La paja del grano

El conocido “cementazo” está haciendo tanto ruido que se corre el peligro de que, al final de cuentas, no se oiga nada en claro.

El conocido “cementazo” está haciendo tanto ruido que se corre el peligro de que, al final de cuentas, no se oiga nada en claro. Por eso, es indispensable hacer un ejercicio para separar la paja del grano.

No puede perderse de vista, en primer lugar, los intereses en juego. Es cierto que un duopolio de empresas importadoras y comercializadoras del cemento ha controlado el negocio e impuesto los precios que les ha convenido, con exorbitantes ganancias y en perjuicio de los consumidores. El grano está en cambiar, para bien, esta situación y todo lo que se haga en esa dirección será correcto y beneficioso para el país y los compradores.

Es evidente, asimismo, que hay claros intereses por desacreditar la banca pública, en favor de una banca privada, que estaría por verse qué uso hace de los depósitos de los particulares y si estaría a salvo de la rapacidad y abuso de unos cuantos. Por supuesto con menos transparencia y menos controles de los que han salido a flote a propósito de los créditos otorgados por el Banco de Costa Rica.

La paja está en creer que cualquiera que se haya topado con el encantador de serpientes, haya almorzado o cenado con él, ha incurrido en tráfico de influencias o en actuaciones sancionables disciplinaria o penalmente. El grano estará en determinar si esos diputados, ministros, magistrados o la legión de influyentes, han actuado queriendo tener parte en el negocio, obtener algún beneficio -aunque no fuera necesariamente económico-, o han recibido favores, prebendas o comisiones a propósito de esas relaciones, a cambio de tejer la red que, en apariencia, prefigura una gran estafa al BCR. Indicios gravísimos son vacaciones pagadas, compra de boletos, viajes conjuntos… Ahí estará la posibilidad de deslindar lo que interesa de lo intrascendente. En este contexto, sigo dándole el beneficio de la duda al señor Presidente de la República, aunque, desgraciadamente, no podría decir lo mismo de personas en las que él ha depositado su confianza.

La paja está, asimismo, en tratar de pervertir las investigaciones que se hacen en la Asamblea Legislativa y la Corte Suprema de Justicia. Han sido evidentes, casi burdas, las maniobras para introducir otros casos ante la Comisión de la AL, estorbando la posibilidad de llegar hasta las últimas consecuencias en el tema del cemento. Una maniobra pajosa consistiría, en la CSJ,  intentar calmar a las graderías cortándole la cabeza al Fiscal General, para salvar al Magistrado mencionado en toda esta trama. O incluso cortársela también a este, obviando toda la podredumbre que se ha rebelado –he aquí el grano-  de magistrados haciendo lobby en la Asamblea a favor de algún amigo o amiga, con promesa de apoyo interno en caso de ser electos, -nos preguntamos a cambio de qué-, por parte del grupo que ha tomado el control de la Corte. En este tema, el grano está en determinar la existencia de redes de magistrados hermanados con algunos diputados para nombrar gente y, luego, confirmar la promoción de la atrofia en la investigación de casos de corrupción pública o privada y, en último término, el festín de desestimaciones. Se toca en este aspecto un nervio esencial de la división republicana de poderes, los controles que fiscales y jueces tienen que ejercer sobre el quehacer de políticos y toda autoridad pública. No se pueden hacer ni deber favores porque se castra y desvirtúa la esencia misma de los pesos y contrapesos de la sana división de poderes.

La deriva de este escándalo, que ya lleva más de tres días y que la ciudadanía no debería permitir languidecer en los pasillos burocráticos, presenta en los últimos días un rostro siniestro. ¿Sería paja peligrosa? Un grotesco anónimo señala, nada más y nada menos, supuestos vínculos mafiosos de dos magistrados de la Corte. El señor Presidente de esta, uno de los aludidos, declara públicamente que está siendo amenazado, a propósito de ese anónimo, y que esto se debe a sus actuaciones transparentes pidiendo a la Inspección Judicial que investigue al Fiscal General y el disciplinario abierto contra su compañero de Corte. Al momento de escribir estas líneas, tres días después de semejantes declaraciones, no conozco las reacciones esperables e indispensables de los aludidos pidiendo al señor Chinchilla que explicite si considera que las amenazas provienen de ellos. Un hecho realmente inexplicable.

En el abc de los manuales de espionaje o sabotaje social, está el expediente de meter ruido, confundir al público, denunciar hechos “gravísimos” fácilmente desvirtuables para pretender luego alegar que todo lo denunciado y acusado, aún con fundamento,  es falso. Si esa no es la realidad de este anónimo, habrá también que comprobar o desechar semejante señalamiento,  peligrosísimo por su contenido y alcance. El grano sigue consistiendo en no morder anzuelos ruidosos y desviantes. Lo que ha salido a propósito de la red de influencias en el “cementazo” debe seguirse investigando y aclarando en sus líneas fundamentales, con los implicados teniendo que dar explicaciones y valorándose qué conforma actuaciones meramente irregulares, o ya claramente indebidas o abiertamente ilícitas.

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