Un guiño a la comunicación de la ciencia para abordar la pandemia

La pandemia ocasionada por el COVID-19 nos ha saturado de información hasta la coronilla, al punto de que esta sobrecarga puede operar en contra de respuestas asertivas frente a la crisis. El fenómeno puede empezar a sufrir desgaste en la agenda mediática y, como consecuencia, naturalizar los efectos ya desastrosos de la pandemia: un caso [...]

La pandemia ocasionada por el COVID-19 nos ha saturado de información hasta la coronilla, al punto de que esta sobrecarga puede operar en contra de respuestas asertivas frente a la crisis. El fenómeno puede empezar a sufrir desgaste en la agenda mediática y, como consecuencia, naturalizar los efectos ya desastrosos de la pandemia: un caso más o un caso puede parecer “normal”. Sin embargo, un solo caso puede desatar una tragedia. Acaso así no empezó el contagio del COVID-19.

La gestión de la pandemia no se trata sólo de casos, cuánto aumentan o cuánto bajan, de medidas de prevención y contención, se trata también de un asunto de comunicación bien transmitida.

La crisis ocasionada por la diseminación de la pandemia ha puesto en valor la comunicación de la ciencia en sociedad, al evidenciar las nefastas prácticas cotidianas basadas en comunicaciones erradas y sin filtro. Sabemos de la circulación de mensajes que atentaban contra la salud pública al recomendar remedios caseros sin ningún fundamento, y ni qué decir del espectáculo exhibido y lamentable protagonizado por líderes inescrupulosos, irresponsables como Trump y Bolsonaro,  quienes atentan con sus prácticas personales exhibiéndose en público sin protección, recomendando hidroxicloroquina e incluso contradiciendo el criterio técnico de expertos.

La comunicación científica cumple un papel clave y puede abonar positivamente en la gestión de la crisis desde la perspectiva de la ciencia, la tecnología y la sociedad (CTS), porque:

  1. Permite explicar conceptos adecuados para saber cómo opera el coronavirus en el cuerpo humano y utilizar los términos apropiados; por ejemplo, no es lo mismo contagiarse que contaminarse, sin duda esta última tiene una carga semántica orientada a la inmigración.
  2. Ayuda a distinguir entre tratamientos y preparaciones biológicas capaces de generar inmunidad contra una enfermedad. Claro está, un caso es la utilización del plasma convaleciente y otra la ansiada vacuna contra la enfermedad.
  3. Sirve de antídoto contra las informaciones falsas o bulos, pues ofrece información basada en fuentes confiables y provenientes de centros científicos y no del vecino, del líder religioso o del youtuber
  4. Da a conocer las implicaciones bioéticas de una pandemia. Preguntarnos sobre los criterios utilizados para asignar un respirador a un paciente y no a otro en casos extremos por falta de equipos. Como sociedad debemos preguntar por estas paradojas y nuestras reservas éticas para afrontarlas. Hemos escuchado en otros países la falta de atención oportuna a pacientes ante la incapacidad de los sistemas sanitarios de abordar a cabalidad la avalancha de pacientes.
  5. Contribuye a tomar decisiones en lo cotidiano y respaldar o no decisiones públicas en la vida ciudadana, a partir de informaciones certeras. Al fin y al cabo, el confinamiento ha consistido en tomar decisiones cada día, para cuidarse y proteger a los otros.
  6. Desmiente mensajes xenofóbicos contra personas contagiadas. Un abordaje desde la comunicación científica ofrece argumentos por los cuales los centros de aislamiento para la atención sanitaria de personas con COVID-19 son contención del virus y no una amenaza para la comunidad; como así lo perciben algunas personas. Los migrantes no son la amenaza, sino el coronavirus que debemos atacar.
  7. Permite mostrar el potencial de las capacidades de investigación, innovación y desarrollo tecnológico con el cual contamos; logrado gracias a la apuesta del proyecto país por la educación y la investigación de las universidades públicas. Los institutos y centros de investigación universitaria se han puesto al servicio de la sociedad ofreciendo respuestas concretas al sistema de salud y a las empresas.
  8. Nos muestra el desarrollo de la ciencia moderna con todo su poderío e instrumental, pero también exhibe los límites del conocimiento, pues ya sabemos que los investigadores han insistido: es más lo que se desconoce que lo que sabemos de este “mal bicho”. Sin embargo, la ciencia sigue siendo la fuente de conocimiento más certera con la que cuenta la humanidad, porque sigue preguntándose sobre lo que aún desconoce y, gracias a ello, puede avanzar hacia el conocimiento.

La factura que hemos pagado y seguiremos pagando por esta pandemia es descomunal e indescriptiblemente dolorosa. Debemos abordar la crisis desde todos los ángulos posibles, por eso la información asertiva es crucial para contribuir a gestionar la crisis. La comunicación científica puede aportar a ello y merece una oportunidad en estos tiempos.

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