Opinión

Qatar, sportswashing y la explotación del hombre por el hombre

El sportwashing ha sido la práctica de poder blando que corporaciones y Estados usando el deporte para mejorar su reputación a través de la organización de eventos deportivos; cortinas de humo para tapar sus malas acciones, por medio de la compra o el patrocinio de equipos de fútbol u otras disciplinas, siendo partícipes del deporte mismo. La maniobra es inteligente por parte de los gobiernos, minimizan sus acciones tras la pasión de los aficionados al fútbol.

El deporte promueve las conexiones entre diferentes culturas, permite dejar de lado las diferencias y compartir valores comunes. Por ello, los espectáculos y eventos deportivos se utilizan en muchas ocasiones como herramienta de política exterior y de esta forma alcanzar diversos objetivos, reconstruir relaciones, ganar presencia y reconocimiento global, limpieza de imagen. Ejemplo reciente de esto, los juegos olímpicos en China o los mundiales en Rusia y Qatar.

El deporte representa fielmente la vida, requiere sacrificio, pasión y esfuerzo, características necesarias para alcanzar cualquier objetivo. Si una palabra define el deporte como «global», es impresionante lo fácil que es, une a las personas y derriba barreras, ya que inmediatamente se piensa en política, lo cual incluye todo, y en el juego político casi todo se vale.

Es casi imposible pensar en una sociedad ignorando sus aspectos políticos. Las competiciones deportivas, sin querer, terminan siendo asociadas a la política, y en ocasiones, discurren por caminos entrelazados. El ser humano es un animal político y se manifiesta de diversas formas, con ejemplos de deportes que presencian la defensa política.

Un ejemplo actual es el mundial en Qatar, país que en 2010, ganó el derecho a albergar la Copa Mundial de la FIFA 2022. Con los años, ha ganado influencia significativa en los deportes mundiales, ha organizado eventos deportivos internacionales aumentando su presencia global. Invierte en el deporte internacional a través de patrocinios, compra de equipos de fútbol y otras disciplinas, derechos de transmisión, construcción de instalaciones deportivas de última generación e incluso tener canales deportivos para su estrategia de poder blando y propaganda.

El deporte global sigue el desarrollo internacional, los regímenes autoritarios ricos en recursos, se han convertido en actores importantes para el deporte. Aunque la diplomacia deportiva de Qatar genera una nueva y ambiciosa atención, conduce a un mayor escrutinio sobre su política interna, con críticas acerca de sus verdaderas intenciones.

La violación a los derechos humanos que ocurren genera cuestionamientos de las verdaderas intenciones del mundial. Ya que desde hace tiempo se han reprimido a las poblaciones migrantes que han llegado a trabajar al emirato y pese a las reformas gubernamentales, sufren abusos laborales y tienen dificultades para cambiar de empleo libremente. Además, se restringe la libertad de expresión.

Críticos han señalado que la FIFA eligió Qatar por medio de sobornos. El Departamento de Justicia de EE. UU. ha acusado a varios funcionarios de la federación de una variedad de delitos, entre extorsión, fraude electrónico y lavado de dinero, algunos de los cuales están relacionados con la candidatura mundialista.

Es indignante cómo la explotación va más allá. La ONG Human Rights Watch afirmó que miles de trabajadores migrantes sufrieron graves abusos laborales mientras trabajaban en Qatar para la Copa del Mundo y aún no han recibido compensación económica, con la excusa de que se les da trabajo, sin contemplar el riesgo para la vida de las personas con tal de tener un ingreso digno.

Es evidente que lo único que les interesa es lo económico, aunque incurra en el sufrimiento de vidas humanas, categorizadas como inferiores. Sobreponen sus intereses sobre la vida, callan la crítica a través de la distracción, pan y circo nuevamente será la receta para tapar las atrocidades que en el nombre de la explotación del hombre por el hombre ocurren.

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