Las imperfecciones y los defectos

Una imperfección es una falta de perfección, es una limitación en lo que se esperaba que fuera perfecto. En algún sentido imperfección y defecto

Una imperfección es una falta de perfección, es una limitación en lo que se esperaba que fuera perfecto. En algún sentido imperfección y defecto se identifican. Así, un defecto es una falta o ausencia de una cualidad que se esperaría como propia o natural de un ser u objeto. Pues bien, da la pequeña casualidad de que los seres humanos, TODOS los seres humanos, gozamos de la presencia de esas imperfecciones, de esos defectos.

Quien más, quien menos, tiene esta o aquella imperfección, este o aquel defecto. Y lo que es más, no se trata de que cada quien tiene una sola imperfección o un solo defecto. De ningún modo, las imperfecciones y los defectos brillan mucho en cada uno de los seres humanos. Las imperfecciones y los defectos se dan en todos los seres humanos, no hay preferencias por edad, estatura, raza, religión, costumbres, posiciones económicas,  puestos de trabajo, distribuciones geográficas, aficiones o épocas históricas. Todos los seres humanos, cada uno en particular, tienen sus defectillos, sus defectos y sus defectotes. Como pertenezco al género humano, o trato de pertenecer a él, me incluyo en la lista de nominables.

Los defectos nos pueden llevar a situaciones ridículas o peligrosas, problemáticas o enmarañadas como el cultivo de berenjenas, o suicidas como la relación entre personas que no identifican sus diferencias y que inteligentemente deberían optar por alejarse una de la otra. Amar no significa permanecer y hacerse daño; amar significa también permitir que cada quien sea feliz a su manera; o, con el dicho judío español: cada quien en su casa y Dios en la de todos.

Los defectos no son para ser cultivados y trasmitidos a otros. Lamentablemente a veces se trasladan de padres a hijos y se consideran como rasgos culturales y naturales. Romeo y Julieta, de Shakespeare, así como otras obras de este autor u otras de otros autores, reflejan lo que los defectos humanos pueden causar entre los seres humanos. El reconocimiento de defectos perfectamente puede evitar líos y broncas y también muertos y generaciones de seres que siguen alimentando el odio. Ahora bien, los defectos pueden ser reconocidos y aprender a vencérseles, a dominarlos. Un camino podría ser considerar la serie de consecuencias que tal o cual acción puede producir.

Hay personas que no aceptan sus defectos. No sé, a veces pienso que esa creencia sólo sirve para que ese alguien se vuelva abominable.  Otro problema está en aparentar sencillez y reconocimiento de los defectos. La humildad de los hipócritas es el más grande, altanero y venenoso de los orgullos. El reconocimiento de los defectos es una maravilla cuando nace del cambio del corazón, sólo así se irradia vitalidad y la persona adquiere más paz y felicidad. La culpa de nuestros defectos se tiene que dejar de atribuir a Dios. A veces los defectos se alimentan de la inconstancia humana, de la pereza y modorra que no son eliminadas con la alegría del dominio propio y la estimación de nuestra propia dignidad humana y de nuestra relación con los demás.

Tal vez haya gente que nunca se estimará a sí misma como imperfecta. Tengo un gran amigo que me enseñó a jugar con la frase “imperfecto” utilizado en nominativo para referirse a alguien. Es divertido. Viéndolo así no sólo es petulante y engreído considerarse la “última Coca Cola del desierto”, también es absurdo y demasiado serio. Prefiero que me digan “imperfecto”. El chistoso y agudo Voltaire escribió un día estudiando (de verdad) una obra de Corneille y dando su criterio al respecto: “Al decidirme a hacer este estudio sólo aspiré a ser útil; mi propósito no ha sido prodigar vanas alabanzas (…), en mi entender, no hay que engañar a los artistas, sino informarles lealmente; no he tratado malignamente de descubrir defectos; he examinado todo con singular y especial atención; me he asesorado en casos dudosos con personas especialistas y dedicadas al tema y al gusto;  he dicho exclusiva y claramente lo que me ha parecido ser la verdad. Admiremos el genio bravío y fecundísimo de Corneille; pero, para la mayor perfección del arte, conozcamos sus defectos tanto como sus bellezas”.

Pd. La imitación ciega puede ser un defecto. Se da mucho en lo académico, a veces se le llama plagio. Jacinto Benavente advertía: “Bienaventurados mis imitadores, que de ellos serán mis defectos”. Luego hay defectos que se copian… La socialización madre y cómplice de ciertos defectos…

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