Las fronteras

¡¿Cuántos poetas las han difamado; cuántos han soñado con derribarlas?! Son las heridas sangrantes del planeta

¡¿Cuántos poetas las han difamado; cuántos han soñado con derribarlas?! Son las heridas  sangrantes del planeta y los mayores monumentos a la discriminación y al poder político. Demarcan los encierros para que los despreciables gobernantes puedan sumar  vasallos, votos y privilegios.

Las fronteras, mantenidas por el egoísmo humano y la perdición del poder, se volvieron decadentes, siniestras y son sinónimo de muerte. ¡¿Cuántos trabajadores han perdido la vida cruzándolas por ir a dejar sus fuerzas de trabajo a países que no los reciben por su pobreza; o tratando de buscar un poco de “aire” en sus existencias, porque sus gobiernos les impedían salir?! Vemos natural que los gobiernos humillen a trabajadores foráneos que, de hecho, los necesitan para ser explotados trabajando en lo que sus nacionales no trabajarían. ¡Las fronteras son obsoletas, artificiales, retrógradas e insensatas!

Obsoletas, porque no cumplen más función que atrasar el comercio y las relaciones entre los pueblos; mientras contrabandos, drogas, trata de personas… las cruzan como “Pedro por su casa”, estimulando un burocrático y productivo negocio de gobernantes,  clientes y mafias.

Son artificiales como toda trampa del antinatural poder político para menoscabar libertades, avasallar y discriminar.  Existen para que los políticos sepan cuál es el pedazo de mundo y el poco de humanidad a su servicio para su dominio y explotación.  

Son retrógradas porque son muros de ingentes cárceles de martirio y dolor para humanos honestos que deben desplazarse por razones de refugio, trabajo, salud, turismo, comercio…

Y son insensatas, o mejor estúpidas, porque cualquier institución política contraria a los derechos humanos, al comercio, a la solidaridad, al apoyo mutuo y al desarrollo pacífico e intercambio cultural, no merece otro apelativo.

Centroamérica es ejemplo vivo de subdesarrollo, cuya principal causa material han sido sus fronteras, que solo han servido para hacer guerras, desestimular el comercio, y dividir pueblos con orígenes y futuros comunes.

Al igual que los políticos, las fronteras podrían desaparecer y nada malo pasaría; todo lo que pase sería de beneficio para los pueblos. El efecto de “vasos comunicantes”; gente que migraría libremente buscando oportunidades de trabajo hacia los países que las ofrecieran, cesaría muy pronto al igualarse las tendencias por natural saturación, pero en clima de paz y libertad. Llegaría el momento en que no valdría más la pena migrar por razones de trabajo, que son las más comunes, dada la nivelación de oportunidades y bienestar que se generalizaría. Los mexicanos, según las encuestas del Imperio, están hoy retornando a casa.

¿Qué habría pues sin fronteras? Habría “regiones” del mundo físico, donde vivirían conglomerados de personas que podrían ir y venir cuando quisieran, sin esperar meses o años por una visa; sin ser humillados en una frontera o aeropuerto; o apresados por ser trabajadores.  Fluirían, el comercio, el turismo, la ayuda y la cultura. El patético ejemplo de China ilustra la idiotez que han sido las fronteras desde la antigüedad: China, aparte de evitar invasiones extranjeras, mantuvo sus fronteras cerradas por muchos siglos, para que nadie saliera a difundir sus grandes invenciones; resultando que al caer su gran muralla, estaban más atrasados que sus vecinos.

Las famosas palabras de Ronald Reagan frente al muro de Berlín: “¡Mr. Gorbachev, tear dawn this wall!”, recuerdan la hipocresía del poder político que quiere derribar muros lejanos que afectan a sus negocios, guerras y cómplices, pero no los de los imperios que encierran a sus pueblos y hermanos.

¡Deseamos que los valerosos migrantes que sufren hoy por causa de esas heridas sangrantes del mundo, alcancen pronto su ansiado refugio!

Las patrias y sus fronteras,

además de artificiales,

son ideas subjetivas,

clasistas y conflictivas.

¡para los tiempos actuales

se volvieron destructivas!


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