Opinión

Olvido presidencial       

Leo en el Semanario Universidad que el señor presidente de Costa Rica, Rodrigo Chaves, instruyó a las niñas, niños y jóvenes que representarán al país en una olimpíada mundial de robótica. Afirmó en la ocasión “(…) no tener nada contra el trabajo manual, pero cargar un racimo de banano en un bote no va a sacar a nadie de la pobreza”. Si olvidamos que es presidente de un país en el que muchos trabajadores (mujeres, varones y jóvenes) ejercen como obreros o pequeños propietarios rurales, o manejan taxis de los que no son dueños durante muchas horas al día, pero que hacen esto en una patria cuyo Estado invierte en salud y educación para toda su población (a quien puede pagarla y a quien no: puede incluir extranjeros) su discurso es curioso. Habla a chicas, chicos y a jóvenes como si fueran individuos, no seres sociales que, en algún momento, serán ciudadanos titulares o plenos de Costa Rica. Como ciudadanos plenos tendrán acceso a salud, empleo, propiedad y disfrute. No serán individuos librados a su suerte, sino ciudadanos de un Estado que se interesa por su bienestar e incluso por su felicidad.

En un país así, un cargador de racimos de banano (si tal labor resulta necesaria para la economía del país, o sea para la existencia de todos los costarricenses) no conduce a un miserable pago por su tarea (poco calificada), sino a un salario digno y a todos los beneficios que entrega el Estado costarricense a todos sus ciudadanos trabajadores. Asimismo, quien ocupa temporalmente el puesto de presidente es remunerado de acuerdo con el prestigio y calidad que demanda su gestión (salario al que se considera siempre adecuado para alguien honorable y que sirve a su país). De parecida manera el país y su economía remuneran a quien carga racimos de banano por una doble razón: es ciudadano y trabajador. De igual forma el presidente resulta ciudadano y trabajador. Y así como el presidente no es dueño de Zapote (un área pública) tal vez el obrero agrícola no sea dueño de los bananos, pero recibe un salario por cargarlos y, por ello, puede alimentarse.

Desde luego, los ingresos salariales de un presidente nacional no son los mismos que los de un obrero agrícola, pero si se trata de un régimen democrático se supone que el Estado proveerá los servicios que permitan la existencia humana digna de cada uno de ellos. Y también el régimen sociopolítico de existencia (republicano) estará abierto a que el obrero continúe estudios y el presidente, terminando su mandato, añada otro título profesional o académico a los que ya ha alcanzado. Cada quien podrá alcanzar lo que su esfuerzo le depare.

De modo que en Costa Rica si alguien vive en la extrema pobreza o miseria, el Estado tiene varias deudas con ella o él. Y, desde luego, quien se ve en desventaja económica aguda ante sus conciudadanos tiene que hacer su parte o esfuerzo para abandonar la pobreza y miseria. Lo hará porque asume que Estado y ciudadanía lo acompañan en el esfuerzo. En su alocución, el presidente pidió asimismo a los jóvenes que se eduquen. Ya lo están haciendo, desde otros, para otros y con ellos mismos. Es bueno que el presidente se los recuerde. Estos niños y adolescente de hoy serán corresponsables también de la existencia ciudadana de otros costarricenses. Deberán preocuparse por ellos, así como tantos costarricenses hoy se han interesado por ellos. Ese rasgo de la condición humana no lo pueden reemplazar las tecnologías (máquinas, conceptuales y tecnológicas). Así que a disfrutar de la convención sabiendo que cargan con responsabilidades propias y hacia otros. Es la condición humana. Es una lástima que el presidente no lo haya recordado.

 

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