No son los nicas, es su pobreza y su vulnerabilidad

El semestre pasado decidí estudiar el tema de la migración con mis estudiantes.

El semestre pasado decidí estudiar el tema de la migración con mis estudiantes. Fue un semestre enriquecedor; en él desmontamos mitos, creamos conciencia y sensibilidad hacia los otros. La gran frase que recorrió todo el semestre fue: “nadie sale porque quiere sino porque debe”. Es decir, nadie, en su sano juicio, deja a su familia, su barrio, sus amigos, sus amores, por un país en el que será tratado como “mierda” o, como dicen algunos de los fascistas de la marcha del sábado 18 de agosto, como “escoria”. Nadie, en sus cinco sentidos, quiere dejar su espacio de comodidad…

Pero, en estos cien días de gobierno de Carlos Alvarado, hemos visto algo insólito: una marcha fascista, xenófoba, basada en noticias falseadas, en manipulación. Hay incluso un silencio cómplice de varios partidos y esto me hace sospechar que detrás de esa turba de ayer hay algo más…El presidente Alvarado está siendo desgastado por este tema y otros, dejando de lado el gran problema del déficit fiscal y el estancamiento de nuestra economía. Explico: el tema del matrimonio gay, del protocolo terapéutico y, ahora, el de la xenofobia creciente son, desde mi perspectiva, asuntos fundamentales pero que intentan desgastar al de por sí ya comprometido presidente Alvarado. Claro, varios decretazos lo aliviarían, pero no sé si él estará contemplando este escenario. Si se desgasta, será por su falta de valentía: yo voté por él, pero, en el actual escenario, agallas es lo que necesitamos.

La xenofobia es el miedo y la repulsión hacia los extranjeros y sobre el miedo no se puede legislar… el miedo es algo irracional que no puede ser penado por ninguna ley. Esto es verdaderamente el problema: no poder golpear a un enemigo que descansa sobre lo inmaterial, sobre su carencia de rostro. Europa y su lucha contra el terrorismo sabe muy bien cómo funciona la “apología al odio o al racismo”. Su historia de vergüenza aún la sienten en sus hombros.

Pero ese miedo hacia los extranjeros se exacerba aún más si añadimos el componente de la pobreza. La turba de ayer no quería la cabeza de los extranjeros, sino de los nicas pobres, justamente porque son eso: pobres, vulnerables. No se pidió la cabeza de extranjeros pervertidos que llenan el Hotel del Rey, no se pidió la cabeza de los lavadores de dólares venezolanos que viven tranquilamente en Escazú. ¡Ah, no! No se pidió la cabeza de extranjeros depravados que vienen por sus gustos pedófilos, pero que viven en lujosas casas en Guanacaste o en la capital. El miedo a los pobres, como bien lo dijo la filósofa Adela Cortina, se llama “aporofobia” y lo peor es que está de moda. Está de moda menospreciar a los pobres. Está de moda culparlos desde los púlpitos de las iglesias de la prosperidad. Está de moda acusarlos de vagos y de faltos de visión. Está de moda desdeñarlos porque vienen de un país en el que la revolución fue traicionada.

Entonces, no podemos dejar que esta oleada de ignorancia, racismo, odio y menosprecio de la pobreza continúe. Hay una dignidad de la pobreza de la que nadie habla, que no veo casi nunca en redes…Empecemos por dignificar la pobreza, quitarle el estigma de maldición o estado deseado. Empecemos por estudiarla, analizarla y, en muchos casos, dignificarla. Ser pobre no es un pecado, no es una maldición. Ser pobre es un estado, una condición que no implica el menosprecio de nadie.

Si el gobierno de Carlos Alvarado (gobierno por el que voté sin idealizaciones pero sí con esperanza) permite una marcha más de estas, caerá en un hueco sin fondo, en un problema que se agigantará. Concéntrese señor presidente en el plan fiscal, salga de esas discusiones inútiles sobre el matrimonio gay y el protocolo del aborto terapéutico, y firme para ambos un decreto. Reconozca el matrimonio gay y deje listo ese protocolo que se pidió desde los setenta. Ya no se desgaste más, vea cómo le quieren desestabilizar el país… Usted puede pasar a la historia como el hombre de letras y también el soldado, en un ideal más allá de lo quijotesco. Usted puede, a pesar de sus compromisos, jugar el ajedrez de la política. Vuelva a los políticos de los setenta, a los grandes estadistas, a los que dejaron huella. Recuerde que las posesiones son y serán… Escoja usted el tamaño de las suyas: la historia lo está llamando a afrontarlas.

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