Opinión

La tecnología 5G: verdades y mitos

La denominación de 5G se refiere a la quinta generación de redes móviles que conocemos. Atrás quedó la antigua red de 1G, la de aquellos primeros teléfonos móviles que solo permitían hablar. La tecnología 2G introdujo los Servicios de Mensajes Cortos (SMS), y poco a poco nuestro smartphone se convirtió en una herramienta de comunicación cada vez más amplia. Primero se incorporó la conexión a Internet (3G) y después llegó la banda ancha (4G), lo que trajo consigo la reproducción de vídeos en tiempo real (streaming) o la realidad aumentada, algo a lo que ya estamos muy acostumbrados, pero que hace unos años eran completamente inviables.

Como todas las tecnologías de red inalámbrica que son “de última generación”, con 5G su teléfono tendrá una conexión más rápida: será unas 10 veces más veloz que 4G, según anticipan los expertos de la industria. Eso es suficiente para transmitir un video de «8K» o descargar una película 3D en 30 segundos. (En 4G, eso tomaría seis minutos).

Gracias a esta nueva tecnología podremos, por ejemplo, aumentar exponencialmente el número de dispositivos conectados. Vehículos, robots industriales, mobiliario urbano (badenes, calzada, paradas de autobús) o cualquier dispositivo electrónico que tengamos en casa (la alarma, la lavadora, la nevera o el robot aspirador) podrán conectarse y compartir información en tiempo real.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó la tecnología inalámbrica como cancerígena del nivel 2B, una catalogación muy genérica que, según la propia organización sanitaria, hace referencia a los compuestos «posiblemente carcinógenos para los seres humanos, esto es, cuando se considera que una asociación causal es creíble, pero el azar, los sesgos o los factores de confusión no pueden descartarse con una confianza razonable», una categoría en la que se incluyen sustancias que se tienen como poco nocivas, como el café.

Sin embargo, esta catalogación es muy genérica, pues también incluye otros productos como los pepinillos en vinagre, el café o el aloe vera, según el listado de agentes carcinógenos de la International Agency for Research on Cáncer. Para hacernos una mejor idea, las bebidas alcohólicas o las carnes que han sido procesadas, como salchichas o embutidos, están situadas en un riesgo mayor según esta lista.

El Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS) ha realizado un informe detallado con la evidencia científica que existe en relación con los efectos de 5G, en el que se advierte que “cabe esperar que los niveles de exposición previsibles no cambien significativamente y, en todo caso, no podrán superar los límites máximos permitidos que garantizan la salud pública respecto a emisiones electromagnéticas”. Mientras que la Unión Europea ha informado que la exposición a redes móviles es 50 veces inferior a los niveles que la evidencia científica internacional establece que pueden causar problemas de salud.

Uno de los mitos más desconcertantes sobre el 5G se centra en la creencia de que la COVID-19 es causada por redes móviles de próxima generación, y no por el coronavirus SARS-CoV-2. Algunas personas afirman que la tira de metal que llevan las mascarillas quirúrgicas es en realidad una antena 5G en lugar de una forma simple de hacer que la mascarilla se fije al puente de la nariz.

Algunas personas mal informadas incluso han acosado a trabajadores de telecomunicaciones y causado destrozos en antenas de 5G, creyéndolos responsables del virus que ha sacudido al mundo. No es de extrañar que no haya ninguna evidencia que indique que el 5G es responsable del coronavirus.

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