La necesidad de formular política indígena, a nivel de Estado e instituciones, me permitió coordinar en el año 2000 un proyecto de cooperación internacional entre el ICE y Eletrobras (El equivalente al ICE en Brasil). Esa experiencia junto a la lectura del libro ¿Cuál es el futuro de Israel? de Slomo Ben-Ami (SBA), exministro de Asuntos Exteriores de Israel (nov. 2002. Madrid. España. ISBN:84-663-0876-8), me resultaron reconfortantes y aleccionadoras para explorar las implicaciones, peligros y consecuencias de negociaciones entre un Estado nacional y otras naciones o pueblos insertos en su mismo territorio, como el Estado de Israel con Palestina. Un símil podría aplicarse al Estado costarricense con sus pueblos originarios.
Igual que es comúnmente aceptado que la historia oficial la escriben los vencedores, la mitología nacional la construyen los pueblos o naciones durante toda su existencia. Por eso es peligroso, aunque se tenga razón y poder, imponer nuestras razones y derechos violentando la mitología de otro pueblo. El respeto y excelencia en el diálogo y la negociación hacen la diferencia entre el éxito o el conflicto (terrorismo en el caso Palestino). Después de la negociación de Camp David en EE. UU., SBA indica: “no estoy acusando a Arafat de ser un mentiroso (…) considero que es tan fiel a sus creencias mitológicas que es incapaz de liberarse de ellas para hacer la paz con Israel”. De ahí la importancia de elegir interlocutores realistas que sean parte de la solución y no del problema. Si no hay acuerdo en la propuesta hay que hacer la contrapropuesta.
El proyecto de ley N°20127 del grupo Poder Ciudadano Ya (PCY) para “favorecer electoralmente a los ciudadanos pobres rurales y costeros”, por medio del aumento del número de diputados, olvidó que nuestras regiones periféricas albergan pueblos indígenas, aún más marginados y que abundan señores indígenas costarricenses con sobrados requisitos constitucionales para ser diputado de la Nación (solo para citar algunos: Alejandro Swaby, Oldemar Salazar, Daniel Leiva, Hugo Lázaro, Enrique Rivera, Sediel Delgado, Ceferino Morales, Alí García Segura y Oscar Almengor). Eso nos permitiría tener en la Asamblea Legislativa un interlocutor de lujo para el diálogo y la negociación. En este punto encontré el mayor fracaso del grupo de ingenieros hidráulicos del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), porque la gestión del diálogo indígena fue circunscrita a tener una encargada de gestionar permisos ante la CONAI (ente estatal no reconocido por la mayoría de las autoridades indígenas) o a efectuar una “Consulta de la consulta indígena”, exigida por el relator de Naciones Unidas que nos pidió cuentas sobre participación ciudadana y aplicación de la legislación nacional e internacional en el P.H. Diquís. Ambas opciones terminaron en fracasos rotundos.
Volviendo al exministro SBA, hijo de los Kibutzim y Mochavim, formulados por la moderna planificación regional Israelí (Dr. Raanan Weitz y su grupo de Rehovot), por tanto, con una visión diferente a los “Sabra” o judíos nacidos en Israel antes de 1948, indica que ese diálogo o negociación debe ser sincero y respetuoso, pero sobre todo realista, para enfrentar interlocutores tipo Arafat, hábiles en “surfear” su mito y evadir el asunto central sin hacer una contrapropuesta negociable.
En el caso del ICE, estaríamos consultando y negociando recursos como el agua y la biodiversidad, compartidos y fundamentales para el bien común. Procurar la utilización racional y terminar con su explotación destructiva y desperdiciada, debería ser compartido y de mutuo beneficio. Se requiere una consulta “descentralizada y deliberativa” (como propusimos en el proyecto ICE-Eletrobras). Incluiría generar un Fondo de Desarrollo Integral de la Cultura Indígena (Fodici), para becas, compra de tierras, etnoturismo, educación y salud; mejor si se complementa con una autoridad política reconocida por la Constitución y los indígenas (diputado con residencia comprobada en un territorio indígena), quien operaría como una especie de relator oficial indígena ante el Estado y organismos internacionales. La política indígena, como propusimos, debe incluir en el ciclo de proyectos del Estado la consulta indígena. Así aportaríamos a una mitología costarricense plurinacional. ¡Opinemos!

