Pandemias del olvido y del silencio

La pandemia de la ignorancia y la estupidez ha demostrado ser más fuerte y poderosa que el coronavirus, sin embargo, ha sido olvidada, silenciada, y, dada de alta, por los grandes medios de desinformación y manipulación de las masas. Jamás un medio periodístico comercial, “corrongo”, desvirtuado y amarillista como los que prevalecen en nuestro país, [...]

La pandemia de la ignorancia y la estupidez ha demostrado ser más fuerte y poderosa que el coronavirus, sin embargo, ha sido olvidada, silenciada, y, dada de alta, por los grandes medios de desinformación y manipulación de las masas. Jamás un medio periodístico comercial, “corrongo”, desvirtuado y amarillista como los que prevalecen en nuestro país, se han ocupado de semejante pandemia; mientras la historia y la realidad de todas las sociedades, han sido más que tercas en decirnos que son de las más peligrosas y atrevidas del mundo entero.

¿Será que hemos entrado en la era del dominio total de los tontos, en la etapa de control y domesticación absoluta de los imbéciles que se creen que viven en el país más feliz del mundo? ¿Será que llegó la hora de la ebullición de los ilusos que viven en un país sin ninguna política de subsidios ni seguros para desempleados y otras víctimas de pandemias y, a pesar de contemplar la injusticia, la miseria, la maldad, la explotación y el dolor de muchos, se creen que viven en la Suiza de América?. Solo el domesticador y el domesticado, solo el engañador y el ignorante, se pueden sentir felices en la democracia de los opulentos, donde el bienestar de una minoría de ricos, se asienta en los males y desgracias de una inmensa mayoría.

Desgraciadamente, la fuerza que envuelve y prevalece en nuestra sociedad es la fuerza de la estupidez y del sinsentido. Si no fuera así, los medios de prensa no se desvelaran por darnos la noticia del queque más grande del mundo, de la caída más aparatosa de un ciego, del oficio de quesero de un magistrado, de la diputada más sexy, porque lo que importa es la domesticación, la intrascendencia, la vaciedad, la nulidad del pensamiento y la destrucción del buen juicio. Medios que jamás se preocupan por fomentar la cultura y la buena educación; tampoco por alimentar una conciencia crítica y un pensamiento lúcido sobre los procesos electorales, porque si lo hacen, saben que las masas de ignorantes no irían como borregos a las urnas, y menos, aguantarían que los gobernantes elegidos, se sienten a crear leyes que les quitan su derecho a ir a huelga, y su libertad de protestar en las calles; al tiempo que sus partidos carecen de sustento ideológico, de moral, de valores, de principios; ni siquiera enseñan un mínimo de conciencia patriótica.

Otra verdad inquietante; con la aparición del coronavirus nos han inventado e impuesto un orden social de manipulación sustentado en el pánico y la histeria colectiva. ¿Cómo es posible que una nueva pandemia la quieran pasar por encima de todas las demás, que la pretendan satanizar, y más, que logre opacar a otras igual o más terribles, como el cáncer, el sida y el ébola, que han producido y producen un número mucho mayor de muertos?. Y ni hablar entonces de las enfermedades o de otras pandemias que intentan minimizar y olvidar, como la obesidad, la gastritis, la hipertensión arterial, la diabetes, la depresión, las enfermedades crónicas, y las demás gripes que también la superan en cantidad de muertos.

¿Y no resulta insultante que procuren esconder y despreciar los millones de muertos que producen las políticas y aventuras guerreristas de los grandes y poderosos grupos de poder económico y político, como los sucesivos gobiernos norteamericanos y sus aliados de la OTAN? ¿Por qué no se alerta a los ciudadanos del mundo, como se hace con la novedosa pandemia, del grave peligro que corremos ante la aparición  de Gobiernos verdaderamente satánicos, que gastan miles de millones de dólares en fortalecer y engrandecer su poder militar, y en estimular e impulsar la carrera armamentista, con el fin siniestro de utilizarla para invadir naciones, crear la guerra, y robar sus riquezas a costa de millones de muertos?. Si los medios de prensa, siervos del gran capital, corren a avisarnos de los muertos que nos deja una pandemia, y nos cuentan sus muertos de forma tan desmedida y escandalosa. ¿Por qué tratan de silenciar y de invisibilizar a los muertos que nos deja un mundo que fomenta y privilegia la industria bélica, un mundo que crea imperios y gobiernos que irrespetan y violan la soberanía y la autodeterminación de los pueblos; imperios y gobiernos que acosan, maltratan y amenazan a líderes de otros pueblos que no piensan como ellos, o que no lamen sus botas; imperios y gobiernos que persiguen, encarcelan, desaparecen, torturan y asesinan a sus adversarios dentro y fuera de sus fronteras? ¿Porqué guardar silencio ante los millones de muertos creados por las guerras y la violencia imperial? ¿Por qué se gritan los muertos de la pandemia Covid-19, y se callan los muertos del abuso y de la prepotencia imperial?. Pareciera imposible pensar que se pueda gritar tanto por unos muertos, y que se pueda cerrar tanto la boca por los otros. … ¡Pero se puede!… para eso ha sido creada y domesticada la idiotez.

