La traición…

Así de simple, el título con que inicia este artículo de opinión, la RAE nos menciona que esta curiosa palabra viene del latín traditio

Así de simple, el título con que inicia este artículo de opinión, la RAE nos menciona que esta curiosa palabra viene del latín traditio y tiene por significado básico, pero certero: “falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener”. Uno de los eventos más significativos y conocidos por casi toda la humanidad es el famoso beso de Judas a Jesús, mencionado en cada uno de los tres evangelios sinópticos. Así como ese suceso, existen muchos otros que con solo mencionarlos llenaríamos páginas de páginas.

Alguna vez has escuchado frases como: “te quiero como un hermano”, “usted es un gran amigo”, entre otras. Estas palabras van calando en la persona un espíritu de confianza y entrega, pero a su vez una ceguera que te lleva a tal punto, que eres capaz de perder todo con tal de que, si alguien intenta abrir tus ojos, sin pensar simplemente no aceptas nada en contra del que consideras tu “hermano”, “tu amigo”.

La traición es una acción que carcome a la sociedad, es como la enfermedad del hígado graso, te va consumiendo de a poco y en extremado silencio. Solo si tienes el cuidado de detenerte y hacerte exámenes de salud rutinarios, descubres tu mal que te aqueja y entras en un proceso de cuido, de alerta o simplemente de interés por estar bien; a sabiendas que debes alejarte de cosas que considerabas buenas pero que en sí detectas que te hacen daño. Así es la traición, un agravio que te carcome en silencio, sin síntomas y sin luces hasta que sientes que te duele suave, lento e incómodo; comienzas a observar, indagar o analizar; hasta que la identificas.

Esta acción rompe lazos, uniones, vínculos o alianzas con quien o quienes compartías tu confianza, pensamientos, acciones, secretos, comentarios y quizás muchas cosas más que generaban una entrega completa del ser que rodea la integridad de la persona. Es causante de dolor agudo, angustia, desmotivación, desilusión, desconfianza, entre otras cualidades que generan dolencia a tu alma, de tal modo que entras en disconformidad con tu espíritu y algunas veces si no pones freno, enferman tu cuerpo.

La traición es un riesgo inherente en la vida en comunión de las personas, no podemos eliminarla, estará siempre presente acechando la convivencia de las relaciones interpersonales, e incluso la individual propiamente, ya que tanto es el mal, cuando este se tiene, que el ser humano es capaz de traicionarse a sí mismo.

Dado que siempre estará inherente, lo que sí podemos hacer es mitigarla de manera que su impacto no cause extremos de dolencias, pero nadie escarmienta por cabeza ajena, diría mi abuelo, sabio es su decir, debido a que, para algunas personas, deben pasarles las cosas para que puedan entender que hay males reales, existentes, que están acechando constantemente y que lo único que se tiene que hacer, es estar atento; porque también es real que el mal no se esconde sino que normalmente está frente a ti, la diferencia está en la venda, que pueda tenerse en los ojos ante la suavidad y habilidad del trato que te da la persona sigilosa portadora de este mal.

También está el famoso refrán “quien se encuentre libre del mal, que tire la piedra”, frase construida de otro evento en la vida de Jesús expuesta en los evangelios y ajustada al diario vivir. La traición es como el virus portador por todo ser vivo, sin embargo, la persona es el ser más peligroso, portadora de este mal, debido a que tiene la acción, por naturaleza, del libre albedrío, por lo que puede causar daño con intención, en busca de aprovecharse de la confianza que otra persona le ha dado y/o compartido.

Ser objetivo, analítico, estratégico o razonado con las personas que te rodean no implica aprovecharse de ellas, y si eso sucediese, la acción por sí misma no sería vista como traición, si previamente se hubiesen expuesto y conversado la dirección de las acciones que enlazan sus particularidades de vida de cada una de las partes involucradas. Pero si una de las partes es consciente que sus acciones van hacia la construcción de su castillo, tomándose el atributo oportuno de nutrirse del conocimiento del otro, y solo tiene la intención de que mientras va extrayendo lo del otro, voy construyendo lo propio en agravio del que he llamado “amigo” o “hermano”, eso sí es un aprovechamiento ilícito, causante de inmoralidad y, por tanto, genera la traición y, con ello, la ofensa de quienes le dieron su confianza.

Ante una cualidad que siempre estará presente en nuestras vidas, como lo es la traición, solo queda estar atento a los síntomas que este mal genera, síntomas, que aunque silenciosos, sigilosos o habilidosos, el buen conocedor sabrá de sus actuares y mediante la observación, la indagación y análisis, identificará la máscara que tiene quien fomenta tal agravio. Así que, una vez identificada, la persona que tiene esta tendencia, de la traición, la cual enferma al cuerpo, alma y espíritu, más vale tenerla de lejos aun cuando eso implique perder algo muy apreciado, oportuno, estratégico o que consideres necesario.

Sin embargo, no todo es malo en la vida comunitaria de las personas porque también, siempre existirán aquellos que valoren la integridad y objetividad del buen hacer para con los demás. Somos valiosos y, por tanto, debemos ser cautos ante las acciones negativas que nos rodean, ser responsables de nuestros propios haceres y ser felices siempre sin menosprecio con nadie y cuidando nuestra integridad para que no sea dañada.


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