia es baja, si no pobre o ausente, se pierde la confianza y se pierde mucho tiempo en defender lo que se hace, y dialogar se vuelve después una pesadilla. La perversión y el morbo con los que son imaginados los trabajos de los demás, así como la permanente suspicacia con la que se pretende hacer pensar que se hace otra cosa que la realmente hecha dificultan aún más el trabajo.

Dicho esto, resulta que al día de hoy hay un proyecto de reglamento en la universidad que enuncia que “son deberes de las personas miembros del Consejo Universitario: … Guardar la debida confidencialidad en aquellos asuntos que no han sido conocidos y acordados por el Órgano Colegiado” (art.5, inc.d). Salvo que este inciso haga referencia a cosas como la resolución de una apelación, único caso donde la discreción tiene sentido para coadyuvar en el debido proceso –y no signifique esto que la una vez acabado el litigio la resolución no pueda ser conocida-, este inciso presenta una solicitud poco democrática y nulamente transparente, si el Consejo es el órgano que ejerce las más importantes de las funciones normativas. No saber qué y cómo se discute un asunto en un órgano colegiado de esa envergadura es secuestrar toda posibilidad no ya de discutir, sino llanamente de conocer (no olvidemos, que con contadas excepciones, las sesiones del Consejo son privadas). Esto podría ser una condena: como un asunto se conozca y se apruebe en una sola sesión, nos enteraremos del menú una vez servida la cena –y no podremos más que criticar la mano del chef-.

En su intrincado organigrama, la universidad tiene apariencia democrática. El reglamento (CCP-P-15-001) busca mejorar la eficiencia y la rendición de cuentas del Consejo, pero fallaría globalmente al dejar pasar dicho inciso. Porque, así como está, básicamente substrae a la población universitaria y a la costarricense el acceso a la información y a los debates con los cuales se norma la universidad.

A ello se añade una paradoja: un inciso antes, el artículo estipula –un acto de buena conciencia, seguramente- que un deber de dicho consejo es “Mantener una comunicación cercana y permanente con la comunidad universitaria”. ¿Cómo se puede guardar confidencialidad –y ser confidente de qué intereses- y a la vez esforzarse en comunicarse con los demás? Ciertamente, se puede hablar a favor de esto o de aquello, de tal o cual modelo para la universidad pública, pero las personas que ahí sesionan representan a muchas personas, como para permitirnos el lujo de que nuestros representantes “guarden confidencialidad”. De otra manera, ¿no estaríamos ante las puertas del silencio o de viles mentiras? Y con expedientes confidenciales, la transparencia disminuye, y la confianza también; luego…

En cualquier caso, mejorar la transparencia en general de la universidad es un trabajo interno que ha de mejorar esa visión en los dos sentidos señalados y suprima por una parte las imaginaciones perversas y por otra las deliciosas suspicacias. ¿Cómo lucha dicho inciso contra la opacidad?


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