La política en tiempos de pandemia

Hace unas semanas, en este mismo periódico, afirmaba que el capitalismo digital era uno de los grandes ganadores mundiales de esta pandemia, la cual ha servido para acelerar la llamada cuarta revolución industrial. Sin embargo, pareciera que esta pandemia en Costa Rica ha trastocado también los cimientos de nuestra institucionalidad nacional y universitaria. La comparación [...]

Hace unas semanas, en este mismo periódico, afirmaba que el capitalismo digital era uno de los grandes ganadores mundiales de esta pandemia, la cual ha servido para acelerar la llamada cuarta revolución industrial. Sin embargo, pareciera que esta pandemia en Costa Rica ha trastocado también los cimientos de nuestra institucionalidad nacional y universitaria.

La comparación que hizo nuestro presidente Carlos Alvarado hace unos días entre nuestra actual situación y una guerra no es solo desafortunada sino bastante peligrosa. Especialmente para un país que no ha experimentado en carne propia desde hace más de un siglo lo que es una economía de guerra y que ha confiado desde hace décadas en las instituciones jurídicas y políticas para resolver sus problemas.

El pueblo costarricense ha sido educado para depositar su confianza en las instituciones democráticas, en su institucionalidad jurídica y legislativa. Ha sido educado para vivir bajo un Estado de Derecho y hoy se encuentra prácticamente desprotegido ante la solicitud que hace el mismo poder ejecutivo para suspender garantías y derechos que fueron adquiridos al amparo de un pacto social histórico, que hoy parece no importarle a nuestros gobernantes.

¿Dónde quedó la promesa del señor presidente de un gobierno de consenso? ¿Su promesa de considerar los diferentes actores sociales del país?. Al parecer hoy el único consenso que busca es el de su mismo gabinete con algunos pocos actores políticos y económicos. Más pareciera que su política económica sigue el refrán popular de “desvestir a un santo para vestir a otro”. Pero en esta crisis no solo pierden los desempleados sino que sufre también seriamente la institucionalidad del país.

Y también sufre a causa de la pandemia la institucionalidad de la universidad de Costa Rica cuando se continúa posponiendo la elección de Rectoría. La institucionalidad universitaria también debe cuidarse y aunque las actuales autoridades tengan buenas intenciones y puedan hacer un buen trabajo, no han sido elegidas por la comunidad universitaria. Es cierto que el Consejo universitario puso a un Rector interino “por la pandemia”, quien a su vez nombró vicerrectores (a) interinos por la “pandemia” y en la universidad como en el país, la pandemia se cita como la justificación irrefutable que marca el paso a seguir en todos los ámbitos. Pareciera que se le obedece y no se le combate.

Como simple votante me cuesta trabajo entender cómo puede resultar tan imposible convocar bajo protocolos estrictos de salud a una asamblea que no pasa de los 2 mil cuatrocientos miembros, cuando no todos votan en el mismo recinto y pueden ser distribuidos a distintas horas por apellidos u otros métodos. Igualmente me cuesta entender cómo la universidad tiene la capacidad para virtualizar en unos meses casi el 90% de sus cursos pero no es capaz de virtualizar una elección política. Como votante quisiera que en vez de informarnos que se pospone y se vuelve a posponer nos informaran qué se está haciendo para que no se siga posponiendo.

Cuando las decisiones se toman unilateralmente con base en las potestades de los que tienen el poder y no provienen de un diálogo auténtico o cuando se pretende gobernar por decreto, siempre hay muchas voces que no se quieren escuchar. Esta pandemia nos aleja cada vez más de nuestro camino democrático, no es solo un problema económico, fiscal o de salud, lo que está en juego no es solo la vida de personas contagiadas sino la vida institucional de Costa Rica.

Reflexionemos hoy conciudadanos (as) porque podría ser que mañana -bajo el amparo de la pandemia- nos quedemos sin derechos laborales, sin autonomía universitaria y con una Constitución irrespetada y vacía.

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