Opinión

La suspensión de la formación médica en Costa Rica: ¿una decisión no consensuada y con impacto negativo en la salud del país?

La Escuela de Medicina de la Universidad de Costa Rica (UCR) en reiteradas ocasiones se ha reconocido nacional e internacionalmente por la excelencia en la formación del recurso humano, tanto de grado como de posgrado, cumpliendo con las expectativas y necesidades del país.

Se debe tener presente que en este proceso de formación participan dos instituciones insignes que hacen la diferencia, como son la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y la Universidad de Costa Rica, las cuales, por medio de convenios históricos de colaboración, han contribuido a la obtención de los resultados que se evidencian en la calidad de la formación del recurso humano de salud. Calidad que precisamente se ha demostrado en la atención de la pandemia por la enfermedad COVID-19 en todas las etapas que hemos enfrentado en el país, en la lucha diaria para evitar una alta mortalidad de los pacientes.

Sin embargo, desde el inicio de la emergencia nacional, por decisión unilateral de las autoridades de la CCSS, se ha detenido la formación del recurso humano en el área clínica, por diferentes razones, entre ellas se ha argumentado el riesgo de contagio de los(as) estudiantes y el aumento de las personas infectadas por el SARS-CoV-2. Por esta decisión es claro el atraso en la formación de médicos especialistas en campos que son necesarios y urgentes para el país. Al respecto, la Universidad de Costa Rica, siempre ha insistido en que existe una amplia capacidad de formar el recurso que la CCSS requiere y con la calidad académica evidenciada, pero para esto lógicamente debe contar con la apertura de las plazas correspondientes por la institución hermana.

Agravando este escenario, este fin de semana con gran sorpresa para todas las personas que conformamos el grupo docente y estudiantil, en un momento prácticamente de alerta roja sanitaria, las autoridades de la CCSS suspenden nuevamente los bloques del internado, de forma súbita y con argumentos que aún no comprendemos. Esto deja fuera de la lucha que se está librando en el área hospitalaria a 600 futuros médicos que urgen en el país.

Los argumentos emitidos por los representantes de la CCSS son principalmente que los internos -que no son meramente estudiantes- pueden convertirse en vectores o transmisores de la enfermedad. Realmente, un argumento que nos deja con un sabor amargo, pues no contamos con el estudio epidemiológico y la evidencia científica de cómo las autoridades llegaron a esta conclusión. Debido a que según nuestros registros no tenemos reportes de estudiantes que hayan infectado o infectaran a pacientes, y lo sorprendente es que ya han colaborado y apoyado a todos los colegas en los hospitales, con la atención de pacientes de pediatría, ginecología, obstetricia y del primer nivel, a pesar de que hemos visto transformarse a estos centros en campos de batalla.

Durante este año, hemos luchado y solicitado a las instancias correspondientes que se   vacune a los internos, haciendo evidente lo importante que sería que estos futuros médicos cuenten ya con la inmunización adecuada y que aquellos que están a uno o dos bloques de graduarse puedan insertarse al mercado laboral con la inmunización.

El estudiante de internado es una persona que ya cuenta con un bachillerato académico en medicina, no es un estudiante que debe estar recibiendo clases teóricas, sino quien realiza una práctica supervisada. Es un recurso calificado que debe cumplir para garantizar que cuenta y tiene las competencias para ejercer en el país. En su formación también nos preocupa la necesidad que incluya dentro de sus conocimientos la atención y el manejo de la COVID-19, porque es en el ámbito clínico donde va a laborar y nuestro objeto de estudio y trabajo es el ser humano. El SARS-CoV-2 no va a desaparecer, el estudiante, el interno y el residente debe conocer todo lo relacionado con la COVID-19, pues ya es parte de la historia y de los temas de estudio de la medicina.

Estamos en momentos de emergencia sanitaria, y lo que se debe hacer es sumar y articular esfuerzos, no descartar recursos o tomar decisiones unilaterales con consecuencias negativas para el país, en el momento que más se requiere de recurso sanitario. Debemos unirnos, el sumar soldados para la lucha y no recargar más al recurso humano, que ya de por sí está agotado y con bajas sensibles en algunos casos. El aporte de los internos en estos meses ha sido ampliamente valorado y es importante tener en cuenta que, por no ser remunerado, este recurso no es de menor calidad. ¿En un momento de necesidad de recurso humano y situación económica ajustada no sería mejor el mantenerlos y no contratar personas que tal vez no tengan la experiencia que ya ellos han desarrollado?

La inversión que se está solicitando al Ministerio de Salud, y que es racional, es que se les incluya al menos en el grupo 3 para la vacunación, para que entonces, las autoridades reconsideren su decisión y pueda volver el grupo de internos a insertarse a los hospitales y áreas que los están requiriendo, permitiendo continuar y concluir con su formación, y a la vez apoyar en el quehacer diario de esta nueva realidad clínica en el país.

De esta forma, reiteramos nuestra responsabilidad y compromiso de formar al mejor profesional médico de cara a la realidad clínica y social del país. Sin embargo, es importante hacer ver el peligro que tiene la suspensión de la formación de este recurso, pues tanto en nuestro país como en otros, expertos han señalado este riesgo, y por este motivo los internos fueron incluidos dentro de los equipos de atención hospitalaria. El riesgo, a que se refieren es el de no contar con el personal sanitario requerido en mediano plazo, incluso ya en muchos países se considera el reintegro hasta de estudiantes en el área hospitalaria, en los diferentes niveles.

Considero que es importante un análisis urgente donde participen autoridades no solo de la CCSS, sino del Ministerio de Salud y de las instituciones formadoras del recurso humano, para que en conjunto se determine la reintegración de los internos, del estudiantado, en fin, el regreso al área clínica. Y de esta forma, detener las consecuencias negativas y graves que ya se proyectan para el país, por no poder contar con los profesionales de alta calidad que se necesita para la atención de la salud, tanto médicos generales como especialistas en múltiples áreas.

 

 

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