Opinión

La nueva censura

Lo que comenzó como una revolución social en la Web para reencontrarse con familiares y amigos de antaño, actualmente, se ha convertido en el juez de lo que es moral y correcto, ha creado una falsa atmósfera de cristal, y ha abusado de nuestra confianza e ingenuidad, para enriquecer a quienes están detrás de este millonario negocio.  En cuatro oportunidades distintas la todopoderosa red social, Facebook, ha bloqueado mi cuenta, pues me señala haber violado las normas y sus políticas de contenido.  En esta oportunidad fue por un mes, por haber escrito «negro», «chino» e «indio» en algunos de mis comentarios, los cuales fueron sacados de contexto para justificar la censura.

La comunicación ahora pasó a revolucionar la forma de informar.  La prensa y la radio de hace un par de décadas quitaban y ponían gobernantes empuñando la filosa espada editorial, de la que muchos han creído ser hasta ahora la Vox Dei, aunque  difundan diariamente melosas falsedades. Miles de personas en la actualidad pocas veces han tocado un periódico, pero ahora millones usan un celular en el cual leen centenares de ellos.

Australia hace unos días obligó a esta empresa a pagar por las noticias que incluyen en sus ventanas y en el buscador Google, cosa que han venido haciendo con centenares de medios de comunicación, quienes, tranquilamente, no pagan un cinco por publicar las noticias. Claramente vemos que a Facebook le preocupa sobremanera que le digamos “negro” a un afroamericano,  pero no aplican sus normas y principios con la misma rigurosidad,  para poder pagar el uso abusivo de contenido noticioso y que sus divinas normas no censuran.

Yo nací bajo el techo de la censura y es un hecho que a muchos periodistas les cegaron la vida para callarlos.  La extinta dictadura somocista usaba esta práctica para cubrir sus delitos, unos realizados por la represiva Guardia Nacional (GN) y otra empuñada por un ejército de máquinas de escribir, cargadas de veneno e igual de letales como las armas.  En la actualidad, cada gobierno tira cercos y alambradas para proteger a sus miembros, usando redes sociales o medios de comunicación para gritar entre otras cosas,  viles mentiras y censurando a quienes se las señalan. Quien no haya sufrido un acto de censura no sabe lo que es pararse frente a los dueños de la “verdad”.

El recordado periodista nicaragüense Pedro Joaquín Chamorro Cardenal dueño del periódico La Prensa,  nombrado por algunos como el Mártir de las Libertades Públicas, luego de que fuera asesinado en 1978 por denunciar la represión de aquel entonces, Chamorro dijo en una oportunidad que “…si usted quiere escribir lo que le da la gana, hágalo en su periódico…” dejando en claro que todo aquello que no era de su agrado, también tenía que pasar por el filo de la censura.  En aquel entonces  – como actualmente-  cualquier periodista que difería de la línea editorial, sufría la muerte profesional o silencio sepulcral, con la notable diferencia de que si es vetado o censurado en ese medio, tendrá ahora una decena de posibilidades para seguir opinando gracias a las más de 40 redes sociales que nos invaden en la actualidad.

En Costa Rica no nos quedamos atrás. El gobierno de Carlos Alvarado, odiado por muchos y amado por unos cuantos, se adelanta a la censura al ocultar y cerrar el cerco a la información, en la cual ya lo hemos visto escaparse por la puerta de atrás para evitar las consultas de la prensa y dar explicaciones sobre sus actos.

¿Cómo olvidar el escándalo causado por la escultura renacentista en 1501,  David, elaborada por Miguel Ángel con sus órganos reproductores al aire?  Inolvidable, como inolvidable la actitud en ese entonces de la Reina Victoria de Inglaterra, quien recibió una réplica de la obra, solo que censurada, pues era la misma escultura solo que con una hoja de parra que tapaba su miembro viril.

Esta vez las “hojas de parra” abundan como la maleza y se desarrollan en todas partes para tapar o descubrir lo que la nueva censura tiene entre manos.  Se visten de colores políticos, de grandes empresas de comunicación y de mortales anzuelos para callarnos o para leudar la masa, que es al final lo que a ellos les interesa.

 

 

 

 

Ir al contenido