Opinión

Reflexiones desde la Geopolítica sobre la “soberanía” de Costa Rica

La geopolítica es el estudio de la influencia de los condicionantes geográficos sobre las relaciones de poder político entre estados-nación, por recursos, medios de producción y construcción hegemónica. Dentro de esos un Estado debe configurar las variables que garanticen un territorio de calidad (capacidad científico-tecnológica, productiva y de defensa-seguridad nacional) como punto de partida para alcanzar las condiciones óptimas exigidas para desarrollar un umbral de poder mínimo, sobre el cual delinear la política exterior para afrontar las relaciones internacionales propias de la política internacional.

Por tanto, es necesario enfocarse en la situación de Costa Rica y sus desafíos, dentro de las crisis globales: económica, energética, sanitaria, política y de seguridad. A nivel regional, se encuentra en una de las zonas más peligrosas del mundo, 1- forma parte de las rutas del narcotráfico desde sur (donde se produce) a norte (donde se financia la producción y se consume) con el consecuente asentamiento del crimen organizado, 2- es vecino de un país atacado por diversas vías de guerra híbrida ejercida por el injerencismo de EE.UU., ante lo que la clase política local se la pasa adoptando una postura servil a la potencia, y 3- no tiene política de seguridad nacional clara.

En este punto es importante cuestionar: ¿comprende la dirigencia política sobre geopolítica?, ¿los actuales candidatos tienen estrategias para cumplir objetivos geopolíticos que garanticen los intereses de los costarricenses? Es posible pensar que existen déficits teóricos, filosóficos, metodológicos y estratégicos para ambas preguntas.

Respecto de las preguntas, no es que no se identifiquen intereses o no se pueda formar estrategias, sino que la lógica de dominio ha generado una transferencia ideológica que le asigna a Costa Rica un rol determinista del perfil y capacidad productiva, cuyo desarrollo económico se persigue mediante una economía de servicios basada en IED. Cualquier planteamiento soberano-industrialista alternativo, se rechaza por el complejo de inferioridad impulsado por los centros de poder que evitan localmente esas políticas; así como se rechaza toda capacidad de autosuficiencia alimentaria, para no dañar negocio a transnacionales que envían sus transgénicos y agroquímicos.

Además de una postura muy débil en relación a formular atributos de poder para ser el líder regional. La “vía tica del diálogo” es un eufemismo para adoptar ideas y guiones impuestos por otros para construir una sociedad poco exigente, que a los ojos de la política internacional es “estable”, porque no es capaz de plantear reclamos incómodos contra terceros, en este patio trasero.

Esta política exterior basada en “neutralidad”, “democracia” y “estabilidad”, en renuncia de los intereses propios de seguridad y soberanía nacional, ha sido la praxis política local para sostener, por cualquier vía posible, las buenas calificaciones financieras que atraigan IED.

¿Qué hacer?

Se debe comprender el mundo actual; los ideales son pacíficos pero la historia es dialéctica. Y es, precisamente, esta dialéctica la que impulsa a los actores de poder que disputan el liderazgo hegemónico en la política internacional. Esto siempre ha sido así, más en la actualidad, tras décadas de generación de un código simbólico de “país de paz”, que no disputa ningún objetivo por la “paz”; esto ha calado hondo en el subconsciente colectivo local.

Este mito debe quebrantarse, porque fingir que existe es un error que la sociedad costarricense no debe pagar. La geopolítica busca generar un territorio de calidad, aprovechando los atributos geográficos; este aspecto debe potenciarse mediante un desarrollo económico priorizando educación e investigación en áreas STEM, sin dejar de lado una óptima formación en pensamiento crítico y creativo, y una constante protección de los recursos naturales estratégicos.

Hay que tener consciencia que estos cambios, además de mejorar las condiciones materiales de la sociedad costarricense, traerán consigo conflictos, los cuales, por medio del desarrollo económico le permitirán a la clase política la toma de decisiones de seguridad nacional que impulsen mejores servicios de inteligencia, capacidades en ciberseguridad y ciberdefensa.

Si Costa Rica realmente como sociedad política quiere ser una nación soberana, estos son los riesgos que se deben asumir. Si no se quiere ser soberanos, entonces, seguir como hasta ahora.

 

Suscríbase al boletín

Ir al contenido