Nóminos y anónimos

En un editorial del 31 de octubre pasado el periódico La Nación S.A. arremete contra lo que valora infamia contra sus periodistas y contra

En un editorial del 31 de octubre pasado el periódico La Nación S.A. arremete contra lo que valora infamia contra sus periodistas y contra “…la legitimidad del proceso democrático, orgullo de los costarricenses”. Se trata de un asunto, por ahora sin mayor proyección, cuajado en notas anónimas (o de autoría no identificable) expuestas en un espacio de periodismo ciudadano (iReport) por CNN (en español, imaginamos). Las notas hablan de una conjura entre un expresidente de la República, el Presidente del Tribunal Supremo de Elecciones y periodistas de La Nación S.A. para retorcer el actual proceso electoral.

El editorial maneja un lenguaje pobre pero fogoso: “cobarde” aparece en varios párrafos, la “bajeza” del “delincuente” se liga con violencia contra la democracia costarricense. La ira del editorial contra el “difamador” se extiende a “irresponsables” medios locales (por reproducir la información de CNN) y a “candidatos de alguna agrupación de políticos fracasados” (al parecer los señores Corrales y Bulgarelli, del Partido Patria Nueva). El asunto es truculento, sin duda, pero la truculencia hizo nido hace rato en la política costarricense y la infamia impune, de amplio espectro, asiste a sus comicios al menos desde el conflicto civil del 48. Así, la trama que socializó CNN resulta exagerada, pero posible. Sus ocultos autores, más que cobardes, han de ser valorados prudentes. Y si se los encuentra, deberían responder en los circuitos judiciales por su imaginación quizás desbordada.

A diferencia del periódico, el Tribunal Supremo de Elecciones se limitó, oficialmente, a “…rechazar categóricamente las falsas afirmaciones contenidas en una publicación hecha por un personaje anónimo en el espacio bloguero de CNN iReport”. Añade que “La institucionalidad electoral costarricense es sólida y confiable” (quizás se refiere a su forma), pero este punto es parte del imaginario oficial y resulta polémico. Un botón: ¿un régimen electoral sin partidos efectivos y con gobiernos desbordados por clientelas a los que se sazona con mediocridad, ingenieril bobería y lucida corrupción? La danza que editó CNN puede resultar truculenta, pero también lo es la realidad política diaria. Aprovechando el Mundial de Brasil, podría hablarse de empate.

Pintorescamente, el mismo día que La Nación S.A. rasga túnicas en defensa de su “honor periodístico” su Foro publica un texto de Jaime Daremblum, colaborador habitual, y alguna vez Director (quizás todavía lo es) del Centro de Estudios Latinoamericanos del Hudson Institute, Washington. Versa sobre la figura de Cristina Fernández viuda de Kirchner a quien caracteriza como “refugiada en su residencia oficial”. El artículo se regocija porque la señora Fernández habría sufrido un revés electoral pero al mismo tiempo se burla de la enfermedad/derrota de la Presidenta: le recuerda un tango “…cuesta abajo en la rodada” y ‘penetra en su corazón’ para hacerla gemir “¿Qué creen los codiciosos de las barriadas porteñas que abandonaron nuestros navíos? Y ¿qué pensarán las aves de rapiña de Washington y sus súbditos latinoamericanos?”.

Congratularse por la derrota de alguien a quien no se quiere, es comprensible aunque algo bobo ya que un revés puede revertirse. Pero reírse de la enfermedad de ese alguien es de mal gusto (no se usa aquí ‘cobarde infamia patriarcal’, como lo haría quizás La Nación S.A. ante una truculencia sobrecogedora). Además, en su texto Daremblum reitera todos los estereotipos neoliberales, falsedades y medio-verdades que, con Menem, llevaron a Argentina a la quiebra y al hambre. Se huele lo que nutre su goce.

Pero, claro, subsiste la distancia. Lo de iReport es anónimo y lo de Daremblum nómino o firmado. Sin embargo, y trasladando ambos a escalas propias, ocurre que Daremblum es fan yanqui, fan del Estado sionista, fan del neoliberalismo latinoamericano (el más dogmático). Un ultra del sistema. Cuando es truculento o falta a la verdad, se le ensalza, aplaude, recibe premios. Quienes están tras el cuento de CNN, en cambio, seguro son perdedores que tiran boñiga al miniestablishment de Costa Rica. Obviamente provocan indignación: terroristas, infames, viles. No extraña que elijan el anonimato. Más vale anónimo vivo que nómino empalado, se dicen.

En la sociedad totalitaria del siglo XXI protesta y truculencia antisistema adoptarán figuras de lírica anónima y suspiros. Serán perseguidos y liquidados por policías sin rostro o máquinas. ¿No cifra una maquinaria Darth Vader?

 

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