La migración como fenómeno social

En el presente artículo se abordan discusiones con las prenociones —o nociones— desde el “sentido común”. Para ello

En el presente artículo se abordan discusiones con las prenociones —o nociones— desde el “sentido común”. Para ello, voy a escribir comentarios sobre acontecimientos o temáticas que me parecen importantes respecto del tema de las migraciones, que se dan por obvias o se ignoran; aunque ellas traen fuertes discusiones científicas y disciplinares. Sin embargo, no entraré en el afán de ser exhaustivo con mis argumentos y tampoco en la posición de que todos ellos son incuestionables.

De cualquier forma, empezaré por la historia del fenómeno en primer lugar, pues existe la creencia que la migración es un fenómeno “contemporáneo”, lo cual no es del todo cierto, pues como lo trataré de plantear, cada fenómeno migratorio ha tenido sus diferentes condiciones históricas que los diferencian. Pero sí hay que admitir que es gracias al fenómeno de la globalización y los diferentes conflictos políticos y militares que se potenció en el siglo XX.

El fenómeno migratorio ha estado presente a lo largo de la historia de la civilización humana, también conocida como “proceso de civilización”. Esto porque los primeros homínidos, tuvieron que migrar de tierra en tierra para poder alimentarse, hasta que empezaron a descubrir las técnicas y crear teorías sobre los cultivos, herramientas, los tiempos atmosféricos adecuados para las plantaciones, climas idóneos para cultivar, entre otros. En lo que a mí concierne, el fenómeno se ha caracterizado por buscar las mejores condiciones de subsistencia y producción material de confort (después lo retomaré en este texto), lo cual sigue sucediendo en nuestros días.

Por mencionar algunos ejemplos o evidencias de que el fenómeno ha estado presente a lo largo de la historia, podemos recordar que Israel entró a Egipto por alimento en tiempos de “vacas flacas”, también la migración masiva de españoles en la colonización de dicho país a lo largo de América en búsqueda de riqueza y territorios. Además, se pueden mencionar las guerras o los conflictos armados, pues el personal militar y armado —de alguno de los bandos— combate en otro país o sector del planeta por un tiempo determinado. En América latina, por los conflictos políticos que han ocurrido, se puede rastrear con mayor facilidad este fenómeno.

En segundo lugar, es importante hacer notar la construcción de la realidad social, pues en un sentido de conocimiento —o epistemológico— se podría decir que la migración también está presente en la nacionalidad y la creación de los Estados de derecho, así como en los límites geográficos que se estipularon por consenso mundial o por conflictos en los que algún ganador se quedó con esa “porción” de parcela. Esta,  a mi juicio, es quizá la más importante del fenómeno, la construcción de una identidad colectiva e individual que puede ser o no imaginada.

Sin embargo, esta “nacionalidad” está cargada de lo que la sociología le podría llamar “otredad”. La otredad es un concepto que se refiere a la construcción social de un grupo en específico o de un individuo, que se construye o configura como tal a partir de la negación de otro individuo o grupo como tal; incluso llegando en algunos casos a dejar la condición humana de este. Tal como sucedió y continúa pasando principalmente con poblaciones como la Indígenas, la afrodescendiente (con el racismo), los catalanes con los españoles, entre costarricenses y nicaragüenses, o como se mira desde Estados Unidos a América Latina y a algunos países del Medio Oriente, entre otras muchas.

En último lugar, pero no menos importante y sí mucho más reciente, se encuentra el trabajo que hacen las personas migrantes en el país adonde van. Ya que son sumamente maltratadas por los Gobiernos, los políticos de turno y la población civil en general. Esto debido a que en el país donde trabajan muchos lo hacen en condiciones irregulares o de explotación, les pagan menos de lo que estipula la ley o realizan actividades que ningún ciudadano del país quiere hacer debido a la poca legitimidad o esfuerzo, en contraste con su respectiva remuneración. De tal forma, contribuyen así a la economía y producción del país donde laboran. Aunque con ello benefician a la economía del país del cual es proveniente la persona migrante, pues inyecta divisas, lo cual estimula el consumo, así como también hace operar los tipos de cambio. A cambio, el migrante recibe discursos de odio, xenofobia, discriminación, sobreexplotación, deshumanización y culpabilización por las crisis, como ya se mencionó que hace la clase política.

Este escrito tiene algunas pretensiones intrínsecas en él y para el lector. Entre ellas están las siguientes: que la población conozca la parte histórica de los fenómenos de la migración, así como que pueda naturalizar o cambiar la perspectiva con la que se ve ese fenómeno. La otra es que se pueda tomar conciencia de la situación real que viven miles o millones de personas en el mundo cuando dejan sus hogares o naciones en busca de empleo, mejores condiciones socioeconómicas, o cuando se van por situaciones de guerras o políticas, conflictos armados, entre otras. Por último, que el lector comprenda que el Convenio entre la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) no es “riesgoso al sistema” y no “privilegia” a esta población por encima de las otras; por el contrario, asegura y garantiza que la nación cumpla con lo acordado en los Derechos Humanos.

SUSCRÍBASE A LA EDICIÓN SEMANAL EN FORMATO DIGITAL.Precio: ₡12.000 / añoPRECIO ESPECIAL

0 comments