Muertos al Cielo, vivos en la Tierra

Así estas líneas no se ocupan de la salvación de Julio Rodríguez (o sea del sentido último de su existencia para los creyentes religiosos),

De acuerdo con la sapiencia china, toda persona que fallece ha estado viva. Resulta inevitable por ello que quienes lo amaron, respetaron e incluso admiraron en vida, resientan su muerte, la lloren y exalten lo positivo que valoran en esa existencia. Falleció hace poco Julio Rodríguez Bolaños. Fue en vida un cristiano católico y por ello creyente en un Dios del amor. Según esta creencia a Rodríguez le espera un Cielo o un cuerpo místico de Cristo porque para un Dios de amor/misericordia que lo comprende todo nada de su Creación ha de condenarse. Este no es exactamente el discurso católico (trágicamente perverso), pero tratándose de la existencia sobrenatural ninguna versión humana acierta el gordo de la lotería. De modo que en el Cielo de este Dios caben hasta los sindicalistas, por mencionar un sector de personas que resultó poco grato a Julio Rodríguez en vida.

Así estas líneas no se ocupan de la salvación de Julio Rodríguez (o sea del sentido último de su existencia para los creyentes religiosos), cuestión segura, sino de su ejercicio del periodismo de opinión, actividad que cumplió por décadas en los periódicos La República y La Nación S.A. Conviene aquí un paréntesis, digamos conceptual. La sensibilidad dominante en las sociedades latinoamericanas es la propia de sociedades de status. Por ello en vida las personas valen socialmente por su posicionamiento social. Y cuando se muere, del poderoso/opulento/significante (un obispo, por ejemplo) se loa lo bueno (si lo tuvo, si no se le inventa) y se callan sus fallos, no sea Dios se entere. En cambio, hacia el humilde/empobrecido e insignificante para los poderes solo existen lágrimas y la congoja de quienes le amaron. Como escribió un poeta, “Tras la paletada (del panteonero) nadie dijo nada”.

Del ejercicio del periodismo por parte de Rodríguez Bolaños se ha dicho mucha cosa: “Maestro del periodismo”, “servirá de ejemplo”, “referente del periodismo nacional”. Cuando se retiró de La Nación S.A. un colaborador habitual del periódico le llamó “sin miedo” ¡por su catolicismo combatiente! y tituló su loa con una referencia de José Martí ¡un revolucionario!: el verso completo del cubano reza: “Dicen que triste cosa es no tener amigos, pero más triste es no tener enemigos”. Los únicos enemigos de Rodríguez fueron sus patrones. Sus lectores fieles experimentaron por él cerril o boba admiración y quienes diferían, irritación mezclada con mofa. El expresidente Abel Pacheco lo resumió con dicho feroz y chirriante: ‘chihuahua que ladra en Llorente’. La imprudencia le valió odio de por vida.

El valor relativo de los escritos de Rodríguez es ponderable. Cuando en su Nación S.A. competía solo con Edgar Espinoza las jocosas columnas de este último eran más filosas que las suyas. El humor de Espinoza le costó el despido. Se reía de Óscar Arias. En el equipo actual, la monótona pluma de Rodríguez pugnaba en los últimos lugares con las irrelevantes de N. Marín y L. Mesalles. La defensa moderna de la gula patronal pasó a Armando González. Los mejores textos los firman Fernando Durán y Jorge Vargas. El libertario Guardia cavó su propio limbo.

En temas, Rodríguez tuvo obsesiones. Una vez, ante protestas de trabajadores (públicos) se dejó decir ¡en Costa Rica! si lo que querían los revoltosos era una Mano Blanca. Se guatemalizó. Quedó impune. En la de Caro Quintero, la agarró con “la autoridad superior” pero nunca le dio nombre. Al surgir el PAC, sentenció: ‘Prefiero el chorizo a la moralina’. No quiso entender  “las galletitas” del PAC como señal sistémica. Cuando enfermaron Castro y Chávez se alegraba de sus próximas muertes. Torpe lectura del Eclesiastés. De repente se topa con Chávez en el Cielo. Pretendió que la publicación del “memo del miedo” (golpe periodístico del siglo en Costa Rica: liquidó a un Vicepresidente) se tipificara delito. Por fortuna nadie le hizo caso.

En fin, ya está salvo. Como Dios es próvido, seguro le habla de sus errores y lo retorna a la guerra, ¡perdón, quise decir a la Tierra! Si vuelve a nacer en Costa Rica trabajará en un periódico libre e independiente como el Semanario UNIVERSIDAD. Aquí no tendrá patrones.

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