Una necesaria tregua universitaria

Lo inimaginable, lo que no queríamos, está pasando: estamos muy cerca de la saturación de los hospitales.

Contabilizamos casi cinco meses del estado de Emergencia Nacional y la verdadera lucha contra la pandemia quizás está apenas empezando. Por esto, es imposible hablar de otra cosa, cuando en el sector de salud, tenemos una gran preocupación al ver que continúan los contagios, la cantidad de fallecimientos y personas hospitalizadas por esta enfermedad con categoría de pandemia, en Costa Rica: el COVID-19.

Lo inimaginable, lo que no queríamos, está pasando: estamos muy cerca de la saturación de los hospitales, y lo que no parece entenderse es que, con esto, las muertes no se deberán solamente al COVID-19, sino también, a otras patologías que no podrán ser atendidas a tiempo de forma eficiente y eficaz. Las personas que lleguen enfermas o que se accidenten no podrán ser tratadas a tiempo, si nuestro sistema de salud llegara a colapsar.

¿Complicado? Sí, porque sabemos que hay gran necesidad de la reapertura comercial, de volver a la presencialidad para que, de alguna forma, podamos nivelar la gran afectación económica que esta pandemia le ha ocasionado a miles de costarricenses y que los tiene en la línea del hambre, la injusticia y la vulnerabilidad.

Sin embargo, lamentablemente, estamos tomando el rumbo equivocado, guiados por algunas presiones grupales que no entienden de tasas de contagio, ni han aprendido de estados como Texas o Florida que vieron sucumbir aún más su economía por realizar una apertura prematura de sus comercios. Esta imprudencia amenaza con aumentar exponencialmente la centena de lamentables muertes que contabilizamos en el país por el virus.

A pesar de esto, el compromiso social, que caracteriza a todas las instituciones de educación superior pública, ha marcado un papel aún más protagónico en la lucha contra esta pandemia por parte de nuestra universidad, no solo con la creación de proyectos que pretenden ser alternativas en el combate contra esta, sino también, en el aporte económico reflejado en el recorte presupuestario para atender esta emergencia nacional.

La UCR se ha puesto la camiseta y ha presentado soluciones tecnológicas en primera línea para ayudar a combatir los efectos de la enfermedad, que van desde la movilización de las estructuras para construir respiradores e imprimir equipamientos de protección, hasta la búsqueda de los tratamientos más efectivos contra el virus. Algunas de estas iniciativas se han realizado con aportes económicos y con recursos de las mismas unidades académicas; otras con el apoyo de empresas privadas, que quieren estar presentes; otros nos hemos puesto a la disposición para colaborar en lo que nos soliciten, en los servicios de atención a las personas, en la ayuda psicológica o en el 1132.

Por esto, considero que la decisión tomada por parte del Tribunal Electoral Universitario, de suspender la campaña electoral por la Rectoría, fue una medida responsable y acertada, porque no es posible que sobre la salud estén los intereses políticos o personales.

Estamos en un momento crucial para nuestra sociedad por lo que, como la institución que somos, debemos dar un paso más allá y presentarnos todos los universitarios como un bloque común, volcando nuestros recursos y talentos al servicio de las comunidades para contribuir en esta lucha.

Es por esto que, si muchas de nuestras instalaciones están en desuso, que las conviertan en albergues, que se presten nuestros transportes para movilizar recursos y personal de salud, y ayudar a levantar hospitales de campaña. Que se formulen nuevos proyectos de Acción Social para asistir con la recuperación de la Costa Rica post-pandemia. Que se amplíe la atención psicológica y las becas, para acompañar aún más, a los estudiantes y sus familias en momentos difíciles.

Todas las fuerzas institucionales estamos llamados a coordinar esfuerzos desde nuestras áreas, pues solo así libraremos el mayor desafío que enfrenta toda nuestra generación.

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