Nosotras y nosotros también sentimos

La Medicina evoluciona a pasos agigantados conforme pasan los años; sin embargo, hay algo que no cambia

La Medicina evoluciona a pasos agigantados conforme pasan los años; sin embargo, hay algo que no cambia: la larga y necesaria ruta para llegar a ser médico. Pero además de largo, hay que sumar que este camino está lleno de huecos y obstáculos, que nos lleva al punto de convertimos en nuestros propios enemigos. Dejamos de hacer cosas que disfrutamos hacer, dejamos de practicar deporte, la danza, la música, la lectura. Dejamos de estar en paz con nosotros mismos.

¿Con qué cara se le dice a un paciente que lleve una vida sana cuando por dentro uno es un caos emocional, cansado, frustrado y estresado?

Caemos en un círculo vicioso, cambiamos mucho para poder estudiar, nos frustramos porque el esfuerzo no se refleja en nuestros resultados. ¿Cuántos no hemos entrado en crisis al final del semestre, sintiéndonos miserables, sintiendo que nada de lo que hacemos va bien?

A final de cuentas, somos personas también. Sentimos.

Como una Universidad que está a la vanguardia, deberíamos estudiar a profundidad cuáles son las necesidades que tenemos los estudiantes de la Escuela de Medicina y del sector Salud en general.

Hay que valorar qué hay detrás del enorme porcentaje que no logra graduarse en los seis  años que estipula el plan de estudios. Habrá que readecuar el tiempo, revisar los cursos coladero y realizar las modificaciones pertinentes. Habrá que valorar esos exámenes finales de 40% que no resultan ser una métrica adecuada, además de revisar ese concepto de ausencias justificadas que no dejan de contar para reprobar un curso.

Aunado, debemos dejar de lado la idea de la República Independiente. Pertenecemos a una Universidad y debemos adecuarnos a sus estatutos y sus reglamentos. Debemos tener docentes con preparación pedagógica y un sistema de control de calidad adecuado. Debemos tener acceso a consejería psicológica para las ocasiones en las que trastabillamos y queremos caer, aprender a hacer pausas y vivir un poco más. El principio de beneficencia aplica para nosotros también.

¿Una propuesta loca y disparatada? No. Considero que es una propuesta realizable y necesaria que a largo plazo se reflejará en la generación de médicos mucho más humanizados, sanos y más cercanos a sus pacientes. Médicos de una calidad superior -a la que ya damos- a la sociedad costarricense.

Solo es cuestión de voluntad.

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