Según datos sobre producción, inversión y oferta monetaria del Banco Central de Costa Rica (BCCR), complementados con datos sobre empleo generados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), el crecimiento de la producción real declina del 2018 al 2020. La razón fundamental fue el declive en los niveles de formación bruta de capital fijo (nueva inversión) y de empleo de personas trabajadoras. En 2018-2019 la inversión se contrajo a una tasa de -8.2 por cien, el empleo se elevó en 0.8 por cien y la producción apenas creció 2.4 por cien. En tal circunstancia, la población trabajadora contribuyó con el 91.0 por cien del crecimiento del producto, mientras el capital con tan solo el 9.0 por cien.
En el 2020 Covid-19 y la ola de ocurrencias prematuras por parte de quienes ocupaban puestos de gobierno nacional, local e institucional, se encargaron de acentuar esas tendencias. En ese año el empleo se precipitó a una tasa de ˗10.5 por cien, la inversión al ˗3.4 por cien y el producto en ˗4.3 por cien. La contribución del trabajo en el crecimiento del producto fue apenas de 24.3 por cien, lo cual se constata con el incremento en la pobreza, de por sí ya un deporte nacional. En el 2021 la inversión saltó a una tasa de 11.0 por cien, elevando la acumulación de capital en un 41.0 por cien, la tasa de empleo creció al 7.7 por cien y la de producción en 7.8 por cien. La producción sobrepasó el nivel precovid-19 pero con 79 mil trabajadores menos que en el año 2019. La velocidad con la que el aumento en el capital fijo en la economía impactó al empleo fue baja; 0.7 por cien incrementa el empleo por cada 1.0 por cien que se elevó la inversión. Ello permitió que la contribución del trabajo al crecimiento del producto fuese de 58.7 por cien, denotando su mayor productividad en medio de una elevada tasa de pobreza.
Todavía la Covid-19, ahora aunada a la invasión de Putin a Ucrania, sobresale como chivo expiatorio de la también profunda inutilidad de los troles que hace casi un año ocupan aquellos puestos. Habiendo alcanzado el pico de crecimiento en el año 2021, se estima que la producción se desacelera abruptamente a un 4.3 por cien en el 2022, mientras se pronostica una ecléctica tasa de 2.27 por cien para el año 2023. La acumulación de capital a causa de la elevada inversión en el 2021 crece en 82.0 por cien en el 2022, cuando la nueva inversión fue de tan solo 0.8 por cien en contraste con el 2.8 por cien en el empleo estimado; cada 1.0 por cien que aumentó la inversión permitiría emplear 3.5 por cien trabajadores. Se diluye así la contribución media de los trabajadores al crecimiento del producto, siendo de 22.0 por cien. Si en el año 2023 el BCCR espera un crecimiento del 2.7 por cien en el producto y una inversión fija del 3.1 por cien, podría suceder que el empleo disminuya en 2.0 por cien, lo que permitiría que 43 mil personas pierdan su empleo.
Con los resultados anteriores se podría pronosticar una tasa de inflación, medida según el deflactor del producto, de alrededor del 5.8 por cien al finalizar el año 2022. Dada la velocidad del dinero, medida según la oferta de dinero en relación con el producto cuyo índice es 1.18, la tasa de crecimiento del producto y la tasa de inflación, la tasa fundamental de interés sería del 9.4 por cien. Esta es 0.9 puntos porcentuales superior a la tasa de política monetaria del 8.5 por cien que fijó el BCCR a mediados del tercer trimestre del 2022 y decidió no variar desde diciembre.
El panorama macroeconómico no es halagüeño para el año 2023, en el que es probable una recesión en el principal motor de las economías del mundo, los Estados Unidos. La tasa de crecimiento estimada por el BCCR parece bastante alegre a pesar de no ser buena, peor aún cuando la dinámica de la economía depende en demasía de lo que suceda en el régimen de zona franca. Las autoridades en puestos de decisión han descuidado la empresa nacional, con lo cual se ha creado aquella dependencia tan peligrosa para el bienestar general de la población. El 2022 podría finalizar con una tasa de crecimiento del producto potencial de 1.24 por cien y en el año 2023 de -2.43 por cien al suponer la misma contribución del trabajo en el año 2021. El tipo de cambio, por su parte, desfavorece las exportaciones, la deuda y el ahorro en dólar y premia las importaciones, en un mercado de esa divisa manipulado por el BCCR para favorecer el pago de la deuda externa e interna del gobierno y así pretender mejorar artificialmente su imagen.

