MEDIO ORIENTE

Trump y Netanyahu se unen para el robo del siglo

La Casa Blanca, un territorio ocupado por Israel, tiene en Trump a su mejor títere que hace todo lo que le dice Netanyahu.

Muchas administraciones estadounidenses han propuesto planes de «paz» trazando líneas en los mapas del Medio Oriente, como lo hicieron Gran Bretaña y Francia con el fin de la Primera Guerra Mundial, cuando se repartieron la región; como otrora lo hicieron en África, violando cualquier ética y moral internacional. La Casa Blanca, un territorio ocupado por Israel, tiene en Trump a su mejor títere que hace todo lo que le dice Netanyahu. Este robo del siglo es la estocada final al pueblo palestino, a vista y paciencia de una comunidad internacional que no pasa de la protesta tímida, como por cumplir con lo que corresponde, pero sin acciones concretas.

No hay nada nuevo bajo el sol para el pueblo árabe palestino, es más de lo mismo que fue presentado en vivo a todo el mundo desde Washington. Pero otros líderes árabes poco han hecho por los palestinos. Con las distintas guerras en el Medio Oriente, se han aprovechado para que los palestinos pongan los muertos en la constante estrategia guerrillera de confrontación con Israel y de contrapartida las arremetidas israelíes.

Con los acuerdos de Oslo firmados por Yasser Arafat, Israel se comprometía a devolver los territorios ocupados y no cumplió. El actual robo del siglo fue orquestado por mentes siniestras desde Israel, cualquiera diría que el yerno de Trump, Jareed Kushner, fue el creador, pero no es así. Ese plan llegó preparado desde Israel y en Washington se hizo la pantomima de un “plan de Trump”, desesperado por un premio Nobel de la Paz que no llegó; tampoco le fue posible con Corea del Norte.

Ningún líder palestino estuvo presente en esa “negociación” y jamás se había visto semejante ultraje a lo que quede de decencia en la política internacional. En procesos de paz anteriores líderes árabes, líderes palestinos e israelíes se han sentado a negociar, aunque tardíos o fallidos, como debe ser con todas las partes incluidas.

Hubo un tiempo en que los Cascos Azules de Naciones Unidas (ONU) estuvieron acantonados en la Franja de Gaza. No pueden volver, pese a las súplicas de los palestinos porque las resoluciones internacionales sobre Palestina no están vinculadas al Capítulo VII que habla de «acción en caso de amenazas a la paz, quebrantamientos de la paz o actos de agresión». Y eso que el «Acuerdo del siglo» o robo del siglo cumple con todas esas arbitrariedades que se cometen. Ni siquiera la ONU se atreve a indisponer a Israel en sus ansias expansionistas y solamente verbaliza frente a la gradual desaparición de la solución de dos Estados para resolver el «conflicto», según las resoluciones internacionales.

Recuerdan cuando el Barón Balfour en 1917 decía: “se da una tierra que no se posee a quien no la merece”. Cada incoherencia de la comunidad internacional la convierte en cómplice de las agresiones de Israel contra los palestinos y a la lenta muerte del Derecho Internacional. Cincuenta mil millones de dólares es lo que valen, al parecer, los palestinos; es la parte romántica que dice dar para la implementación del robo del siglo. La economía palestina está bajo bloqueo desde hace muchos años y depende en un 70 por ciento de la economía israelí, no existe independencia de nada.

El robo del siglo comprende la apropiación israelí del Valle del Jordán, por sus características estratégicas, económicas, sociales y militares, y una fuente de recursos hídricos y explotación comercial y turística del mar Muerto, así como la expoliación de los recursos naturales de los palestinos en las aguas territoriales de la Franja de Gaza en el mar Mediterráneo.

Pude conocer hace algunos años la región y la ocupación territorial israelí ha sido desmembrar y dejar inconexos los territorios palestinos, como islas, destruyendo la unidad palestina. Se trae abajo el deseo de los palestinos de establecer un Estado en las fronteras delimitadas tras la ocupación israelí en 1967. Del 50 por ciento del territorio que les quedó a los palestinos con la partición de Palestina en 1947, y el gradual expansionismo israelí, ahora con el robo del siglo les quedará solo el 20 por ciento.

