Humanismo siempre

Monstruo feminista

Yo no soy feminista porque se le ocurrió a la profe de humanidades, o a la de historia, o la de filosofía, mucho menos_a_la_de_antropología.

Yo no soy feminista porque se le ocurrió a la profe de humanidades, o a la de historia, o la de filosofía, mucho menos a la de antropología.

Yo soy feminista por mi prima Kathya, porque le levantaban la enagua en la escuela para hacerle bullying, pero, después de muchas lloradas, se tuvo que poner pantalones para hacerse la ingeniera en seguridad que es en este momento.

Lo soy por mi prima Gabriela, quien escondió el embarazo muchos meses, pero que, cuando nació mi primo, fue una madre increíble. Además, cuando a mi primo le intentaron hacer daño, ella, con solo la mamá apoyándola, le enseñó mate y lo ayudó a convertirse en atleta de olimpiada internacional.

Por mi prima Sonia, quien supo apoyar a alguien con toda el alma y, que cuando le rompieron el corazón en mil pedazos, ella los tuvo que rejuntar sola. Ahora, arquitecta y mamá, le está enseñando el valor de amarse a sí misma a su hija de 2 años.

Por mi prima María, quien, para huir de una casa en donde se sentía agredida, tuvo que casarse a los 16 años con un hombre 18 años mayor. Ese hombre, después de tener tres hijos con ella, la agredió y la engañó con otras mujeres; no obstante, gracias a la ayuda del Inamu, ella también logró huir de ahí y ahora es capaz de criar a sus hijos y graduarse de enseñanza de la educación preescolar, sin necesidad de seguir huyendo.

Por mis tías, que supieron darnos amor, valores, abrazos y un Dios que nos ama a todos por igual, sin importar nuestro género. Esta fe les permitió impulsar a sus hijas, mis primas, a ser las magníficas mujeres que son en este momento.

Por mi mamá, a quien la han agredido en mi cara y detrás de la puerta. Pese a esto, su amor sigue siendo inagotable, tanto como su sentido para nunca dejar de trabajar, porque a través de su trabajo vive y se siente realizada, conoce su valor como ser humano y sabe que son muy pocas las cosas que no puede lograr.

Soy feminista por mi abuela Nell. Ella fue la mujer más noble y aventurera antes de casarse con mi abuelo. Enfermera, niñera y quién sabe cuántas cosas más, y, aunque el esposo le pegara, ella trabajó para darle de comer a sus hijos.

Por otro lado, está mi abuela Luz; a ella se le murió el esposo cuando mi papá tenía 3 años y, aun así, después de trabajar muchos años, tiempo después, todavía le quedó la fuerza para criar a mi prima Sonia.

No quiero que nadie más me vuelva a decir que me enseñaron a ser feminista en la Universidad. Me enseñaron a ser feminista en mi familia. Por eso, lo soy con orgullo; por eso, marcho, grito y canto, sin hacerle daño a nadie, y me ofendo cuando me comparan con un monstruo, porque si hago esto es por amor a esas mujeres que estuvieron ahí para mí y por esas mujeres que lo estarán en el futuro.

Costa Rica debe reflexionar y entender que ser mujer no es andar con una enagua por debajo de la rodilla, ni tampoco andar con unos tacones número doce y los cachetes contorneados. Este país debe aceptar que ser mujer no es ningún pecado y que tampoco lo es optar por expresar esta identidad.

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