¿Quién cuida al que cuida al adulto mayor?

La vejez es una época de la vida que puede ser tranquila, hermosa, energética y activa; pero también puede llegar a ser dolorosa, agobiante, abrumadora e, incluso, una carga muy pesada de llevar para la persona en condición de ancianidad.

La vejez es una época de la vida que puede ser tranquila, hermosa, energética y activa; pero también puede llegar a ser dolorosa, agobiante, abrumadora e, incluso, una carga muy pesada de llevar para la persona en condición de ancianidad. Por eso, cuando una persona mayor ya no puede valerse por sí misma, es atendida por un tercero; por ejemplo: Hogares de Ancianos, enfermeras o enfermeros especializados en su cuido contratados por algún familiar, o bien, familiares del o la dependiente.

Cada día en Costa Rica aumenta la tasa de personas adultas mayores que requieren de cuidados personales, debido a que su condición, tanto física como psicológica, ya no les permite realizar sus actividades diarias; tales como ducharse, caminar, comer, ir al sanitario, entre otras. Muchos de estos ancianos se encuentran en condiciones bastante críticas –por ejemplo, tienen alguna discapacidad y/o enfermedad–, por lo que su cuidado se vuelve aún más necesario.

Aquellos familiares, en su mayoría mujeres, que cuidan a las personas adultas mayores se ven envueltos en una serie de dificultades, debido a que su atención no es nada fácil. Además de cumplir con las tareas del hogar o las del trabajo, deben estar anuentes a todas las necesidades que la persona mayor requiera, deben llevar el control adecuado y aplicación de los medicamentos, deben llevarla a citas con el especialista y, en caso de que sufra una baja estando en casa, deben ir urgentemente al hospital. Igualmente, los gastos económicos que su cuidado implica son bastantes exuberantes (en su mayoría), por lo que eso es otra carga más con la que la/el cuidador debe lidiar. A lo anterior se le adhiere el hecho de que dejan de atender sus propias necesidades; es decir, por lo general se descuidan y no duermen la cantidad requerida, se saltan espacios de comida y el cuerpo con el pasar del tiempo se ve afectado por el esfuerzo que se hace al levantar al enfermo o a la persona con discapacidad y moverlo hacia distintos lugares; todo lo anterior, entre otros factores, afecta la estabilidad física y la salud mental de la/el cuidador.

Por lo general, una sola persona, máximo dos, es la encargada de velar por la estabilidad de un adulto mayor. Los demás familiares se excusan con distintos peros y otros simplemente se lavan las manos como Pilatos y dicen no al cuidado de ese ser humano que les necesita, haciendo que una persona, no solo por amor o responsabilidad, sino también por obligación, sea quien atienda al enfermo.

Un aspecto relevante a destacar es que la mayoría de las/los cuidadores son personas también ya mayores y no jóvenes que tienen mayor fuerza, agilidad y flexibilidad para realizar las actividades diarias con la/el dependiente. Al ser ambos personas mayores, existe mayor riesgo de que la/el anciano pueda tener un accidente, debido a que su manejo será más complicado para una persona que le cueste, incluso, manejarse a sí misma.

Un factor fundamental es la asistencia por parte de programas del Estado, que brinden apoyo no solo a la clase en extrema pobreza, sino también a la clase media, por medio de capacitaciones sobre cómo llevar una vida saludable tanto para la/el cuidador como para la/el dependiente; esto con el fin de que la vida de ambos sea más óptima y, a la vez, sus condiciones de salud mejoren. También es necesario la asignación de recursos mensuales para la compra de pañales, cremas y otros, o bien que brinden apoyo con sillas de ruedas o camas especiales.

Es importante que todas las personas, desde chicos hasta grandes, tomen conciencia de que, si Dios les permite llegar a esa etapa de la vida, van a necesitar de alguien que las auxilie, por lo que deben estar dispuestas ayudar a quien lo necesite y con mayor razón si es un familiar que les ayudó cuando solo eran un bebé o un niño que no podía hacer sus cosas por sí mismo.


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