Radicalismo dominante y radicalismo de la resistencia al 2019

Nuestros tiempos, los tiempos de luchas, de las tensiones, de los “ojo por ojo diente por diente”, los tiempos marcados por una disputa cada vez más evidente de intereses y de la naturaleza de estos.

Nuestros tiempos, los tiempos de luchas, de las tensiones, de los “ojo por ojo diente por diente”, los tiempos marcados por una disputa cada vez más evidente de intereses y de la naturaleza de estos. Hay que poner atención en lo que (no) se dice, en cómo (no) se dice, la razón de por qué (no) se dice, quiénes (no) lo dicen, dónde (no) lo dicen, la finalidad de lo que (no) dicen. Si tomamos esta recomendación podremos notar la confrontación de un radicalismo dominante (todas aquellas posiciones/acciones provenientes de quienes dirigen el rumbo de Costa Rica) contra un radicalismo de la resistencia (todas aquellas posiciones/acciones provenientes de quienes luchan contra las decisiones de quienes dominan la sociedad). Este segundo radicalismo como una aspiración que creo debemos tomar frente al claro radicalismo dominante. Y si llegamos a notar esta tensión podremos construir nuestras propias perspectivas críticas de las realidades sociales en Costa Rica.

Cuando me refiero al radicalismo dominante solo hace falta volver a ver quiénes dirigen a la sociedad; es decir, gobernantes, empresarios (as), transnacionales e iglesia católica y evangélica (sumando la entrada en el juego de actores políticos de origen neopentecostal). ¿Por qué estos? Nada más debemos escuchar posiciones recientes: un Estado cómplice en las agresiones de los pueblos indígenas de Costa Rica, los partidos de derecha dentro de la Asamblea Legislativa (es decir, los partidos de 56 de los 57 diputados) impulsando el Proyecto de Ley 21 049 que “regula” (léase: prohíbe) el derecho fundamental a la huelga, impulsando el Proyecto de Ley 21 336 que busca desmantelar el empleo público (léase: desmantelamiento del Estado), el impulso al Proyecto de Ley 20 786 en busca de promover la educación dual (léase: mano de obra barata y explotación laboral de estudiantes de secundaria) y la próxima entrada en vigencia de un IVA que afecta a las personas empobrecidas de la sociedad. Todos estos proyectos en busca de atropellar los derechos de la clase trabajadora y con el afán de arrasar con todo indicio de vida digna.

También se notan las constantes y férreas posiciones de grupos de derecha y religiosos en contra de la legalización del aborto, en contra de la educación sexual y métodos anticonceptivos, posiciones que no han hecho más que violentar radicalmente los derechos de las mujeres y de la población sexualmente diversa en específico y de personas en general. Esto porque no entran en su esquema moral y sexual, como si todas las personas compartiéramos dichas posiciones.

¿Cómo no ser radical ante tales posiciones radicales? Claro está, tanto de fondo como de forma, que lo expuesto anteriormente es la muestra de la radicalización de los sectores religiosos y neoliberales (ambos conservadores) que buscan legitimar lógicas capitalistas, patriarcales y religiosas hegemónicas a costa de humanos que sufren las consecuencias de su rebeldía.

¿Cómo no ser radical ante tales posiciones radicales? Las posiciones y acciones de nosotros (as), la resistencia, deben ser intensamente radicales. No podemos ser “tibios (as)” ante tal arremetida religioso-neoliberal, no podemos ser complacientes ni mucho menos negociar en un ambiente donde lo que busca esta alianza radical religiosa-neoliberal es ganar sí o sí y quitarle conquistas a la resistencia. Debemos tomar toda posición y acción radical que asegure un Estado robusto que responda a las necesidades de la mayoría oprimida, debemos enfrentar la lucha en defensa de los derechos más fundamentales (como el derecho a huelga y a una educación liberadora, por ejemplo), que asegure la pluralidad y multiculturalidad.

No debemos exigir norma técnica para el aborto, debemos exigir aborto legal, libre, seguro y gratuito, no debemos pedir ayuda institucional para los pueblos indígenas, debemos exigir el respeto a sus autonomías y sus derechos. Que nos tachen de radicales, pero el radicalismo dominante se combate con radicalismo desde la resistencia.


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