La resiliencia como concepto estoico

El concepto de resiliencia posee una función sobrevalorada en occidente.

El concepto de resiliencia posee una función sobrevalorada en occidente. Quizás se pueda aplicar a diferentes acontecimientos sociales en los cuales las personas se ven obligadas por diferentes eventos adversos a soportar y adaptarse a circunstancias de vulnerabilidad social. Sin embargo, es un término que se puede utilizar para hacer que las personas acepten su malestar como parte de sí mismos. Me atrevería a decir que el concepto de resiliencia como ha venido siendo utilizado en ocasiones en el campo “psi” es el estoicismo de nuestra modernidad.

El estoicismo plantea una ética y una moral, además de un sistema filosófico, pero me referiré al estilo de vida propuesto por el estoicismo para ocuparse del sufrimiento humano. Uno de los axiomas principales de los estoicos era el de aceptar el determinismo. Sí, es el determinismo que impone el destino de los dioses (en el mundo antiguo) como se ve en la obra Edipo Rey de Sófocles, en la cual por más que Edipo intentó escapar del destino vaticinado por el oráculo de Delfos siempre lo alcanzó; de ahí la tragedia planteada por Sófocles.

Los estoicos veían en los fenómenos sociales y sus circunstancias como algo natural como la forma de los árboles, de eso no se podía escapar. Quizás por eso el estoicismo fue adoptado por los esclavos. Por esa razón y como buen ejemplo de esa posición moral y ética, Epicteto vivió como esclavo por más de cuarenta años, siendo plenamente libre para filosofar y ser uno de los filósofos más reconocidos de esta corriente de pensamiento; según su doctrina estoica, la de soportar el destino o su malestar, que para ellos era algo del orden de la naturaleza que no podía ser modificada.

En diferentes psicoterapias se ha querido implantar la resiliencia como una finalidad de la intervención clínica y quizás existan algunos terapeutas, o en diferentes modelos, para nada novedosos como el coaching (que emulan modelos religiosos pentecostales) que ven en la resiliencia la mejor manera de resolver los problemas sociales y psicológicos de una persona. Estos proponen resistir y ser funcional a pesar de la situación en la que está viviendo, porque se entiende que ser resiliente es una virtud y un estado verdaderamente deseable para cualquier ser humano. Quizás en algunos casos donde hay algún trastorno orgánico a nivel del sistema nervioso este concepto sea útil para implementarlo como finalidad psicoterapéutica, pero no todo se puede solucionar con esta medida estoico resiliente. No todos los casos se solucionan con una misma y única posición teórica.

La resiliencia es un concepto de ingeniería que trata acerca de la fuerza de los materiales para doblarse y no quebrarse, para volver siempre a su posición de origen, para mantenerse en el mismo lugar, con lo cual es un concepto matemático. Es innegable la alusión que hace a la repetición, es un concepto que no promueve el cambio, solo la resistencia de un material que no sede ante otra fuerza que lo doble pero no puede romperlo o deformarlo, no cede a su forma original.

Por lo anteriormente expuesto, la resiliencia nunca podría ser un concepto psicoanalítico; aunque lo desarrollara un psicoanalista y luego de eso pasara a ser el caballo de batalla de la psicología positiva. La propuesta psicoanalítica va en la dirección contraria de este concepto. Su principal problema es que su propuesta es la de volver al mismo lugar, de ocupar la misma posición como una pera de boxeo, tipo Rocky Balboa, ser golpeado y permanecer en el mismo lugar en espera de más golpes. El psicoanálisis busca una pérdida subjetiva o la caída de un saber que desarticula una forma de estar ligado al otro. El estoicismo no es el de Espartaco que fue un esclavo que se reveló y cambió su posición, es el de Epicteto que no cambia su posición subjetiva y acepta el destino, el destino de su síntoma; su gran virtud es la de resistir y en su condición cosificada, ser, a veces, feliz.

En el campo psicoterapéutico, y no solo en el psicoanálisis, existe la propuesta de amigarse con el síntoma, de hacer que el paciente acepte su condición resilientemente, amigarse a la angustia, “un día a la vez”, para mañana estar angustiado de nuevo. La propuesta psicoanalítica sería la de pasar, ocupar otro lugar (pase) que es la solución, hacer que ya no se repita,. Con ello la aceptación del destino y la de mantenerse firme en el síntoma, pero con buena actitud, nunca permitiría un cambio de posición subjetiva, eso sería un impasse.

Quizás muchos trabajos queden fallidos por aferrarse a la resiliencia como finalidad. La pregunta sería: ¿y por qué habría que resistir en todo momento, porque el material no se puede quebrar o expandir contrario a las leyes matemáticas que se adoptaron en el concepto de resiliencia? Hago alusión a Rocky Balboa de nuevo, cuando en algunas de sus numerosas ediciones cinematográficas dijo: “si no gano, lo único que voy a demostrar es que sé resistir los golpes”. En el estoicismo y la resiliencia utilizados como recurso terapéutico no se resuelve nada, más que demostrar que se pueden resistir los golpes: soportar los embates de la angustia.

Tener como meta este concepto como resolución de un trabajo terapéutico limita el análisis de otras posibilidades; no así, entender lo que pasó y explorar más hipótesis y soluciones al problema. Quizás se confunda a alguien fuerte emocional y psicológicamente con alguien que sepa resistir las diversas repeticiones de su síntoma. Esto nos llevaría a otro tema que es el de la responsabilidad subjetiva, con lo cual, la pregunta que se impone es: ¿hasta dónde somos responsables? Esto último quizás esté en contra de lo que planteaba Sartre, quien decía que somos siempre responsables de todo y que hasta en la esclavitud más denigrante existía la libertad. Sí, hay que hacer algo con lo que hicieron de nosotros, pero, ¿en qué nos ayuda resistir sin solucionar, mejor aún, sin elaborar?

La propuesta del psicoanálisis (se esperaría) busca la resolución del caso, solucionar un problema y no simplemente resistirlo. Buscar aceptar el destino, amigarse con el síntoma, soportar y soportar para ocupar el mismo lugar no sería solucionar el problema, sería la consagración del eterno retorno, el sostenimiento del automatismo de repetición. En este sentido el psicoanálisis se vuelve subversivo, no se detiene en los finales aparentes y busca la caída de un saber fallido que sostiene y produce los vínculos, los pensamientos y los afectos del sujeto que sufre.


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