En la actualidad, existen más de mil millones de personas que enfrentan la crueldad de la vieja pandemia del hambre. Solo en los pocos meses que han transcurrido del año, la cifra de muertos por causa de dicha pandemia casi alcanza los 2 millones, y, según las estadísticas,  la cifra llega a los 9 millones de muertos por año. Y de esa escandalosa suma, lo más escandaloso es que 6 millones son niños. ¡Y de los 6 millones, ni un solo niño es noticiado por la prensa del queque y del queso!.

A pesar de recibir el ostentoso galardón de “Campeones de la tierra 2019”, en Costa Rica tampoco disfrutamos de la seguridad ambiental; muchas comunidades no pueden cargar la certeza de respirar aire puro, o de tomar agua pura, sobre todo, las que viven en las zonas aledañas a la actividad piñera, que han presenciado el indetenible avance de su expansión y, con ella, el otrora bosque verde que garantizaba el aire puro convertido en desiertos piñeros, con sus frescos y cristalinos recursos hídricos transformados en peligrosos focos de contaminación. Pero más allá de nuestras fronteras, en el mundo tenazmente proclamado libre y democrático, han envenenado los mares, ríos y lagos, se ha contaminado el aire, se perfora y destruye la capa de ozono, se inunda la atmósfera de gases que descomponen las condiciones naturales del clima causando enormes catástrofes y pandemias, siendo la más dramática, la que mata a más de 3.5 millones de personas por el consumo de agua impura, pero, lo más triste y doloroso de la pandemia, es que más de los 2.2 millones de esos muertos son niños. ¡Qué vergüenza! …los medios de prensa silencian la muerte de tantos niños y ocultan la pandemia ambiental, y prefieren crear y fomentar la histeria colectiva por los muertos de una pandemia mucho menos cruel y despiadada con los niños.

¡Otra pandemia! El acoso, maltrato, persecución y muerte de millones de mujeres, transforman el feminicidio en una auténtica y verdadera pandemia. ¿No resulta escalofriante que mueran cada día 137 mujeres en el mundo a manos de sus parejas o familiares? ¿Cuántas serían por mes? ¿Cuántas se contarían por año? ¿Y que dicen los medios de prensa del gran capital? … ¡Nada! …Es que pasan muy ocupados hablando de los muertos del coronavirus, y, para no cansar a la masa que ve o escucha atenta, de vez en cuando, en bulliciosos avances noticiosos, proporcionar más detalles sobre los perfumes que suele usar la coqueta y sexy diputada.

Y como los niños, además de ser uno de los mayores encantos y tesoros de la naturaleza, de poseer y ser dueños de una infinita y conmovedora inocencia, de representar como nadie más la pureza del alma; son la vida, el futuro y la esperanza del mundo, mencionemos una pandemia que realmente conmueve, que impresiona, asusta, y, ciertamente, mete miedo. La pandemia que no mata el cuerpo de los niños, pero mata su alma, su corazón y su espíritu, es decir, le arrebata y le mata su vida interior, le asesina sus sueños, sus fantasías, sus ilusiones y sus esperanzas, y les deja apenas un cascarón vacío, un seco, frío y duro cascarón. De los 40 millones de personas que trabajan en condiciones de esclavitud, 10 millones son niños que trabajan como esclavos, por tanto, convertidos en esclavos del trabajo. ¿Habrá una pandemia más cruel e inhumana, que la pandemia que les roba a los niños la belleza y la hermosura de su mundo mágico? … ¿Y los esforzados periodistas de los medios de prensa? … Andan buscando un gato negro en una noche muy oscura, porque el gato, solo ese gato, los puede llevar donde su amo ciego, y, así, terminar al fin de entrevistar al ciego, para informar en el noticiero de la noche, en vivo y en directo, sobre los detalles más negros de la estrepitosa y espectacular caída de un ciego, a todos los demás ciegos.  

