Los nuevos géneros en la televisión

¿Quién no recuerda a Mario Barakus enfundado en sus cientos de cadenas y con aquel flamante mohawk hacer época allá por los ochentas?

¿Quién no recuerda a Mario Barakus enfundado en sus cientos de cadenas y con aquel flamante mohawk hacer época allá por los ochentas? De aquel forajido y sus amigos que huían de un crimen que no habían cometido, hoy salta a la vista un “detalle”: aquella caterva devenida en banda de justicieros nunca incluía mujeres más que en roles secundarios. Las mujeres entraban en escena acaso para caer rendidas en los brazos donjuanescos de Faz y no eran sino parte del decorado en un mundo dominado por personajes hipermasculinizados.

Hoy la industria “televisiva” (si es que cabe el adjetivo pese a Netflix) se ha visto obligada por las luchas feministas a reestructurar ese rol clásico de las mujeres. Si Los Magníficos o MacGiver fueron series contadas por y para hombres, algunas series contemporáneas presentan ahora otro tipo de narrativas en las que las mujeres desafían los cánones de género instituidos en la tradición televisiva.

De perseguidas a perseguidoras

Uno de los formatos que más se ha visto modificado en los últimos años es el detectivesco. La función femenina en los relatos de detectives tuvo siempre lugar, aunque en segundo plano: la mujer era la víctima que daba lugar al caso o la ayudante segundona del investigador principal. Se trataba de mujeres que orbitaban invariablemente alrededor de las acciones de los hombres, pero sin valor en sí mismas.

Sin embargo, esa forma de contar ha cambiado de a poco. Ya a inicios de la década pasada Sonja Sohn encarnaba en The Wire, la serie de culto de HBO, a Kima Greggs, una detective negra y lesbiana que irrumpía sin complejos en un departamento policial de Baltimore. Aún así, Greggs no recibía ni de lejos la atención narrativa prodigada a Jimmy McNulty (Dominic West), quien acaparaba la mayor parte de los reflectores.

En cambio, unos años más tarde aparecen personajes que no solo no reproducen estereotipos tradicionales, sino que además juegan el papel protagónico. Es el caso, por ejemplo, de la magistral Top of The Lake, de la neozelandesa Jane Campion. La serie, protagonizada por Elizabeth Moss (la misma intérprete de la también feminista Peggy Olsen en la aclamada Mad Men) cuenta la historia de un grupo de mujeres marcadas por el abuso. La serie retrata un mundo desolado y angustiante, poblado de silencios. Campion, no contenta con ofrecer un personaje femenino brillante y empoderado al fin en el rol protagónico de la detective que investiga el caso, se encarga de develar el entramado de secretos y pactos que posibilitan el abuso sexual. Las mujeres de Top of the Lake, heridas por sus traumas, tejen redes de solidaridad y se las agencian para obligar al sistema a hacer justicia a sus víctimas.

En una línea similar, la irlandesa The Fall deconstruye buena parte de los estereotipos de género de otras narrativas. Con la mejor Gillian Anderson (¡sí, la Scully de X-Files!) en el papel de la superintendente Stella Gibson, la serie propone una crítica acerca del modo en que la violencia cotidiana hacia las mujeres se invisibiliza para acabar coagulando en formas de violencia más palpables. Gibson no solo ejerce un oficio tradicionalmente masculino, sino que a cada paso rompe con la autoridad masculina, al tiempo que apela al aparato judicial para luchar contra la violencia de género.

En cuanto al homicida, Paul Spector (interpretado paradójicamente por Jamie Dorman, protagonista de Cincuenta sombras de Grey), tampoco es el “malo” canónico. La serie, de hecho, sigue el rastro al origen de su violencia, pero sin justificarla ni caer en la tentación de la “psicologización”. Entendámonos: The Fall no es CSI; su universo detectivesco es apenas un pretexto para indagar por el origen social y la reversibilidad de la violencia de género.

La heroína contrariada

Una serie feminista reciente con una tesitura similar es la Happy Valley de Sally Wainwright. Ganadora del premio BAFTA, Happy Valley cuenta la historia de Catherine Cawood (Sarah Lancashire), una jefa de policía de West Yorkshire, que debe lidiar tanto con vándalos de poca monta como con el violador y culpable de la muerte de su hija. El asesino, Tommy Lee Royce (espectacularmente interpretado por James Norton), es también el padre de un pequeño niño surgido de la violación, así como el responsable de un caso de secuestro cuya investigación dirige Cawood.

La protagonista debe, así, luchar en varios frentes: resolver el secuestro, proteger al nieto producto de la violación y enfrentar al misógino Tommy Lee Royce. La ficción presenta una heroína quizá más realista: una mujer acosada por contradicciones y conflictos, pero que puja por apropiarse de sí misma en medio del caos. Cawood se encuentra, así, atrapada en algunos roles de género tradicionales, pero su lucha es por revertir esos roles en lo íntimo y lo público.

Feminismo para las masas

La nueva oleada de series con elementos feministas no termina en el subgénero de detectives. Distintas ficciones televisivas mainstream se han visto influenciadas, aunque en distintos niveles, por los cambios de aires. Aun cuando algunas de esas modificaciones resultan más cosméticas, otros productos también masivos tienen en el feminismo su eje central.

La recién salida del horno Big Little Lies, con Nikole Kidman a la cabeza, se dedica de principio a fin a discutir el problema de la agresión, el abuso sexual y las posibilidades de insumisión a algunos mandatos machistas. Pese a poner en escena estos asuntos a través de personajes, en su mayoría, de una élite económica que aparentemente lo tiene todo, la serie se las arregla para mostrar cómo el patriarcado ataca a todo tipo de mujeres.

Incluso series malinterpretadas de frívolas, como la recién finalizada Girls, creada y protagonizada por Lena Dunham, presentan una lectura feminista de algunos asuntos más: “heterosexualidad obligatoria”, aborto, inserción de las mujeres en lo laboral, etc. Mención aparte merece uno de los últimos episodios de Girls, “American Bitch”, una prodigiosa lección de 27 minutos que dibuja a pulso la racionalidad y psicología del acoso.

Nuevas ficciones, nuevos idearios

Aun cuando las ficciones sean solo eso, lo cierto es que nuestros universos simbólicos están regidos y estructurados a partir de cómo nos contamos el mundo. El valor de esta nueva oleada de series con enfoque de género es que permite registrar algunos cambios y poner en evidencia la necesidad de transformaciones pendientes. Pero también, y quizá esto sea lo esencial, se trata de ficciones que ponen en circulación dentro de grandes audiencias nuevos idearios y maneras de ser. Porque si generaciones enteras crecimos bajo el influjo de las trompadas de Mr. T, quizá haya llegado el momento de las generaciones cuyas ficciones sean también de las mujeres.

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