Piratería en ciencias médicas

A la edad de 102 años, el padre de un estimado amigo sufrió un colapso, quedó en coma, y fue trasladado a una clínica

A la edad de 102 años, el padre de un estimado amigo sufrió un colapso, quedó en coma, y fue trasladado a una clínica privada, más conocida por sus precios de usura que por la recuperación de sus pacientes. Durante su corta agonía se le solicitó a mi amigo consentimiento para abrirle el cráneo a su querido padre. ¿Con qué fin? ¡Adivínenlo ustedes!

Esa piratería, como la llamó mi amigo no escapa, hoy en día, casi a ninguna profesión; pero en ciencias de la salud duele mucho más, porque sorprende al enfermo y a sus parientes en las condiciones de mayor impotencia, ansiedad, temor… Una vez ingresado el paciente a tales consultas, están a merced, tanto su vida como sus bienes, de gente tan deshonesta, que a veces hubiera sido preferible quedarse en casa y esperar una muerte más digna.

Resumiré los factores de fondo, que en mi criterio, como profesional de la salud durante 45 años, han hecho que las ciencias médicas confluyan en ese engaño y piratería galopantes.

Podría reducirse esta opinión a la torpeza, falta de solidaridad, desinterés e irresponsabilidad ¡otra vez! de los funcionarios del Estado y sus aciagos gobiernos, ¡los archienemigos del pueblo! Pero sin negar esa verdad; y a sabiendas de que son factores conocidos, revisémoslos puntualmente:

  1. La eliminación de los Estudios Generales en las universidades de garaje, incidió terriblemente en la formación humanista y ética de los profesionales; en su sensibilidad filosófica y social. Además del menoscabo a su habilidad para el uso del idioma, y a su cultura general. ¡Un médico sin todo eso es como una mariposa sin alas! Enorme error del Estado al crear Leyes de Universidades Privadas que tienen como fin primordial el enriquecimiento de grupos influyentes mediante la venta a discreción de una formación menos que mediocre.
  2. Esas leyes permitieron la proliferación, sin precedentes a nivel mundial, de empresas de engaño, excesivamente caras para muchas familias; pero más aún para la salud comunitaria que se ha visto afectada en forma alarmante; los desastres y escándalos que ocasionan la impericia y carencia de ética y solidaridad en muchos profesionales es noticia diaria desde centros de salud a todo nivel.
  3. La falta de supervisión del Estado sobre el cumplimiento curricular y planes de estudio; precisamente porque hay políticos y grupos de poder que no permiten que se afecten sus intereses particulares invertidos en esas empresas mercantiles directa o indirectamente. A diario se autorizan carreras, pero no se suspenden o descalifican las que probadamente lo están haciendo mal. ¡Y son muchas!
  4. Los colegios profesionales; ¡perdón! esos clubes sociales así llamados, usufructuados por una elite de jerarquías sin mérito, y sin otro fin que los tragos, la fiesta privada y el derroche a costa de sus colegiados, en claro contubernio con todo lo malo que hace el Estado en este campo, ya no son confiables “en su ningún intento” por mejorar las desplazadas moral, solidaridad y pericia de sus agremiados ¡y no les puede interesar! Pues cuanto más miembros se incorporen más llenan sus arcas para continuar la fiesta iniciada desde que fueron Ley de la República. Sin dejar su burbujita, su atortugada actuación burócrata se reduce a establecer sanciones a esos muchachos engañados e impartir uno que otro cursillo para que los vean haciendo algo.
  5. La absolutamente nula planificación y vigilancia del Estado y de esos clubes para cuantificar necesidades de profesionales en cada comunidad; y la falta del establecimiento de un Numerus Clausus en cada carrera y por centro de estudios, ¡para atenuar el engaño!, hacen que haya una enorme oferta de profesionales que compiten sin honestidad ofreciendo tratamientos imperitos y contraindicados; escuelas que hacen profesionales en la mitad del tiempo requerido científicamente para graduarse; y que haya sujetos ganándose la vida en puestos muy por debajo de lo anhelado, con explotación, descontento y costo social e individual muy elevado.
  6. El Servicio Social, tan útil para integrar vivientemente en el profesional la solidaridad y ética comunitarias, y fortalecer su pericia; por las mismas razones fue desmantelado y reducido a pocas plazas en contraste con el número de egresados. De nuevo culpa del Estado por su ausente planificación.

 

¡Sin formación humanista,

tan solo cuenta el dinero.

Es un faltante severo

en la medicina actual,

que baja al profesional

al nivel de un curandero!


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