Un psicólogo poético y humanista

Uno de esos encuentros de undécimo tipo… a Ulloa Garay, lo conocía de tiempos de Láscaris, Olarte y toda esa vital vieja guardia que tanto bien hizo en los años 70.

Uno de esos encuentros de undécimo tipo… a Ulloa Garay, lo conocía de tiempos de Láscaris, Olarte y toda esa vital vieja guardia que tanto bien hizo en los años 70.

Pero don Ricardo y yo, durante esas décadas, nos habíamos limitado a saludarnos respetuosamente en la calle o en la biblioteca, hasta que de repente, quizá por intervención de Sirius, conversamos en la soda… Y… de repente el caballero me sorprende regalando un libro, y al rato, otro.

Regalo fabuloso resultó aquello, porque al colega, yo lo ubicaba como “sicólogo o por allí” pero -vaya hueco en mi cultura- jamás como poeta y dibujante.

Paso a motivar para la compra (barata) de esos volúmenes y por supuesto para su deleite. En Vida y costumbres del astrónomo, don Ricardo nos tira varias flechas artísticas al mismo tiempo. Por varias razones se me ocurre comparar su trabajo con El principito, de Saint-Exupéry.

Ya en los años 40 este tuvo la genial idea de acompañar sus textos con acuarelas de su propia mano. Pero los de don Ricardo son de una genialidad exquisita, invitan al estudio de cada uno, reforzados además con un libro literalmente manuscrito: ¡del 2008 y yo sin conocer esa joya!Constatemos un contraste-complemento con el otro volumen Mundus est fabula (del 2015).

Tiene texto, nada más… y nada menos, curiosamente con varios escapes también hacia la astronomía, aparte de perspicaces ángulos, uno más perspicaz que otro: un centenar, para que no falte.

Para los que acostumbramos a escarbar un poquito más, pese al latín del título, se entiende perfectamente y hasta en segundo grado: en efecto, Monsieur Descartes, el mundo cabe “fablarlo”, verbalizarlo hasta en esa dimensión de lo irracional, aunque muchos no lo crean… justo ahora que celebramos 50 años del hombre en la luna… y todavía muchos dudan… Agradezco el feliz re-encuentro con don Ricardo quien, para seguir con Saint-Exupéry, siento tan afín en otras dimensiones: un mensaje aparente- mente pueril más de una vez, pero superprofundo también para el adulto, un lenguaje fresco, sorpresivo asociativo, el tono lúdico poético genuino que subyace.

Hasta va el picantito de ironía, eso, nada de sarcasmo cruel. Y no falta alguna que otra punzadita, como esa aguda crítica en “una escena de provincia”: lo viejo-clásico de “riendo decir verdades”.

A esa chispa tan fina y genuina de parte del autor, el lector no puede sino responder con una sonrisa; nada de esos superficiales dibujitos que el comercio nos impone, sino lo auténtico-profundo de creer en nuestra especie, a pesar de todo. Gracias y adelante, don Ricardo, colega-amigo: la producción que hasta ahora le conozco exhala una brisa fresca, llena de profundo humanismo.

No solo proclama: “qué es el mundo si no una mirada”, como usted dice, sino al mismo tiempo, por esa combinación de caminos, usted se transforma en “el loco, para que todo lo aclare”. Felicitaciones y… ¡a seguir produciendo!


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