Dicen que la industria cinematográfica se adelanta, como parte de su ficción y entretenimiento, a los tiempos, profetizando el futuro, dentro de un mundo de ensueño. Lo cual resulta ser una verdad vivida por las generaciones de los “X”, cuando allá por los años 70 la televisión y el cine desbordaban con la ciencia futurista a los “relojes inteligentes”, en la serie japonesa de Ultra siete (impensable, pues la mayoría de los relojes eran de cuerda) o “la inteligencia artificial” (IA), en la serie estadounidense Los Supersónicos, en donde en uno de sus capítulos, al ir “Super” (el padre de la familia supersónica) en su “aeroauto”, a menos de 500 kilómetros por hora y de paso no detenerse en una luz roja, es detenido por un motociclista robot, guardián del orden y la ley, y, de manera inmediata, procede a dictar una sentencia condenatoria, mediante una máquina con inteligencia artificial, denominada: “juryvac”.
Todo esto hoy es una realidad y se debe tomar en cuenta, dentro del ámbito laboral, por los beneficios (mayor producción a menor costo y, por ende, más ganancia, con menos desgaste físico humano) y perjuicios (violaciones a la privacidad, intimidad, nuevos riesgos laborales, etc.), que están conllevando, así, por ejemplo, ya existe el robot ross, para resolver casos jurídicos, lo cual está excluyendo el servicio de montones de profesionales en derecho. Por otra parte, la inteligencia artificial (IA) es la que está provocando la inclusión o exclusión dentro de las contrataciones de las personas. Por su parte, la robótica está desplazando la mano de obra que hacían los humanos, dentro de los puestos de producción repetitiva; se están posibilitando nuevas fuentes de trabajo en el metaverso, con remuneraciones ya no en papel, sino por moneda digital, la cual, por cierto, la legislación patria no la contempla, como forma viable de pago. Es decir, el derecho no está regulando oportunamente esta realidad social globalizada, quedando rezagado, ante la maraña burocrática que caracteriza a los sistemas mundiales.
Precisamente, dentro de esas “premoniciones cinematográficas” a las cuales no es posible abstraerse —considerándolas como mero entretenimiento—, se posiciona, con gran suceso, la película hollywoodense Misión imposible 7: Sentencia mortal parte 1 con una historia en donde la IA se vuelve en contra de los seres humanos (por mano criminal de quienes quieren la llave del poder absoluto, sobre los gobiernos del futuro), teniéndose que volver a lo analógico, a la utilización de las máquinas de escribir, a la tecnología del pasado, como medida, para evitar los ataques cibernéticos de la IA (destrucción del submarino ruso Sebastopol), producto de las nuevas formas de comunicación y desempeño del nuevo orden mundial.
Esto viene a significar un adelanto y, por ende, una alerta, de lo que, como sociedad se debe prever para evitar, precisamente, estas historias, que hoy parecen de ficción, pero que van a ser una realidad muy pronto, en todos los quehaceres de la existencia de la humanidad.
Por ello, es necesario incluir el componente ético, el principio de transparencia, en la creación y alimentación por medio de variables de la IA y la robótica. En el campo educativo, formar personas, en donde además de las habilidades duras, se les maximice las blandas, tales como la empatía, trabajo en equipo, inteligencia emocional, servicio al cliente, preocupación por los demás y otros requerimientos más, con los que se debe competir con los robots, junto con archivos físicos, que guarden memoria histórica humana, en caso de ciberataques o desconexión virtual. Es decir, una readaptación y resiliencia por parte de la humanidad, la cual, en un futuro no muy lejano, las reyertas jurídicas en el ámbito de la colectividad no van a ser temas sobre regulaciones de las jornadas, sino sobre cupos y oportunidades de trabajo para las personas humanas.

