Si yo fuera candidato

Si yo fuera candidato al menos para síndico, me plantearía, sin populismo, posibilidades reales para reforzar la paz en nuestro país, sin más revólveres

Si yo fuera candidato al menos para síndico, me plantearía, sin populismo, posibilidades reales para reforzar la paz en nuestro país, sin más revólveres ni gases lacrimógenos, pues la estamos perdiendo a pasos agigantados.
Si bien es cierto, no padecemos la desgracia de la confrontación bélica, tenemos, en cambio, una guerra en nuestros hogares, en las calles, en las barriadas, donde perdemos a diario a nuestros amigos, jóvenes, vecinos, familiares; tendencia destructiva que pone en peligro la convivencia como país. Son problemas muy propios del siglo XXI que nuestras élites políticas son incapaces de resolver.
Por ejemplo, pocos conocen con exactitud el déficit habitacional en el país, pero apuesto a que difícilmente se habrá eliminado las 235.604 unidades que hacían falta una década atrás, de las cuales 35.000 serían casas para nuevos solicitantes y 200.000 serían casas que no reúnen las condiciones mínimas de habitabilidad. (La Nación 6/02/10, pág. 20).
Viendo este problema como un asunto político y no necesariamente un negocio financiero o electoral, es plausible recurrir a amigos en el exterior para que demuestren su solidaridad con quienes carecen de casa, respetándonos como nación soberana y que nos asiste, como tal, el derecho de que nos traten como iguales y bajo la convicción de que en esta cruzada de “cero tugurios”, hemos borrado la palabra “lucro” y “negocio”.
Conozco a organizaciones universitarias, congregaciones religiosas, fundaciones etc., que han dado el ejemplo en otros países, llevando su mano de obra, clavos, zinc y madera para quienes están excluidos de una morada, solo por la satisfacción del deber cumplido.
Así, la solidaridad humana en este mismo país ha levantado parques, hospitales, casas, entre otros, derrotando la queja consuetudinaria de falta de recursos disponibles, la burocracia parasitaria y los cálculos políticos traducidos en voto cada cierto periodo.
Parecido sucede con el problema de la corrupción pública y privada en nuestro país. Preocupa a los votantes de todos los partidos esta situación que ya parece crónica, pues sobran casos de gente que se arrima a los distintos gobiernos, partidos políticos e instituciones para engordar sus fortunas en los paraísos fiscales.
La reciente filtración realizada por el Semanario UNIVERSIDAD sobre los Panama Papers reveló 74.958 documentos relacionados con Costa Rica, que incluyen copias de 56.876 de correos electrónicos, 9.858 imágenes en PDF, 3.851 imágenes en formato TIFF, 119 planillas de Excel y 511 documentos de Word. Es decir, es un problema más serio de lo pensado y que, estoy seguro, la impunidad tapará. Y la impunidad mata a la justicia.
No hay ni siquiera en sindicatos o grupos “progresistas” una lucha, un debate franco para, por ejemplo, buscar el respaldo popular para inhabilitar políticamente a esta gente -que es numerosa- acostumbrada a sacar los recursos de todos nosotros a “lavaderos” fiscales; a todo menos a buscar que bajo juramento los diputados, banqueros, ministros, etc., digan a los costarricenses que ellos y sus empresas no tienen recursos en los “lavaderos” fiscales.
No hay que tomar el poder electoralmente para luchar por la paz y la justicia. Entiendo que la “seguridad ciudadana”, otro de los problemas que nos aflige a todos, pasa por replantear urgentemente la lucha binacional de fenómenos como el narcotráfico y el terrorismo.
El terrorismo y el narcotráfico son problemas propios del siglo XXI, que no pueden ni deben abordarse bajo una sola óptica que empuja hacia más represión y violencia, que atentan contra nuestra paz y nos tienen secuestrado como país.
Aunque es global el problema, no entiendo el temor de ver el asunto desde una perspectiva plurinacional, ya que todos los países del orbe son perjudicados por el narcotráfico y el terrorismo. Estas desgracias requieren de la experiencia mancomunada, que resguarde cada país su soberanía, la exigencia de trato igualitario como Nación, el respeto mutuo y el no intervencionismo.
Esperaré los debates del Partido Acción Ciudadana, Unidad Social Cristiana y el Frente Amplio para ver si, por fin, rescataremos en serio la solidaridad interna y externa para garantizar la paz local y regional, donde nuestro principal norte es el diálogo y no las cañoneras con que quieren defender lo indefendible: la sumisión, la inequidad, la impunidad y la exclusión. Esperaremos, muchachos, esperaremos estos debates.


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