Óscar Arias Sánchez: Un Nobel sin paz

Esta segunda década del siglo XXI ha sido el tiempo para que las voces de las mujeres del mundo sean escuchadas.

Esta segunda década del siglo XXI ha sido el tiempo para que las voces de las mujeres del mundo sean escuchadas. Durante décadas los abusos contra la mitad de las habitantes del planeta han estado relegados al silencio, y aquellas que sí han levantado su voz sufren el escarnio público y las burlas, incluso de las otras mujeres.

Las recientes denuncias de supuesta violación y acoso sexuales de parte del Premio Nobel de la Paz, Óscar Arias Sánchez contra varias mujeres, solo desnudan una realidad que ha sido la norma en una sociedad en la que el poder político ha estado en manos de hombres.

Lo que en Costa Rica era un secreto a voces sobre los abusos sexuales con los que tienen que lidiar las mujeres en los ámbitos políticos, educativos y laborales, e incluso de retórica electoral, al fin es un tema de discusión pública.

Aunque con tristeza también afloran también los señalamientos contra las víctimas, que las apuntan como las únicas responsables. Miles de mujeres siguen callando para evitar las críticas y no someterse ellas y a sus familias a esta temida revictimización social.

Los casos de otros personajes del espectáculo mundial y organizaciones internacionales demuestran que existen dos formas de catalogar los delitos sexuales, según sea su perpetrador. Los hombres en estructuras de poder en las distintas industrias o en el ámbito político consideran estas conductas indebidas como “favores”, y casi creen que ellas deberían agradecer el honor que un personaje de su nivel se aproxime a ellas. Pero en caso de aquellos que se clasifican como trabajadores rasos de barrios populares simplemente son catalogados como delincuentes. La realidad es que delito es delito sin importar la procedencia o poderío del depredador sexual.

Las voces en Costa Rica en defensa solapada de Arias Sánchez están teñidas de esa cultura política machista, que esgrimiendo argumentos del debido proceso y otra perogrulladas legalistas descalifican ad portas las serias denuncias de las mujeres que una a una han ido sumándose.

Sectores estudiantiles han exigido al Consejo Universitario de la Universidad de Costa Rica que retiren a Arias Sánchez el Doctorado Honoris Causa con el que se distinguió luego que ganara el Premio Nobel de la Paz en 1987. Incluso se ha pedido al Comité Nobel Noruego se le despoje de ese reconocimiento, aunque el representante del mismo aseguró a un medio costarricense que eso no sucederá. En ambos casos debe atenderse y responder positivamente estas petitorias.

Sin duda, un personaje como Arias Sánchez genera a lo largo de su vida muchos admiradores, especialmente otros hombres, pero también muchos detractores de sectores sociales populares a lo largo de su vida empresarial y política por vincular los intereses empresariales con los políticos. Prueba de ello es el proceso judicial que actualmente enfrenta ante el Poder Judicial costarricense por su aprobación de un cuestionado proyecto de minería a cielo abierto durante su segunda gestión presidencial, a la que llegó luego de acusaciones de presionar indebidamente a los magistrados de la Sala Constitucional para que declararan inconstitucional el precepto que prohibió durante todo el siglo XX la reelección presidencial.

Acusaciones de nepotismo, uso indebido de fondos para beneficiar a una cofradía política cercana con dineros provenientes el Banco Centroamericano de Integración Económica y la imposición de su sucesora y diputados de la República son solo algunos de esos bemoles que han destacado en su trayectoria pública.

Pero más allá de esas críticas, es deplorable que hombres con posición de poderío económico y político se arrojen el derecho de objetivar a otras personas, en especial de aquellas en situación de desventaja y sin posibilidades de levantar su voz y ser creídas por el conglomerado social. De ahora en adelante, la ciudadanía debe tener más que claro que no es no, y no existe intermedios.

Finalmente, en estos momentos es imposible dejar de recordar al célebre William Shakespeare cuando dijo que a algunas personas la grandeza les queda grande, pero es el adagio popular “a todo chancho le llega su navidad” es el que en definitiva resume la lección.


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