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Pandemias del olvido y del silencio

La pandemia de la ignorancia y la estupidez ha demostrado ser más fuerte y poderosa que el coronavirus; sin embargo, ha sido olvidada, silenciada y dada de alta, por los grandes medios de desinformación y manipulación de las masas

La pandemia de la ignorancia y la estupidez ha demostrado ser más fuerte y poderosa que el coronavirus; sin embargo, ha sido olvidada, silenciada y dada de alta, por los grandes medios de desinformación y manipulación de las masas. Jamás un medio periodístico comercial, “corrongo”, desvirtuado y amarillista como los que prevalecen en nuestro país, se han ocupado de semejante pandemia; mientras la historia y la realidad de todas las sociedades ha sido más que terca en decirnos que son de las más peligrosas y atrevidas del mundo entero.

¿Será que hemos entrado en la era del dominio total de los tontos, en la etapa de control y domesticación absoluta de los imbéciles que se creen que viven en el país más feliz del mundo? ¿Será que llegó la hora de la ebullición de los ilusos que viven en un país sin ninguna política de subsidios ni seguros para desempleados y otras víctimas de pandemias y, a pesar de contemplar la injusticia, la miseria, la maldad, la explotación y el dolor de muchos, se creen que viven en la Suiza de América? Solo el domesticador y el domesticado, solo el engañador y el ignorante, se pueden sentir felices en la democracia de los opulentos, donde el bienestar de una minoría de ricos se asienta en los males y desgracias de una inmensa mayoría.

Desgraciadamente, la fuerza que envuelve y prevalece en nuestra sociedad es la fuerza de la estupidez y del sinsentido. Si no fuera así, los medios de prensa no se desvelaran por darnos la noticia del queque más grande del mundo, de la caída más aparatosa de un ciego, del oficio de quesero de un magistrado, de la diputada más sexy; porque lo que importa es la domesticación, la intrascendencia, la vaciedad, la nulidad del pensamiento y la destrucción del buen juicio. Son medios que jamás se preocupan por fomentar la cultura y la buena educación; tampoco por alimentar una conciencia crítica y un pensamiento lúcido sobre los procesos electorales, porque si lo hacen saben que las masas de ignorantes no irían como borregos a las urnas, y menos aguantarían que los gobernantes elegidos se sienten a crear leyes que les quitan su derecho a ir a huelga y su libertad de protestar en las calles; al tiempo que sus partidos carecen de sustento ideológico, de moral, de valores, de principios; ni siquiera enseñan un mínimo de conciencia patriótica.

Otra verdad inquietante, con la aparición del coronavirus, es que nos han inventado e impuesto un orden social de manipulación sustentado en el pánico y la histeria colectiva. ¿Cómo es posible que una nueva pandemia la quieran pasar por encima de todas las demás, que la pretendan satanizar y que logre opacar a otras igual o más terribles, como el cáncer, el sida y el ébola, que han producido y producen un número mucho mayor de muertos? Y ni hablar entonces de las enfermedades o de otras pandemias que intentan minimizar y olvidar, como la obesidad, la gastritis, la hipertensión arterial, la diabetes, la depresión, las enfermedades crónicas y las demás gripes que también la superan en cantidad de muertos.

¿Y no resulta insultante que procuren esconder y despreciar los millones de muertos que producen las políticas y aventuras guerreristas de los grandes y poderosos grupos de poder económico y político, como los sucesivos gobiernos norteamericanos y sus aliados de la OTAN? ¿Por qué no se alerta a los ciudadanos del mundo, como se hace con la novedosa pandemia, del grave peligro que corremos ante la aparición de Gobiernos verdaderamente satánicos, que gastan miles de millones de dólares en fortalecer y engrandecer su poder militar, y en estimular e impulsar la carrera armamentista, con el fin siniestro de utilizarla para invadir naciones, crear la guerra, y robar sus riquezas a costa de millones de muertos?

Si los medios de prensa, siervos del gran capital, corren a avisarnos de los muertos que nos deja una pandemia y nos cuentan sus muertos de forma tan desmedida y escandalosa. ¿Por qué tratan de silenciar y de invisibilizar a los muertos que nos deja un mundo que fomenta y privilegia la industria bélica, un mundo que crea imperios y gobiernos que irrespetan y violan la soberanía y la autodeterminación de los pueblos; imperios y gobiernos que acosan, maltratan y amenazan a líderes de otros pueblos que no piensan como ellos, o que no lamen sus botas; imperios y gobiernos que persiguen, encarcelan, desaparecen, torturan y asesinan a sus adversarios dentro y fuera de sus fronteras?

