Mejoramiento de la salud mental, cosa de todos

La salud mental  es tan importante como la salud física para el bienestar integral y adecuado funcionamiento de las personas en el entorno que las rodea.

La salud mental  es tan importante como la salud física para el bienestar integral y adecuado funcionamiento de las personas en el entorno que las rodea. Esto es algo que aún en la actualidad muchas personas no tienen claro, por lo cual dejan de lado su propia salud mental o menosprecian las situaciones que atraviesan personas con patologías. Entre ellas la depresión o la ansiedad, que pueden tener graves repercusiones tanto para la persona en su individualidad como para la sociedad en general.

A lo largo del tiempo que he sido estudiante universitaria he tenido una aproximación con distintas poblaciones; entre ellas pacientes psiquiátricos, adultos mayores en  hogares de ancianos y pacientes de centros de cuidados paliativos. Todas estas poblaciones tienen una clara necesidad de espacios en los cuales se implementen estrategias para el mejoramiento de la salud mental.

Lo anterior se entiende no solamente como terapia con el psicólogo o el psiquiatra, sino como la creación de espacios en los cuales lleguen personas diferentes a las que están acostumbrados a ver en los hospitales o centros donde se encuentran, con el fin de que los motiven a hacer y a aprender cosas diferentes, los acompañen unas horas y los hagan pasar un momento feliz. Sin duda alguna, puedo afirmar que algo tan simple como esto tiene gran beneficio en la salud mental de estas poblaciones vulnerables.

Porque, ¿a quién no le hacen bien los momentos felices? Todas las personas requerimos de espacios de esparcimiento, de hacer cosas solo porque queremos y nos gustan y no porque se tiene la obligación. Entonces, esto que escribo tiene dos propósitos.

El primero de ellos es instar a la población universitaria y a todo aquel que lea esto para que, aunque no sean profesionales o estudiantes de alguna carrera de salud, se acerquen a los hogares de ancianos y a los centros de cuidados paliativos a ayudar en lo que puedan; estos centros, y sobretodo los pacientes, lo necesitan.

La alegría que reflejan sus rostros no tiene precio, ni tampoco todo lo que se aprende de estas personas. Como claro ejemplo de esto puedo mencionar a una paciente con leucemia, cuyo esposo también estaba muy enfermo, quien a pesar de todo lo que estaba viviendo siempre llegaba a las actividades que hacíamos en un centro de cuidados paliativos con mejor actitud que con la que muchas personas con una buena salud y sin tantos problemas llegan a la universidad o al trabajo. Llegaba sonriendo y siempre con la disposición de ayudar en lo que ella pudiera. Qué gran enseñanza me dio esta mujer, valorar la vida, la salud y no dejarse vencer por los obstáculos que se presentan.

Por otro lado, en los hogares de ancianos fue donde más pude observar esa alegría en los rostros que mencioné anteriormente. Recuerdo cómo me pedían a mí y a mis compañeros que no nos fuéramos todavía, que jugáramos una partida más de naipe o de cualquier otro juego de mesa de los que les encanta. Además, escuchar sus historias y sus carcajadas son cosas que, como dije antes, no tienen precio. Pero también parte el corazón saber que muchos de estos adultos mayores se sienten solos y tristes la mayor parte del tiempo, porque ni su propia familia los visita. Algunos tienen la suerte de recibir visitas de vez en cuando, algunos nos son “tan afortunados”.

El segundo propósito de lo que escribo es hacer un llamado a la población universitaria a cuidar su salud mental. De nada sirve terminar rápido una carrera universitaria si nos estamos haciendo daño en el proceso, entiendo que a muchas personas nos precisa graduarnos por presión familiar, por la condición económica o por distintas circunstancias; pero, ¿a qué precio? Las altas tasas de depresión en estudiantes universitarios son alarmantes.

¿Somos una población vulnerable, igual a las que mencioné anteriormente? Pues pienso que sí, porque al igual que ellos, pero en este caso por elección propia, nos negamos esos momentos felices, de recreación, de estar con la familia y amigos. Sé que es difícil, el tiempo parece no alcanzar, pero es mil veces mejor que se sacrifique algo de la universidad que la propia salud mental.

Lo cierto es que no solo aquellas poblaciones que podemos considerar como vulnerables requieren de nuevas y mejores estrategias para el mejoramiento de la salud mental, sino toda persona. Porque nadie está exento de tener repercusiones negativas en su salud mental en un mundo como en el que vivimos hoy. La estrategia que con mis experiencias, sé que a todos nos puede servir, es la de buscar y hacer el tiempo para tener momentos reconfortantes y felices. Además, en nuestras manos está llevar esos momentos a personas que tienen más dificultad para encontrarlos por sí mismas.


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