Opinión

Mi hija quiere ir al ‘play’, señor Ministro

Hemos vivido cinco meses encerrados y viviremos más en convivencia con el SARS-Cov-2 porque llegó para cambiar nuestro modus vivendi para siempre.

Hemos sido parte de la eterna discusión entre el abre y cierre de comercios, fronteras, “sapear” fiestas, sacar y meter carros, que el mar y los paseos. Pero mi hija de 4 años quiere ir al play ground del barrio La Lilliana, en San Francisco de Heredia.

Ministro Salas, respeto su gestión y la destaco, pero le pido —en nombre de mi hija, de sus primos y de tanto niños— que apruebe la posibilidad de abrir los portones de las área de juego comunales, con el debido respeto a los protocolos sanitarios. 

En Costa Rica, según el INEC, viven 1.112.076 niños de entre 1 y 14 años, quienes en su mayoría anhelan lanzarse por el tobogán, mecerse en una hamaca, disfrutar del subibaja, del zacate, pero los estamos condenando a la televisión y a las “chupetas” digitales (Ipad, celular, videojuegos), principalmente, padres y madres que no tienen tiempo o/y dedicación para formar a sus hijos desde lo lúdico. En 2021, nacerán 70.513 vidas, lo cual nos insta a ser mejores y tener visión. 

Sea cual sea el escenario, le solicito respetuosamente que anuncie la posibilidad de que los municipios abran esos sitios públicos, con las restricciones y reglas debidas y, de ser necesario, las organizaciones comunales enlisten a los pequeños de la comunidad y construyan roles de visita a los ‘plays’ y fiscalizaremos todos que se cumplan.

Al principio, la distancia será estricta y las normas de relacionamiento social las necesarias, pero poco a poco ellos volverán a jugar entre sí, con la exclusiva capacidad de imaginar una sonrisa detrás de una mascarilla, con la magia del abrazo y la carrera, el sudor y las carcajadas que ya no se sienten en las comunidades.

La ciencia ha constatado que de cero a seis años nuestros hijos forjan el carácter y la personalidad y nuestro rol como padre-madre-tutores es clave y, luego de ese tiempo, cuando ingresan a la escuela, se debatirán entre esa base formativa y la presión del entorno social. Si fallamos en lo primero o dicha base es débil, condicionamos su futuro.

Hemos vivido cinco meses encerrados y viviremos más en convivencia con el SARS-Cov-2 porque llegó para cambiar nuestro modus vivendi para siempre. No lo podemos evitar y, por tanto, le expongo públicamente esta petición en aras de complementar la educación en el hogar y regalarles un rato de distracción. 

Como nosotros adultos que, quizás en demasía, asociamos la felicidad plena con el libre albedrío, los pequeños quieren volver a sonreír al aire libre, con mascarilla, pero que el carmín de sus mejillas aparezca de nuevo al calor del sol de estas calurosas tardes y las del verano de 2021, 22, 23.

No los obliguemos a alternar la televisión y la tecnología con apenas ratos breves de movimiento en la casa. No los llevemos a la obesidad temprana por ausencia de actividad física y nuestro confort adulto porque es venderlos como presa fácil de este y otros virus que inevitablemente acecharán.

Pienso en todas aquellas familias que de por sí tienen que salir porque el hacinamiento y la dolorosa violencia los echan de casa. ¡Qué vayan al play!, no a vagar por las calles sin destino a expensas de vicios, abusos y malas costumbres. Esta solicitud no es la solución, pero contribuye a paliar contrariedades sociales. 

Espero lea estos párrafos y lo impulsen, como Ministro y como padre, como niño que fue y como adulto, a mirar por la ventana de la empatía. Antes de la pandemia, el paseo de muchos era el ‘play’, con unos sándwiches y frutas, con una manta sobre el zacate, bajo un árbol, tal cual Sabana. 

Los mejores deseos para lo que reste de su gestión porque el éxito suyo es el de todos. 

Ir al contenido