Nadie, jamás, nos quitará lo luchado

La cuarta ola del feminismo ya perfiló su conquista icónica.

Este miércoles 8 de agosto del 2018 pudo haber sido un día histórico, pero no lo fue. Un grupo de senadores no tuvo el coraje de revertir años y años de muertes en circunstancias de riesgo que viven las mujeres en Argentina a causa del aborto clandestino.

Con 31 votos a favor, 38 votos en contra y el mundo entero mirando, el senado argentino rechazó la legalización del aborto, y, solo hasta dentro de un año, la marea verde podrá volver a subir.

En este aparente fracaso de la lucha por el aborto legal en toda Latinoamérica, el honor y la dignidad de las mujeres fue pisoteado. Para nosotras, Argentina era el extremo del dominó que, por ahora, no hizo caer las piezas.

Sin embargo, en una lectura reflexiva, esta derrota nos permitió reconocimiento y visibilización global. Hicimos una salida del clóset a nivel continental. Se perdió lo puntual –Argentina–, pero el eco latinoamericano es imparable. También podemos afirmar que somos territorio y somos lengua, porque España se sumó al reconocimiento.

En un mapa latinoamericano del aborto, por ejemplo, sabemos que competimos con África en cuanto a las mayores restricciones. Legal: Guyana, Puerto Rico, Cuba y Uruguay. Permitido por causales: Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Guatemala, Panamá, Paraguay, Perú, Venezuela y Costa Rica. Ilegal: El Salvador, Haití, Honduras, Nicaragua y República Dominicana. Más uno: el caso particular de México.

Eso es lo que dicen los códigos penales de los países, pero la realidad genera variables. En República Dominicana (aborto ilegal), se puede interrumpir un embarazo con receta de misoprostol emitida por médico privado. En Costa Rica (aborto permitido por causales), aunque el uso de misoprostol sea perfectamente legal, es penado moralmente, por lo que las farmacias no lo venden para no ser investigadas. Tampoco ninguna institución médica (privada o estatal) lo usa para estos fines. Es decir, aunque el aborto en Costa Rica es legal por ciertas causales desde hace más de 50 años, el pánico moral impide que los gobiernos quieran enfrentar la batalla médico-ética e implementar la ley. En México, cada estado se regula de manera independiente, y únicamente en la Ciudad de México el aborto es legal. En otras palabras, el no legalizar totalmente el aborto lleva a un sinfín de interpretaciones subjetivas que acaban solo sometiendo la vida y la salud de las mujeres.

La cuarta ola del feminismo ya perfiló su conquista icónica.

Si en la primera ola fue la educación, en la segunda fue el sufragio y en la tercera fue la política. Latinoamérica se perfila como el escenario clave para la cuarta ola del feminismo: el aborto legal, que es en realidad una declaración de soberanía sobre nuestros cuerpos.

Se podría decir que perdimos un capítulo de lo que se perfila como “la conquista” anecdótica de un futuro próximo, de la cuarta Ola del feminismo histórico. Pero la fuerza regional que cobramos las mujeres en Latinoamérica es imparable.

Ganó la percha, perdió la salud, pero los dinosaurios van a desaparecer; nosotras seremos su peor pesadilla. Esto es justo como un tsunami, cuando la marea se repliega en aparente calma.

Nadie, jamás, nos quitará lo luchado. Nadie podrá parar la oleada verde de la nueva generación. Y lo estamos haciendo a nuestra manera, compartiendo nuestras historias de aborto una a una. Lo personal, hoy más que nunca, es político. Un meme del 8A se pregunta: de esas chicas de pañuelo, tomadas del brazo, pintándose unas a otras en medio de la marea verde, con o sin el permiso de sus padres… ¿Cuál de ellas será mi presidenta?


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