La neurosis del Presidente

Habiendo retornado el agua a su cauce, después del huracancillo político que generó el acto de protesta que premeditadamente

Habiendo retornado el agua a su cauce, después del huracancillo político que generó el acto de protesta que premeditadamente tensaría las relaciones entre los gobiernos de Costa Rica y Brasil durante la última Asamblea General de Naciones Unidas, cuando el “presidente” de Brasil se aprestaba a pronunciar su discurso de estreno y el presidente Solís con su comitiva hacía abandono del recinto, ya podemos abordar apaciblemente el lado existencial de lo acaecido en Nueva York.

Los posibles efectos políticos y económicos derivados de los hechos ya han sido ventilados con pasión huracanada, tanto en los medios comerciales de desinformación como en la Asamblea Legislativa, pasando por el Semanario, las redes sociales y el ciudadano común. Aquí lo que nos ocupa es el contenido ideológico concatenado con la psiquis del poder.

Según el padre del psicoanálisis –Freud-, el cúmulo de sentimientos reprimidos (ideas, conflictos, pasiones, traumas) en el subconsciente humano, más temprano que tarde desemboca en crisis existencial conocida como “neurosis”. Y aunque el filósofo sustentara su teoría en  la manifestación explosiva de una forma de energía reproductiva de carácter biopsicológico –la líbido, cuya sublimación podría ser onírica, cultural o psicótica, nosotros trataremos de dar una  interpretación ético-ontológica al acto político enarbolado por el presidente Solís,  no tanto como producto de la realidad libidinal, sino como la posibilidad de que una forma de energía moral, reflejada en el ideario político del sujeto, también pueda acumularse freudianamente en el superego y sublimarse de manera intempestiva.

Como se dice que durante la crisis política que sacó del poder a Dilma Rousseff en nuestra hermana república del Brasil don Luis Guillermo no dijo “esta boca es mía”, es de esperar que un académico, historiador, politólogo y en su momento acérrimo enemigo del TLC, que además se vio favorecido con la confianza de muchos que lo hicimos Presidente, haya sumado en su fuero interno tal cantidad de deseos políticos de carácter “progre” (argot postmoderno) no sublimados por culpa del poder detrás del trono (y delante cuando el trono se comporta rebelde), el cual supera en energía las posibilidades de su sublimación, que en explosión neurótica, consultada y aparentemente tranquila (como dicen los jugadores de la Sele) –porque algunos de sus más cercanos colaboradores han sufrido de lo mismo- hayan asumido dos responsabilidades históricas bastante dignas para un mandatario criollo: manifestar repudio por el golpe “blando” que la derecha brasilera asestó a Rousseff haciendo abandono del salón de sesiones de la ONU y llevándose consigo a las cinco delegaciones de los hermanos países del ALBA, que en ese momento no contaban con un presidente que los comandara.

El acto de sublimación ideológica del 20 de setiembre de 2016 en la ONU deviene alivio onírico que en adelante permitirá a Solís evocar su endeble ideología de izquierda sin perturbar el sueño. Los pecados políticos que el Presidente acumule de aquí a que termine su administración podrían ser expiados mediante el otorgamiento del premio Nobel por haber descubierto la fórmula de la “neurosis política”.


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