¿Por qué guardar silencio ante los millones de muertos creados por las guerras y la violencia imperial? ¿Por qué se gritan los muertos de la pandemia COVID-19 y se callan los muertos del abuso y de la prepotencia imperial? Pareciera imposible pensar que se pueda gritar tanto por unos muertos y que se pueda cerrar tanto la boca por los otros… ¡Pero se puede!… para eso ha sido creada y domesticada la idiotez.

En la actualidad, existen más de mil millones de personas que enfrentan la crueldad de la vieja pandemia del hambre. Solo en los pocos meses que han transcurrido del año, la cifra de muertos por causa de dicha pandemia casi alcanza los dos millones, y, según las estadísticas,  la cifra llega a los 9 millones de muertos por año. De esa escandalosa suma, lo más escandaloso es que seis millones son niños. ¡De los 6 millones, ni un solo niño es noticiado por la prensa del queque y del queso!

A pesar de recibir el ostentoso galardón de “Campeones de la tierra 2019”, en Costa Rica tampoco disfrutamos de la seguridad ambiental; muchas comunidades no pueden cargar la certeza de respirar aire puro, o de tomar agua pura, sobre todo las que viven en las zonas aledañas a la actividad piñera, que han presenciado el indetenible avance de su expansión y, con ella, el otrora bosque verde que garantizaba el aire puro convertido en desiertos piñeros, con sus frescos y cristalinos recursos hídricos transformados en peligrosos focos de contaminación.

Sin embargo, más allá de nuestras fronteras, en el mundo tenazmente proclamado libre y democrático, han envenenado los mares, ríos y lagos, se ha contaminado el aire, se perfora y destruye la capa de ozono, se inunda la atmósfera de gases que descomponen las condiciones naturales del clima causando enormes catástrofes y pandemias, siendo la más dramática, la que mata a más de 3,5 millones de personas por el consumo de agua impura. Pero, lo más triste y doloroso de la pandemia es que más de los 2,2 millones de esos muertos son niños. ¡Qué vergüenza! …los medios de prensa silencian la muerte de tantos niños y ocultan la pandemia ambiental, y prefieren crear y fomentar la histeria colectiva por los muertos de una pandemia mucho menos cruel y despiadada con los niños.

¡Otra pandemia! El acoso, maltrato, persecución y muerte de millones de mujeres, transforman el feminicidio en una auténtica y verdadera pandemia. ¿No resulta escalofriante que mueran cada día 137 mujeres en el mundo a manos de sus parejas o familiares? ¿Cuántas serían por mes? ¿Cuántas se contarían por año? ¿Y que dicen los medios de prensa del gran capital? ¡Nada! Es que pasan muy ocupados hablando de los muertos del coronavirus, y, para no cansar a la masa que ve o escucha atenta, de vez en cuando, en bulliciosas noticias, proporcionan más detalles sobre los perfumes que suele usar la coqueta y sexy diputada.

Como los niños, además de ser uno de los mayores encantos y tesoros de la naturaleza, de poseer y ser dueños de una infinita y conmovedora inocencia, de representar como nadie más la pureza del alma, son la vida, el futuro y la esperanza del mundo. Mencionemos una pandemia que realmente conmueve, que impresiona, asusta y, ciertamente, mete miedo. La pandemia que no mata el cuerpo de los niños, pero mata su alma, su corazón y su espíritu, es decir, le arrebata y le mata su vida interior, le asesina sus sueños, sus fantasías, sus ilusiones y sus esperanzas, y les deja apenas un cascarón vacío, un seco, frío y duro cascarón.

De los 40 millones de personas que trabajan en condiciones de esclavitud, 10 millones son niños que trabajan como esclavos, por tanto, convertidos en esclavos del trabajo. ¿Habrá una pandemia más cruel e inhumana que la pandemia que les roba a los niños la belleza y la hermosura de su mundo mágico? ¿Y los esforzados periodistas de los medios de prensa? Andan buscando un gato negro en una noche muy oscura, porque el gato, solo ese gato, los puede llevar donde su amo ciego, y, así, terminar al fin de entrevistar al ciego, para informar en el noticiero de la noche, en vivo y en directo, sobre los detalles más negros de la estrepitosa y espectacular caída de un ciego, a todos los demás ciegos.

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