Siete condiciones cardinales para aspirar a la rectoría de una universidad pública

Las universidades son creadas como vector de transformación social y como productoras de conocimiento a nivel local y global.

Las universidades son creadas como vector de transformación social y como productoras de conocimiento a nivel local y global. Las más modernas y productivas comenzaron hace bastantes décadas a estandarizar a su personal académico contratando personas con doctorado; además optimizaron sus sistemas informáticos para mejorar y disminuir el gasto administrativo aumentando proporcionalmente su gasto e inversión en sus actividades substantivas, que son su razón de ser.

De manera tradicional e histórica, en las universidades más antiguas y respetadas del mundo, pero donde su tradición no es un obstáculo para su modernización organizacional y de recursos humanos, se escoge una persona académica para asumir el cargo de Rector o Rectora. Esto nos lleva a plantearnos cuáles serían los requisitos para que esa persona comprometida con la academia pueda aspirar a tal importante puesto y llevar las responsabilidades de asumir ese cargo con la dignidad institucional que nos caracteriza. Enumero a continuación siete requisitos que considero importantes, los que no excluyen otros, debido a la complejidad del cargo:

Primero: El despacho de la Rectoría debe asumirlo una persona que forjó su carrera profesional dentro de la vida académica. Esto significa que el perfil de esa persona se cimienta en la filosofía desde la perspectiva de su campo disciplinar, para que logre transmitir a la comunidad universitaria y a la sociedad como un todo ese conocimiento. Esta persona es quien de manera activa ha practicado la docencia, investigación y acción social. La misma trabaja para el progreso de la institución que representa de manera holística, distinguida con el título de Catedrática.

Segundo: El círculo cercano del candidato o candidata, quienes asesoran y colaborarán en la conducción de la institución, debe estar conformado igualmente por personas con comprobada carrera académica; esto debido a la naturaleza intrínseca de la institución. La persona aspirante debe de apoyarse en comunidades académicas igualmente comprometidas con la docencia, la investigación y en nuestro caso particular la acción social. Es este conjunto de personas productivas profesionalmente y comprometidas con la problemática de la institución una de las credenciales más importantes para aspirar al despacho de la Rectoría, que en primera instancia resguarda nuestra institucionalidad.

Tercero: El candidato o la candidata debe poder ordenar, priorizar y distinguir cuál es la situación actual de la institución que desea dirigir y a dónde pretende llevarla. Esta tarea es quizás una de las más difíciles, porque requiere aceptar la labor de sus antecesores desde una perspectiva institucional y no personal. No todo está mal, no todas las decisiones fueron equivocadas y por el contrario debe poder tomar soluciones que mejoren las situaciones actuales, pero también que promuevan aquellas que fueron acertadas, poniendo por delante el bienestar institucional y académico.

Cuarto: Aquellas personas que buscan la candidatura deben, de manera transparente, explicar por qué quiere ser Rectora o Rector, cuál beneficio obtiene la institución en general con su candidatura, a la luz del tercer punto;  cómo se diferencia de otras candidaturas y cuáles son los atestados de los asesores, a la luz del segundo punto; cuáles son las vivencias, a la luz del primer punto, que lo motivan a postularse en este proceso de dirección, gerencia y gestión académica.

Quinto: A la hora de solicitar una adhesión se debe de tener al menos un plan de acción preliminar para poder dejar un interés a quien se le pide. Quienes votan para elegir tan importante puesto, más que en cualquier otro tipo de institución, deben de informarse seriamente por qué están votando. Es por eso que somos una institución rectora, con el ejemplo servimos también a la sociedad. Nuestra institucionalidad tiene la virtud y ventaja de poder promover una elección que permita ejercitar de manera profunda una discusión crítica e enriquecedora alejada de las realidades actuales que viven las elecciones populares a nivel nacional. Es por eso que la persona aspirante a la rectoría debe poder transmitir de manera coherente, a grandes rasgos, las principales políticas que desea implementar a mediano y largo plazo.

Sexto: En una Costa Rica polarizada, el carácter de quien tome el despacho de Rectoría es de vital importancia para la imagen de la institución. Ese carácter se manifiesta en poder actuar como ese profesional de excelencia en el ámbito académico y político, apegado a las realidades, la ciencia y a los hechos concretos en el ejercicio de su labor, tomando políticas inequívocas en problemáticas en las que no hemos avanzado o avanzamos muy poco. Como ejemplos están la equidad de género en la formación y vida académica o la tolerancia cero en las situaciones de acoso sexual. Su huella histórica viene de la mano con el poder tomar decisiones vanguardistas en la transformación de nuestra institucionalidad de cara al manifiesto atraso con otras sociedades más desarrolladas.

Sétimo: La persona que ocupe el despacho de la Rectoría a futuro debe poder separar el periodo de elección con respecto al periodo de gestión donde asume el cargo. Esto porque será la Rectora o el Rector de toda la comunidad universitaria indistinguiblemente de cómo se conformaron los grupos durante la elección. La gestión del despacho de la Rectoría debe, dada la dignidad del mismo, ser puente de ensamblaje de cada unidad que la compone de manera armónica, pudiendo rescatar las buenas iniciativas de las agendas de otros sectores que no alcanzaron colocar a su candidato o candidata.

Finalmente, considero, a nivel personal, que contamos con suficientes catedráticas y catedráticos para apostar por una contienda dinámica, rica en visiones y propuestas. Desde esta perspectiva, debemos tomar acciones para dinamizar la política institucional con foros temáticos para evaluar las candidaturas de manera profunda, donde la sapiencia de los candidatos y candidatas sea evaluada abordando los problemas de la institución con sus propuestas de soluciones y donde podamos valorar su carácter y perfil para el puesto. Los retos institucionales futuros y la supervivencia de las universidades de cara a la realidad de nuestro país hoy es demasiado importante como para no realizar un ejercicio de retrospección general y delinear un camino para nuestro futuro de la mano con la sociedad.


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