Razón y sentimiento: Un hombre llamado Ove

Hace no ya mucho tiempo, algún demiurgo bromista nos invitó a pasar un tiempo en un planeta cercano al sol.

Hace no ya mucho tiempo, algún demiurgo bromista nos invitó a pasar un tiempo en un planeta cercano al sol. Para colmo de males esa invitación venía acompañada de dos dádivas: la razón y el sentimiento. La razón es nuestro castigo porque nos obliga a saber, a preguntar y a preguntarnos: ¿Cuál es nuestra razón de estar aquí? ¿Qué sentido tiene? ¿Se acabará la invitación el día de la muerte, o habrá una nueva broma de la cual seremos víctimas después de que, por una razón u otra se termine nuestro paso por este planeta?

El sentimiento es nuestra liberación. Con él creamos todas las fantasías que nos permiten seguir viviendo sin la certeza de saber la respuesta a todas las interrogantes anteriores y muchas más. En otras palabras, el sentimiento es el escape para reírnos de nuestra tragedia. Pero no se vive solo, se vive con los demás, es comprensión, solidaridad, tolerancia, amor; y para poseer todo esto se necesita humildad y humanidad.

Ove es un personaje con muy limitada razón y casi sin sentimiento, con excepción de la piedad que siente por un gato que adopta, truco algo trillado del guionista para lograr alguna identificación entre el personaje y el espectador. Construye su existencia con rutinas muy simples y con convicción absoluta de que todos los que le rodean son idiotas, o por lo menos más idiotas que él. Sí… le han pasado muchas cosas terribles y le siguen pasando; la vida no da tregua en la tortura. No se da cuenta que no necesita suicidarse ya que la vida poco a poco lo está matando y la ausencia de sentimiento, por los demás, lo llena de abundante soledad.

El arquetipo de viejo gruñón responde a la premisa de identificación: “Yo conozco alguien así.” Constituye una figura muy común en el cine. El dolor que siente por su esposa fallecida inquieta, y el espectador se imagina: “será la esposa la que frustra los intentos de suicidio porque está muy tranquila donde está sin él.” Porque hasta el más religioso se preguntará ¿cómo pudo una mujer tan brillante enamorarse de un tipo tan oscuro? Envejecer conlleva una profunda reflexión sobre el dolor y la soledad y el concepto de calidad de vida en la vejez apela a los buenos sentimientos.

Mérito a quien lo tiene, la película la salva el actor. La muy buena interpretación de Rolf Lasgard sostiene todo el entramado dramático y logra, con las escenas suicidas, mantener un equilibrio entre la tragedia y la farsa y permite que el relato más bien se oriente hacia la tragicomedia antes que al melodrama lagrimón.  Aunque es muy evidente y “presagiable” que, al final, ese fastidioso misántropo, más por oficio del guionista, que por la relación causa – efecto de las acciones estructuradas en el relato, se encamine hacia su redención y humanización.

No cabe duda que resulta la mejor película de Hannes Holm que, sin la profunda visión de un Bergman, hace lo suyo y divierte a su público manteniendo estructuras fílmicas tradicionales y complacientes, quizá pensando de antemano en el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, donde se presentó y quedó de candidata. Sin embargo, está bien hecha, hay un buen manejo de la fotografía y de la música, pero quizá, lo más importante, sea esa sensible reflexión humanista que le impregna a su película, donde, sin lugar a dudas, la muerte, con razón o sin razón, con sentimiento o sin él, viene a ser la solución a todos los males de la humanidad.


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