Opinión

Salud mental y bienestar biopsicosocial en la comunidad universitaria

En una de las columnas a la entrada del edificio de la Facultad de Medicina hace poco tiempo los estudiantes colocaron varios carteles para manifestar su inconformidad ante la persistente y prolongada afectación de los cursos de la carrera de Medicina debido a la pandemia y el consecuente cierre de acceso a los campos clínicos. Me permito destacar uno en particular, en el cual se lee “Nadie está feliz”. La nostalgia por la ausencia estudiantil evocó en mí una renovada ilusión por formar parte de una universidad que propicia la igualdad de oportunidades a las personas estudiantes, de forma inclusiva y potenciadora de sus propios recursos personales, además de la formación académica.

Sin embargo, la pandemia y sus consecuencias sobre la continuidad del proceso de formación de grado (y hasta de posgrado) ha sido injustamente implacable con los estudiantes del sector salud, resultando especialmente privativa para los estudiantes de la carrera de Medicina.

Ciertamente, los docentes y estudiantes han realizado ingentes esfuerzos en torno a la migración a la modalidad virtual de múltiples cursos en las diferentes carreras de la UCR, congruentes con el propósito de dar continuidad a las actividades académicas y sostener así una gran parte del quehacer universitario. No obstante, ante los avances exitosos en otras carreras, lo real es que aún se enfrenta un indeseable y todavía sostenido impedimento del acceso a las instalaciones de la Seguridad Social, como histórico y selecto domicilio de los cursos clínicos e internados de las carreras de la Salud (como Medicina, Farmacia, Microbiología, entre otras). La imposibilidad de virtualización para las actividades académicas inherentes a la formación clínica afectó de manera especial a las personas estudiantes de este sector.

La pandemia se ha extendido por más de año y medio y va a seguir. Se postula una nueva normalidad que implica convivir con esta mientras nos arrebata vivencias y seres queridos. Sin embargo, su impacto ha sido extremo al diferir, por tanto tiempo, la formación universitaria a las personas estudiantes de Medicina y de otras carreras del sector salud.

Es pertinente comprender que, si bien ese aplazamiento nos genera una gran preocupación —por decir lo menos—, lo cierto es que abona nuestra muy humana vulnerabilidad y falta de control sobre las cosas. Más aún, resulta amenazante a nivel individual para las personas estudiantes, que están expuestas a una incertidumbre permanente y resultante de la postergación de su proyecto de vida, con la consecuente e inevitable afectación de su bienestar biopsicosocial.

Destacan en el último año las estrategias desarrolladas para promover la salud mental en la UCR. Estos esfuerzos son propicios y convenientes para la comunidad universitaria, deben continuar de una manera consistente y efectiva, siguiendo el camino iniciado bajo el noble propósito de mejorar el bienestar biopsicosocial de todos. Es pertinente enfocar de manera prioritaria el beneficio de las personas estudiantes y de forma sistemática impactar en todas las sedes universitarias. Hasta el Plan Estratégico Institucional 2021-2025 es explícito en este sentido (objetivo 6.2 Promover el bienestar biopsicosocial de la comunidad universitaria, para contribuir con entornos estudiantiles y laborales saludables), por lo que es imperativo dar continuidad y lograr el mayor alcance para beneficio de todos.

Es imperioso comprender que la pandemia todavía no termina y mantiene su impacto en las múltiples dimensiones de nuestra vivencia cotidiana y académica, enfrentamos tiempos difíciles y sus consecuencias persistirán por mucho tiempo después. Nos está afectando a todos aunque resulta especialmente ostensible para las personas estudiantes por el indeseable rezago en su formación para la vida. Hay que seguir adelante, vendrán tiempos mejores y nuevas oportunidades.

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