Sobre ciencia, religión, cientificismo y fanatismo

He leído en los últimos meses, en este semanario, dos artículos de opinión del mismo autor en los cuales se refiere despectivamente a Dios y a la religión, en contraste con la ciencia. En sus opiniones utiliza argumentos light, trillados, convenientemente ajenos a las discusiones académicas vigentes en grandes universidades de Chile, Argentina, México, Holanda, [...]

He leído en los últimos meses, en este semanario, dos artículos de opinión del mismo autor en los cuales se refiere despectivamente a Dios y a la religión, en contraste con la ciencia. En sus opiniones utiliza argumentos light, trillados, convenientemente ajenos a las discusiones académicas vigentes en grandes universidades de Chile, Argentina, México, Holanda, Inglaterra, Estados Unidos y de Costa Rica.

Es una lástima que no hayamos logrado llegar a esta persona mediante los esfuerzos que REDICIRE (La Red para el Diálogo entre Ciencia y Religión de la UCR) ha hecho desde 2016 por ofrecer espacios de encuentro para el intercambio académico entre ambos campos. Más porque esta red incentiva la reflexión seria e interdisciplinaria para cuestionar los postulados científicos y los dogmas religiosos que rodean los grandes temas de nuestro tiempo. Entre sus actividades, REDICIRE persigue tener siempre panelistas con distintas perspectivas, de manera que se pueda fomentar un auténtico diálogo.

Dicho diálogo es imprescindible en una época en que tanto en lo político como en lo académico nos estamos aislando en sectores homogéneos que no interactúan, al peor estilo de las redes sociales como Facebook y Twitter, en las cuales tendemos a leer y escuchar solamente a quienes piensan como nosotros (cuando escuchamos y leemos a otros).

Si esta persona se interesa en aprender y en fomentar el intercambio académico, como debería ser el caso de cualquier buen científico no dogmático, indudablemente es alguien que lee lo que publican otras personas. Sería contradictorio que cayera en “el sesgo de confirmación, una estrategia cognitiva para elegir solo aquellas partes de información que apoyan nuestra creencia y dejar de lado todo lo que no la respalde” (Semanario UNIVERSIDAD, 19 de mayo 2020). Al leer estas líneas, sabrá que le estoy haciendo una invitación a escribirme a mi correo de trabajo, luis.aragon@ucr.ac.cr, para encontrar formas de fomentar un diálogo más productivo.

En las actividades que hemos tenido en REDICIRE han participado personas formadas en neurociencias, biología, literatura, comunicación, sociología, microbiología, psicología, teología, filosofía, astrofísica, educación, fisiología y otros campos del saber. Hemos dialogado sobre las exigencias de la ciencia y sobre las necesidades espirituales de los seres humanos; hemos reflexionado sobre los serios peligros del fanatismo religioso. También hemos observado cuán frecuente y riesgosa es la costumbre de apoyarse en argumentos pseudocientíficos para hacer afirmaciones que están fuera de los alcances de la ciencia.

Además, hemos planteado que la persona “religiosa”, con fe, o al menos con apertura a una dimensión espiritual, tiene el privilegio de buscar consuelo, de tener esperanza, de ser agradecida, de sorprenderse ante lo inesperado. Eso no necesariamente le impide tener rigurosidad científica; más bien, afirmar que lo que no puede ser demostrado científicamente no es conocimiento legítimo, no es ciencia, es cientificismo. Ahí sí hay falta de rigor científico y muchos académicos coincidirán conmigo en que esta última también es una forma de fanatismo.

Por último, aprovecho para invitar a las personas interesadas en un tratamiento más profundo de este tema a leer mi artículo académico del 2017 “La interacción entre ciencias y religión: una actualización sobre el conflicto”, Revista Intersedes, 18(37). Disponible en https://doi.org/10.15517/isucr.v18i37.28649. Y claro, estoy abierto a dialogar.

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