Mujeres que odian a otras mujeres: Víctimas y victimarias

Yo, mujer, sé lo que es que me agredan por tener un útero, en la calle, en el carro, en la escuela, el trabajo, todos los días, en todas partes.

Es que tengo que decirlo:

Yo, mujer, sé lo que es que me agredan por tener un útero, en la calle, en el carro, en la escuela, el trabajo, todos los días, en todas partes. No recuerdo la edad que tenía cuando reconocí la agresión como tal: necia, constante, cansada.

Solo las mujeres sabemos lo asfixiante que puede llegar a ser.
Pero tengo que decir que no siempre me agrede solo quien tiene un pene.

A mí, mujer, me agrede la misoginia y el patriarcado, pero tengo la claridad mental de saber que la misoginia la ejercemos muchas veces nosotras mismas, porque a veces pareciera que muchas odian a otras mujeres.

Yo, mujer, sé que el patriarcado se sostiene fuerte e indestructible porque otras mujeres respaldan, excusan y promueven el pater familias social. Les da una forma de seguridad indescriptible.

Ya no sé cuantas veces he tenido que defenderme ante la agresión innecesaria e injustificada de otras mujeres -que a veces ni siquiera conozco-, quienes, envalentonadas detrás de un teclado, insultan, difaman, se burlan, critican una simple forma de pensar. Con especial saña si proviene de otra mujer que opina desde una posición independiente. “¿Como se atreve -esa “p*rr*”- a pensar? ¿A decir lo que no quiero oír? ¿A ser libre, a ser ella?”.

Para todas y cada una de las mujeres esto no nos es ajeno. No estoy contando nada nuevo.

Y es peor cuando una mujer entra en alguna conversación inteligente, de tú a tú con cualquier hombre. Es peor cuando una mujer no quiere hablar de hijos, ni de hombres, ni de la fiesta de cumpleaños. La saña, la crítica, el bullying son insoportables. Y para eso no hay edad.

Y es que tengo que decirlo: no, la violencia no es solo el femicidio. Lo que nos corroe a las mujeres no es la lucha contra el elefante patriarcado, es la lucha invisible contra las hormigas. Es esa lucha diaria, esa defensa permanente hacia otras de mi misma especie lo que nos agota, lo que nos diluye y debilita.

Y me alegra ver cada vez más mujeres conscientes de la agresión patriarcal por la que hemos luchado las feministas por décadas, pero ¿quién ejerce más activamente el patriarcado? ¿Quién cría hijos agresores, machistas, indiferentes? ¿Quienes los excusan y hasta los defienden?

Sí, otra mujer. Con útero, como yo.

¿Quién critica más a la nuera, a la cuñada, a la “amiga”, a la madre, a la hija, a la desconocida que simplemente “me cae mal”?
Me duele en las entrañas saber, intuir que no, no son los hombres quienes más nos golpean silenciosamente.

“Las mujeres estamos rotas” dijo Simone de Beauvoir.
Estamos rotas porque las especies naturalmente se unen para protegerse y para crecer. Las hembras de todas las especies se cuidan, se nutren y fortalecen su tribu.

Pero las mujeres -en particular las latinoamericanas- no. Asumimos desde muy pequeñas un lugar de defensa permanente. Eso agota, eso duele.

Para los hombres “el otro” (l’autre como lo analiza Beauvoir en El segundo sexo) es la mujer. Para el proletario el “otro” es el patrón. Para el local, el extranjero. Pero para la mujer, “el otro” es tanto el hombre como también la misma mujer.

Y terminamos rotas y solas.
Todas.

Las mujeres envidiamos la camaradería y la complicidad entre hombres. La criticamos porque en el fondo la añoramos.

Así que ante esta ola de apoyo a #lasqueremosvivas y #metoo, yo quisiera un #nosqueremosjuntas también. Juntas, amigas, cómplices, creadoras, fuertes, profundas, solidarias mujeres.

Los femicidios que nos han quitado la paz son solo la punta del iceberg. Pero si vamos a hablar de agresión veámosla con lupa y también con telescopio, porque la peor agresión es la silenciosa, la socialmente “normal”: la agresión contra nosotras mismas.

Sí, no más femicidios. No más violaciones, ni acoso ni golpes. La agresión es insoportable. Toda la agresión es insoportable, venga de donde venga. Yo estoy harta, todas estamos hartas.

Hay que hablar de esto. Porque no podemos lograr una sociedad libre de agresión contra la mujer mientras seamos mujeres juezas, mujeres prisioneras y mujeres carcelero, de nosotras mismas, de mí y también de vos.

Yo, mujer, te quiero viva. Y te quiero viva a mi lado.


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