Opinión

Por la boca muere el pez

Con este refrán nuestros abuelos despachaban al fantoche, al hablador de esquina. A ese o esa que hablaba sin que nadie le preguntara nada. A ese atorrante que cree que su opinión es La Opinión. ¡Y de opiniones están hoy infectadas las redes sociales!

Valdría aclarar que por la boca también vive el pez.

Vamos al grano. No sé usted querido lector, pero yo siento que el aire está hoy un poco enrarecido en esta Costa Rica, producto de una ignominiosa actitud ya muy entronizada en nosotros. Pareciera que provocar polémica es sinónimo de buscar la controversia.

Hoy, algunos personajes criollos, en su afán de alcanzar el anhelado sueño de autoimportancia, confunden el ejercicio de la crítica con un golpe de inmodestia y mala educación que raya, en muchos casos, en el autobombo.

Por ejemplo, en muchos noticieros televisivos es común ver y escuchar a algunos presentadores expresando su opinión respecto al suceso o la noticia que están comunicando, lo cual es ya un claro indicio de despropósito que violenta con la objetividad del suceso en sí. ¡A nadie -creo- debería de importarle el juicio de valor del presentador respecto al contenido de la nota! Pues, de conocerlo, podría generarse en algunos receptores una distorsión interpretativa no conveniente. Salvo, ¡y esto pareciera que es lo que ocurre!, que el periodista (no sé si el término correcto sería llamarlo presentador de noticias) menosprecie las herramientas analíticas del espectador.

Incluso, en algunos casos muy notorios, estos personajes tienen la rara certeza de que el resto de los mortales carecemos de sus conocimientos y dotes intelectuales, así como de esos infinitos atributos, tan de moda hoy, llamados habilidades blandas (empatía, inteligencia emocional, equilibrio y un largo etcétera).

Tenemos con todo esto, el caldo de cultivo ideal para que estos profesionales de la comunicación se sientan autorizados para opinar y generar controversia, en temas tan disímiles que van desde la rutina marital de un futbolista y el cambio climático, hasta la compleja discusión diplomática de las dos Coreas.

Pareciera que el implacable silogismo aristotélico que les valida en el ejercicio de su labor es el siguiente: (1) las figuras públicas son polémicas; (2) soy una figura pública. Ergo (por lo tanto), yo generó polémica. Razonamiento que, claramente, encierra una falacia de petitio principii.

Considero que estos señores y señoras deberían de ser más comedidos en sus pretensiones profesionales, pues, parece que olvidan que ellos no están por encima de la comunicación, de la información. Son el medio y no parte del mensaje. Su función principal es la comunicación en sí. No son jueces y, como comunicadores, tampoco son parte de la información.

Tal vez, esta actitud sea muy difícil de cambiar. Sobre todo, en esta época de Tiktokers, comida rápida y esa horrible inmediatez que viaja a la velocidad de la luz, con la cual buscamos incesantemente la mirada de los demás. Sin embargo, no nos vendría mal tener presente aquel atolondrado refrán invertido del Chapulín Colorado: En boca cerrada, no entra anzuelo.

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