El presidente de la República, el sr. Rodrigo Chaves, ha jugado una carrera olímpica por destruir el Estado Social de Derecho. Su falta de escrúpulos ha sido predominante, al punto de que ha llevado a Costa Rica a un nivel muy bajo, del que nos costará recomponernos. Es lamentable lo que se ha vivido desde su elección como presidente: el ataque a los medios de comunicación, la violación intangible que representa su presidencia para los derechos de las mujeres y el señalamiento a los poderes del estado, solo por mencionar algunas características que ha tenido esta administración, las cuales son vergonzosas.
Por años, los costarricenses han criticado a sus presidentes, electos todos, si bien es cierto, mediante el voto democrático y limpio tras jornadas electorales admirables. Actualmente, existe una ceguera de grandes nubarrones que no permiten ver la realidad tal cual es a muchos, cientos de miles de ticos que se empeñan en ver algo que no hay en usted, presidente, y su administración, además de que legitiman sus ataques, lo que es verdaderamente penoso.
Cuando el presidente habla primeramente en el Foro Económico Mundial de Costa Rica como una de las democracias que mejor funciona en el mundo, contrasta la opinión de “el jaguar” con sus recientes palabras, al llamar a este pueblo con más de doscientos de años independencia y poco más de setenta años con una rígida constitución y sin ejército como una “dictadura perfecta”, lo que ataña personalmente a grandes fluctuaciones de peligrosidad tras la desinformación en cadena que puede producirse a través de los comentarios del mandatario, que bien fueron juzgados por sus predecesores.
No se vale criticar a Costa Rica, ¡ni a su democracia!, cuando las cosas no salen como usted las desea, presidente. Coordine sus palabras, pues si algo muchos sabemos, además de que su administración no le está cumpliendo al país, es que no somos, ni seremos, una dictadura como la venezolana, nicaragüense o cubana; lo que sí somos, a pesar de que usted sea nuestro presidente, es “el país más feliz del mundo” y, también, la democracia más antigua ininterrumpida de América Latina, como lo manifestaron algunos expresidentes de la República.
Presidente, si se siente como un jaguar enjaulado, no desacredite la institucionalidad costarricense, no tergiverse la realidad y pídale a Dios, como le pedimos muchos, que el tiempo pase rápido para que usted entregue el poder de una vez por todas.

