Lecciones que nos deja el coronavirus

Nos falta unir esfuerzos, organizarnos y redirigir toda nuestra energía hacia un solo objetivo: una economía fresca, solidaria, sin patadas, equitativa, hecha para el bien común y no solo para las élites.

La actual pandemia ha sido despiadada con la economía de los hogares costarricenses. Y los tiempos que nos esperan serán aún más difíciles: según la CEPAL el PIB de Costa Rica caerá hasta en -3.6% al finalizar el 2020, el Instituto de Investigaciones de Ciencias Económicas de la UCR proyecta una pérdida de hasta 400 mil empleos y aumentos significativos en los niveles de pobreza.

Que nos ha tocado vivir un momento histórico muy difícil, eso está claro. La pregunta es ¿cómo lo enfrentaremos? ¿cómo salir adelante? Pues lo primero es aprender lo que el momento nos enseña. ¿Será que el COVID nos enseña algo? ¡Definitivamente sí! Y muchas de esas lecciones nos pueden decir por donde seguir de ahora en adelante.

  • No podemos seguir permitiendo condiciones laborales inestables y precarias. El año 2019 lo cerramos con la tasa de desempleo abierto más alta de los últimos 10 años, y eso fue antes del COVID. La enorme cantidad de personas sin contrato estable en condiciones de informalidad se quedaron en el aire, de la noche a la mañana, cuando la pandemia tocó la puerta. Si esas personas hubieran tenido mejores condiciones laborales antes, la pandemia los habría afectado, pero no tanto. Hoy los programas sociales tendrán que atender a una cantidad imposible de personas: casi un millón de personas en la informalidad, cerca de 300 mil personas desempleadas y los miles de trabajadores que pese a tener trabajo formal, vieron reducidas o suspendidas sus jornadas, o cerraron su negocio propio. No hay programa social que aguante esa carga un año entero. Necesitamos generar mejores condiciones laborales para todas las personas, especialmente para las personas trabajadoras del sector privado.
  • Lo público juega un papel importante. En una sociedad de mercado, la mano invisible no basta. En Estados Unidos una factura de atención del coronavirus puede costar hasta $30 mil (unos 17 millones de colones). ¿Usted podría pagar eso? Yo no. En Costa Rica, podemos dormir tranquilos sabiendo que, si nos enfermamos, la CCSS hará lo posible por atendernos sin pedirnos ese dinero. La diferencia entre morir y sobrevivir, la hace el Estado en esta pandemia. Lo público y lo privado son parte de un todo, se necesitan mutuamente. No deberíamos insistir en desaparecer aquello que nos ha diferenciado del resto de América Latina: el MEP entregando víveres, las personas trabajadoras de la CCSS, el personal del ICE que construyó en tiempo récord un nuevo espacio de atención de COVID, las Universidades Públicas investigando tratamientos. Y no es que este Gobierno fortaleciera nuestro Estado Social de Derecho, es que nuestro Estado Social de Derecho es así de capaz todavía, a pesar del neoliberalismo que lo ha ido desmantelando e inutilizando, a pesar del PAC, a pesar del PLN, a pesar del PUSC, a pesar de la UCCAEP. Debemos mejorar la calidad de los bienes y servicios que brinda el sector público, no destruirlo.
  • La importancia de tener finanzas públicas sanas. La pandemia obligó a invertir enormes cantidades en salud y programas sociales, absolutamente necesarios. Si nuestras finanzas estuvieran bien, no correríamos el riesgo de alcanzar niveles de deuda impagables (de hasta el 65% del PIB) y déficits insostenibles, que sin duda serán aprovechados por las élites para terminar de desmantelar el Estado que nos salvó de la pandemia. ¿Cómo resolveremos esta situación el otro año? Pues tendremos que volver a debatir asuntos fiscales, lo queramos o no. Ojo. El fraude fiscal debe ser combatido y las grandes riquezas deben aportar, que no nos vengan en media recesión económica con que hay que volver a subir el IVA.
  • La soberanía y seguridad alimentaria también deben importarle a la economía. Antes del COVID, la FAO en su informe sobre Panorama de seguridad alimentaria en ALC 2019, estimó que del 2016 al 2018 cerca de un millón de personas en Costa Rica se encontraban en condición de inseguridad alimentaria moderada o grave. De eso no hablamos nunca, hasta que viene una pandemia y nos obliga a preguntarnos ¿Qué hacemos si hay desabastecimiento mundial? Tenemos que asegurarnos los granos básicos. Bajo la idea de que solo importan los empleos en inglés y de servicios, hemos abandonado a gran parte del sector agropecuario costarricense (con contadas excepciones), empobreciendo a miles de familias y vulnerabilizando alimentariamente al país. Este es el momento de recordar su importancia y fortalecerlo.
  • Con el neoliberalismo también han perdido miles de empresarios. Durante años hemos creído que las medidas económicas de los últimos años benefician a los empresarios. Nos hemos equivocado con la semántica. Nuestro error ha sido creer que todos los empresarios son iguales, pero no lo son: no es lo mismo la pulpería que el Walmart (la pulpería ha perdido, el Walmart ha ganado). Cuando discutíamos el TLC, nos prometieron trabajo y a las PYMES les prometieron exportar. Pero los tratados que hemos firmado de poco ayudaron en la práctica, los pequeños que exportan son muy pocos y el mercado se nos inundó de importaciones que arruinaron a paperos, tomateros, frijoleros. Mientras las grandes corporaciones reciben amnistías tributarias (como la Florida y a Standard Fruit Company en la reforma fiscal del 2018), las pequeñas empresas locales tuvieron que empezar a cargar con más impuestos y ahora en julio las familias tendremos que pagar un nuevo 1% a la canasta básica. Ahora, en media pandemia, todas estas cosas nos pesan mucho más. Las medidas neoliberales están hechas para apoyar a las grandes corporaciones, no al productor agropecuario tradicional ni al micro, pequeño y mediano empresario nacional. Es hora de retomar el apoyo al nuestro.

Siento esperanza al ver tantas ideas naciendo desde la academia, desde los movimientos sociales, desde la gente en la calle. Nos falta unir esfuerzos, organizarnos y redirigir toda nuestra energía hacia un solo objetivo: una economía fresca, solidaria, sin patadas, equitativa, hecha para el bien común y no solo para las élites.

¿Será que logramos aprender algo del COVID?

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