Rodrigo Facio y el Estado Social

El humanismo de Rodrigo Facio y su concepción de la economía requieren de la intervención del Estado para que las personas puedan realizarse plenamente.

El humanismo de Rodrigo Facio y su concepción de la economía requieren de la intervención del Estado para que las personas puedan realizarse plenamente. Las personas no existen para servirle al Estado, más bien el Estado existe para servirle a las personas, como principio y fin de todas las acciones públicas.

Desde la perspectiva de Facio, el punto de equilibrio que propone entre justicia social y eficiencia desde el plano económico, o como lo denominaría hoy, Joseph Stiglitz Premio Nobel de Economía, el balance entre Gobierno y mercado, no se produce de manera automática y mucho menos –diríamos aquí—mediante el mito de la mano invisible, de Adam Smith. Ese punto de equilibrio solo es posible con la planificación y la intervención del Estado de corte social –lo que Facio denominaba liberalismo constructivo o constitucionalismo social– no solo para ordenar la economía, sino también para propiciar el mejoramiento de las condiciones de vida de todas las personas.

En relación con este punto sostiene que, “el Estado no debe desentenderse en un criminal laissez faire de los resultados de la economía, ni arrogarse la dirección de la vida nacional entera… porque lo primero conduce a la injusticia social y lo segundo a la guerra económica y a la quiebra del Estado”. Hoy, Daniel Innerarity lo explica diciendo: “cuando el economicismo se impone, la sociedad acaba crujiendo. Entre el marxismo y el neoliberalismo hay un elemento común: la atribución de un carácter determinante al factor económico, que olvida la conciencia trágica de la humanidad y convierte al sujeto en ser unidimensional y aislado”.

El Estado social o el intervencionismo que propone Facio pretenden la consecución de ciertos fines de carácter general, como medio para neutralizar los aspectos adversos resultantes del funcionamiento de un Estado puramente liberal, abstencionista, reducido a realizar funciones de policía.

Esta concepción social del liberalismo y del Estado está directamente relacionada con el valor de la igualdad, entendida esta como igualdad real o efectiva. Lograr esto implica que el Estado debe controlar y corregir los desequilibrios que puedan considerase perjudiciales para las personas y la sociedad como un todo, producto del libre desencadenamiento de las fuerzas socioeconómicas o del colapso del Estado burgués liberal decimonónico.  En relación con este diagnóstico, Facio insiste, en que la libertad no puede reducirse a un mero reconocimiento en un texto constitucional, sino que debe traducirse en una capacidad de acción, “desde el momento en que no es libre el hombre estrangulado por la miseria, flagelado por la ignorancia y torcido por la mano dura de los fuertes”.

Si el Estado es una creación humana, el Estado debe estar siempre al servicio de las personas. Por tal razón, el Estado ha de intervenir en los procesos económicos para que estos produzcan “sus resultados en consonancia con las necesidades éticas y de justicia fundamentales de la comunidad contemporánea.” Y aclara, que esta intervención no conlleva la desaparición de la “economía libre” ni de la “propiedad individual”, solo su regulación en beneficio del interés social o de la colectividad; “pero siempre teniendo por estrella de orientación el respeto a la dignidad del hombre y el mejoramiento de sus condiciones de vida”.

Se trata, pues, de que el Estado garantice un mínimo de condiciones materiales, para que todas las personas puedan vivir de manera coherente con el reconocimiento de la dignidad de la persona humana como fundamento del mismo orden constitucional. De ahí su decidido apoyo, como miembro de la Asamblea Nacional Constituyente de 1949 al capítulo de las garantías sociales, que consagra nuestra Constitución Política; capítulo que, entre otros, reconoce el derecho a la protección de la familia, a la seguridad social, a la salud, a la vivienda, a la educación, a la autonomía universitaria, al trabajo, a la sindicalización, a la huelga y, por recientes reformas, también se reconoce el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado.

En fin, Rodrigo Facio concibe y defiende un tipo de Estado, esencialmente democrático, solo concebible como un medio puesto al servicio de la persona humana. Y que es la persona humana y su dignidad, lo que constituye en última instancia, el parámetro, el punto final y definitivo de referencia para juzgar lo que puede hacer o no el Estado.


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