Lo que merece ser tolerado

Hace sesenta años se publicó un hermoso libro. Pequeño en extensión, pero, al mismo tiempo, con pretensiones enciclopédicas.

Hace sesenta años se publicó un hermoso libro. Pequeño en extensión, pero, al mismo tiempo, con pretensiones enciclopédicas. Nació del esfuerzo de su autor por explicar al “humanito de a pie”, como yo, los descubrimientos más recientes en materia del vínculo o conexión del mundo con lo no material, con lo animado. Es decir, el autor se propone explorar científicamente los orígenes biológicos y orgánicos de la conciencia. Hablamos del texto Mente y Materia, del laureado Nobel en física y filósofo austriaco Erwin Schrödinger, considerado uno de los padres fundadores de la mecánica cuántica.

Es famosa la Paradoja del gato de Schrödinger, la cual tiene su corolario popular en aquella proposición que relativiza “si el vaso con agua está medio lleno o medio vacío”. Invito al lector a investigar e informarse sobre esta divertida paradoja, en la cual “la física de lo macro y de lo micro” se contraponen.

Mente y materia es un libro amplio, que analiza no solo temas científicos, sino también espinosos asuntos morales y éticos, incluso históricos, religiosos y filosóficos.

En cierto capítulo encontramos unas líneas que son dignas de releer e interiorizar. Nos dice Schrödinger que “la ciencia nunca impone nada, la ciencia establece”, pues “la ciencia solo pretende hacer afirmaciones verdaderas y adecuadas a su objeto”. Desde esta perspectiva, imponer, es propio de fundamentalismos y terquedades; lo segundo, establecer, es consecuencia del proceso mismo del arte, libre y responsable, de investigar: conducirnos a la evidencia palpable e irrefutable del “objeto en sí”.

De ahí el sentido de que la ciencia “establece”, norma. “El científico solo debe imponer dos cosas: verdad y sinceridad”, recalca. Esta evidencia está por encima incluso del propio científico y su comunidad. Nos guste o no, le guste o no al investigador; la evidencia es fría y concluyente. No da lugar a relativismos ingenuos o reinterpretaciones ambiguas. ¡Es lo que es y hay, punto!

En el plano educativo, quienes nos dedicamos al quehacer docente, deberíamos tener muy presentes estas observaciones de Schrödinger. Actualmente, en este mundo interconectado, creemos que la tolerancia consiste en dar abrigo a todas las posturas y posiciones; en aceptar de facto, todos los discursos sobre el “objeto en sí”.

En mis clases suelo recordarles a mis alumnos, a modo de broma, que “sí, que debemos ser hoy más tolerantes, pero con lo que merece ser tolerado”. Hay posiciones discursivas que intentan imponerse a la razón y a la evidencia; que no buscan establecer, a partir de silogismos consistentes y coherentes, la verdad y sus formas inapelables.

A este respecto, en la génesis de la Guerra Civil española, recuerdo que el ilustre don Miguel de Unamuno encaró a los falangistas recriminándoles lo siguiente: “Podéis vencer, pues os sobra fuerza bruta, pero no convencer, pues os falta la razón”.

“Tener la razón”, pareciera ser un narcisismo políticamente incorrecto hoy. Por eso, me gusta creer, tal vez con cierta ingenuidad, que, si en materia educativa padres, alumnos y docentes nos dedicáramos más a buscar e investigar, quizá nos permitiríamos y ayudaríamos mejor los unos a los otros a “pensar antes de actuar”. Acción esta que constituye el último peldaño de la escalera en la formación del ser humano verdaderamente libre, responsable e ilustrado.


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