Procesión y profesión de fe

La expresión social, una romería profusa, con que los costarricenses muestran sus afectos cada inicio de agosto hacia la Virgen de los Ángeles ha sido adobada en los últimos años por juicios que la desean más restrictiva o autoritaria.

La expresión social, una romería profusa, con que los costarricenses muestran sus afectos cada inicio de agosto hacia la Virgen de los Ángeles ha sido adobada en los últimos años por juicios que la desean más restrictiva o autoritaria. En el 2017 la Conferencia Episcopal local resolvió que el Presidente de la República (tradicionalmente invitado a la misa dispuesta para la fiesta) no debía hablar durante la liturgia. Dio una razón institucional: el protocolo del Vaticano permite a los jefes de Estado, en cuanto tales, asistir a las misas, pero no hablar en ellas. Se vive una celebración ritual y el único discurso es la homilía. “El obispo al que le corresponda dar la homilía es el que se va a dirigir al pueblo. No es que el presidente no pueda hablar; el Presidente puede hablar en otros momentos, pero dentro de la eucaristía estamos viviendo la eucaristía como debe de ser”, dijo el funcionario clerical responsable de informar. Explicación magra. La celebración de la Negrita no es solo “eucaristía sagrada”, sino marcha masiva que la torna en comunión de diversos: ordenados y no-ordenados, mujeres y hombres, niños, adultos y ancianos, seres humanos y animales, ciudadanos locales y turistas, por mencionar algunas diversidades. Un segundo aspecto es que el Presidente de Costa Rica es invitado a asistir en cuanto Presidente, no como fiel religioso. Podría no aceptar el convite y declarar que, por tratarse de un asunto institucional privado, no asistirá a él porque su estatus se lo dan los ciudadanos y su presencia podría ser entendida por otras religiosidades como signo o de preferencia o de discriminación. Si solo llega como un fiel católico más no tiene sentido invitarlo como Presidente. De igual manera, al cuerpo diplomático asignado en el país (imaginamos también se les convoca) se le podría invitar en nombre de la Santa Sede. Así, podrían asistir o no como cortesía no a la Negrita, sino a esa institución.

Los voceros episcopales, sin embargo, también dieron otra razón para el silencio exigido al Presidente de Costa Rica. En la invitación personal se lee: “Como usted bien sabe, señor Presidente, algunos generadores de opinión y medios de comunicación han convertido esta celebración en un “meeting político”, una especie de rendición de cuentas del Estado a la Iglesia y no pocas veces han instrumentalizado tanto la Homilía, como el mensaje del presidente de turno, empañando el carácter sagrado de la celebración”. O sea, tampoco pueden hablar desde o sobre esta sagrada celebración los “generadores de opinión” y los “medios de comunicación”. Menos ¡horror!  tornarla meeting político aunque el obispo oficiante se pronuncie (no le queda de otra) políticamente. “Calladitos es más bonito”. Suena a imperio católico. Lo mejor sería no invitar al Presidente en cuanto tal. Que ella o él asistan, si lo desean, como una oveja más. En la fiesta sagrada son eso. En cuanto a los medios, callarlos es inconstitucional. Hay que encomendárselos al Espíritu Santo. Él sabrá.

En este 2018 los principales tiros los hizo un religioso ordenado (el Espíritu Santo se hace presente en ellos a veces), el diocesano Sixto Varela. Disparó contra quienes favorecen el aborto (terapéutico) y les pidió no romerizar porque incurrían en contradicción. El lío del padre Varela resulta de estimar que en la marcha solo van católicos y también de creer que catolicismo e IC son la religión y la iglesia “verdaderas”. No tienen par. En verdad, la romería convoca a andarines atraídos de distintas formas por la marcha. Unos piden favores, otros los pagan, para varios es rutina espiritual familiar, algunos están ahí como parte de un programa turístico, no faltarán quienes van a la pura bulla y otros para aprovechar de robarse alguito o mucho. La mayoría se declara católica, pero en América Latina y en el mundo esa confesión aclara nada. Somoza fue católico, el general Videla catoliquísimo, Pinochet rezaba Padre Nuestro y Ave María, obispos pederastas (según revela la prensa) han ejercido su rango por décadas. Desde luego hay gente cristiana (y también católica) devota: su patrón de vida es tratar a los otros como prójimos porque ellos también lo son. Quizás son minoría, nunca se les ha contado. Pero a quienes romerizan en estos días de julio-agosto no se les puede exigir ser católicos. Comparten un happening. Y la Virgen María no es católica. Evangélicamente es madre de la encarnación de Dios: Jesús de Nazaret. Ningún evangelio la declara católica. La institución no existía entonces. La madre de Jesús puede ser ecuménica, no católica. Por supuesto se la puede raptar. Madre ecuménica y especie ecuménica. Suena grato. El padre Sixto en cambio rechina. Abortistas pueden estirarse, caminar, trotar y arrodillarse tranquilos. La madre de Jesús los ama.


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