En Cisjordania todos los territorios ocupados por Israel (colonias judías) pasarán a ser parte del Estado de Israel. Las autoridades israelíes seguirán controlando el movimiento de personas y mercancías, y seguramente continuarán gravando dichos productos para los locales palestinos. Territorios y carreteras de apartheid de uso exclusivo para colonos y colonias israelíes. Las consecuencias no pueden ser más terribles, colonias judías condenadas a estar rodeadas por muros, por seguridad y para la gradual eliminación de los nativos palestinos.

El asunto palestino es apenas la punta del iceberg de un plan geopolítico mayor porque el robo del siglo prevé unir la Franja de Gaza con un territorio desértico a lo largo de la frontera con Egipto, y que viene a sustituir el viejo plan de entregar territorio del desierto del Sinaí a la Franja de Gaza. Este efecto inverso le garantiza a Israel ocupar militarmente esa región levantando una zona colchón (buffer zone) como parte del “glacis israelí” que impida la llegada de refugiados del Cuerno de África (Eritrea, Sudán y Somalia).

Para hacer posible este robo del siglo, Israel debía primero resolver asuntos espinosos con los demás países árabes. Comenzaron a restablecer relaciones diplomáticas con los países árabes, que por décadas estuvieron rotas, y reabrieron embajadas en ambos lados.

La causa palestina quedaba relegaba por los grandes nuevos acuerdos comerciales, financieros, inversión, inteligencia, venta de armas; la lucha contra el terrorismo y el panarabismo de Nasser se iría apagando. Logrado esto, los estrategas estadounidenses e israelíes se las ingeniaron para comprar a los líderes árabes y compartir la responsabilidad del robo del siglo.

Los líderes árabes cayeron y entregaron al pueblo palestino a la boca del lobo. La idea era que el binomio Trump-Netanyahu, la personificación de la arbitrariedad, legitimara su «Acuerdo del siglo» callando los altavoces de rechazo de la Autoridad Nacional Palestina y la OLP.

Por su parte, Israel prometió a los árabes su apoyo contra Irán, pieza geopolítica más importante que la trama palestina. Es una guerra del siglo XXI en la que no se emplean tanques en el propio suelo, sino pilares de poder, indirectas, usando propaganda o sanciones económicas para ahogar a la población.

Irán tiene que ver mucho en la región, y ante sus escasos aliados Hezbolá, la OLP, Hamás y Siria; no se entendería la geopolítica iraní sin entender cómo los árabes entregaron el destino palestino a Israel.

El movimiento estadounidense previo al acuerdo fue trasladar su Embajada de Tel Aviv, capital israelí, a Jerusalén. Es la misma táctica empleada para la «legalización unilateral» de la administración de Trump con respecto a los asentamientos, ilegales ante el derecho internacional o declarar los Altos del Golán sirios ocupados como de Israel.

La dinámica diplomática israelí se hizo con países como Rusia. Israel encuentra oposición en los europeos, a quien responsabilizan con el fin del acuerdo nuclear con Irán. Israel y Rusia son adversarios en la guerra en siria, pero en el contexto palestino, la negociación fue entregar a los palestinos a Israel siempre que Israel no condicione a Rusia en la guerra siria. Y Turquía, otra pieza clave en la región, opuesta al robo del siglo, donde su doble moral la lleva a tropezarse con el pueblo kurdo en Siria e igualmente empieza a expulsar a los kurdos sirios y a robar sus territorios.

Israel no controla todo como se creería. Pese a los esfuerzos por legitimar el robo del siglo, ahora enfrenta in absentia crímenes de guerra contra los palestinos en la Corte Penal Internacional (CPI) y de ahí las sanciones de Trump contra los funcionarios de la CPI. Ya esto no es asunto de antisemitismo que Israel ha usado como factor de conveniente victimización, ya nadie les cree. Sumado a la posibilidad de que Trump pierda la reelección, uno de los más abyectos aliados de Netanyahu podría traerse abajo ese apoyo que Israel necesita tanto.

Quizá sin Trump en el poder y quien amenaza a todo aquel que se oponga o critique a Israel y su sionismo delirante y demencial, podría envalentonar al mundo a plantarse y decirle a Israel: ya basta de robos a los palestinos, ya basta de crímenes de lesa humanidad contra los palestinos, ya basta de despotismo, ya basta de violar más de 450 resoluciones de Naciones Unidas. El mundo no se rige por la Biblia, sino por el derecho internacional en la cual usted (Israel) es un actor más del sistema internacional.

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