La neuroespiritualidad

Si todas las culturas han tenido una interpretación dualista de la realidad y afirmado que consta de dos ámbitos

Si todas las culturas han tenido una interpretación dualista de la realidad y afirmado que consta de dos ámbitos (uno físico y otro espiritual, según estudiosos como C. Jung, J.Campbell y M. Eliade), entonces estamos ante algo transcultural, es decir, algo neurofisiológico (o el “punto” de dios en el cerebro). Dios/dioses sería/n una constante biológica de las civilizaciones.

Las constantes culturales serían un conjunto de modos de percepción preprogramados, de los cuales tenemos las pinturas rupestres; el símbolo “an” en la escritura cuneiforme para representar el cielo; la creencia en una vida más allá de la muerte (cielo, infierno, purgatorio, nirvana, Tártaro, Campos Elíseos, Hades, Sheol, etc.); el entierro y sus rituales; los rituales de iniciación (el Bar Mitzvah judío, la confirmación católica, el bautismo de adolescentes en la iglesia bautista, etc.); las formas de sacerdocio (rabino, chamán, sacerdote, yogui, etc.); darle status sagrado a objetos (reliquias, hostia y vino eucarístico, la pipa de la paz entre los aborígenes norteamericanos, etc.); en el contexto religioso, el sentimiento de culpa, etc. (M. Alper).

La razón de lo anterior se halla en el cerebro, específicamente en el sistema límbico (o cerebro emocional) debido a los efectos de la epilepsia del lóbulo temporal, y que neurólogos, neuropsicólogos, neurolingüistas y técnicos en magnetoencefalografía (por ejemplo, Francisco J. Rubia, Ramachandran, M. Persinger) hoy confirman cuando se estimula eléctrica o magnéticamente (a nivel transcraneal) las estructuras límbicas.

Cuando se hiperestimulan las estructuras del lóbulo temporal, las células se activan y, simultáneamente, se dan convulsiones, cuyas crisis pueden ser parciales simples (causando emociones intensas como el éxtasis místico u otras experiencias religiosas) o parciales complejas (que llevan al paciente a la inconsciencia de “automatismos”, como masticar sin razón, tocarse la ropa o rascarse).

Hay una colección de síntomas (síndrome de Gastaut-Geschwind) que caracterizan estos estados neuroespirituales: trastornos de la función sexual (generalmente hiposexualidad), conversiones religiosas súbitas, hiperreligiosidad, hipergrafía, preocupaciones filosóficas exageradas, irritabilidad y viscosidad (F. J. Rubia).

Comparativamente, estos síntomas coinciden con las experiencias místicas de todas las religiones. Probablemente padecieron esta enfermedad Teresa de Jesús (que, según su biografía, estuvo varios días en coma y cuando despertó tenía la lengua “hecha pedazos de mordida”). También forman parte de este grupo de pacientes con epilepsia Pablo de Tarso, Mahoma, Juana de Arco, Teresa de Lisieux, Joseph Smith. Hubo otros más conocidos con el padecimiento: F. Dostoievsky, Vincent van Gogh, etc.

Lo más interesante de esto es que si se estimulan magnéticamente a nivel transcraneal las estructuras límbicas del lóbulo temporal se pueden producir estas experiencias (con otros seres o experiencias espirituales y religiosas) en sujetos sanos, pero esas experiencias con seres espirituales son “siempre de su propia religión, nunca de otras religiones” (F.J. Rubia).

Por una parte, no hay un “alma” pues esta no es una hipótesis científica porque no puede ser comprobada (contrastada con los hechos) ni falseada. Por otra, visto neurocientíficamente, lo “sobrenatural” no es un mundo fuera de nosotros, sino un producto de la actividad de nuestro cerebro.

Más tolerancia entre los creyentes de las muchas religiones (que son construcciones sociales), porque la razón de ser de las religiones está fundada en la espiritualidad (o las

“experiencias supralímbicas”) y no viceversa.

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